El costo de no hacer nada vs hacerlo mal

AMLO 10 marzo 2020
Andrés Manuel López ObradorCortesía

El presidente no puede ignorar esta realidad. Concentrar las acciones en únicamente sus prioridades es hacerlo mal, es actuar con irresponsabilidad

Un gobierno que se precie de serlo se debe encargar, dentro del marco de la ley, de satisfacer las dos necesidades básicas de la población: seguridad y estabilidad.

Seguridad en la integridad física (incluyendo salud), en las pertenencias (incluyendo el espacio público) y en sus tratos; estabilidad organizando las leyes, infraestructura, la política fiscal y monetaria para que la sociedad pueda desempeñar sus actividades profesionales (económicas, educativas).

El gobierno sí debe hacerse cargo de garantizar la seguridad en todos sentidos, a la población.

El gobierno NO se encarga de generar empleos, ni de producir los bienes y servicios que sus habitantes necesitan. Se encarga de contribuir a organizar las cosas para que esta actividad primordialmente ciudadana, suceda de manera mejor, creciente y suficiente.

El gobierno en esencia debe vivir de los impuestos que pagan los ciudadanos y empresas, de la explotación de ciertos recursos naturales, al menos parcial o temporalmente y de participar en actividades económicas que de manera contundente logra la critalizacion de ventajas comparativas y competitivas que fortalecen el interés público.

Supongo que hasta aquí nadie en su santo juicio debería tener un desacuerdo intelectual honesto.

Claro, el diablo aparece en los detalles. Sobre todo cuando se argumenta en favor de tal o cual doctrina, de tal o cual proyecto político, de tal o cual interés particular.

Veamos:

1. El presidente argumenta que ahora todo el esfuerzo y dedicación del gobierno será para la atención de la economía popular y garantizar el cumplimiento de los programas sociales. Nadie puede discutirle que esa sea la prioridad.

2. El presidente dice que ahora no habrá rescates (cita el Fobaproa), que no habrá condonaciones de impuestos, que no permitirá que en la caída de la economía se beneficien los buitres de siempre. Nadie puede discutirle estos principios mediante los cuales pretende gestionar la crisis económica que ya ha iniciado.

3. El presidente no puede negar que los recursos para sus programas sociales provienen del presupuesto que le aprueba el Congreso y que se determina de acuerdo a los ingresos estimados para el siguiente año, los cuales provienen fundamentalmente de las actividades económicas, públicas y privadas, entre el gobierno y los agentes económicos (ciudadanos, empresas, nacionales y extranjeros, públicos y privados). Si no hay economía funcionando, el gobierno no tendrá ingresos. En el corto plazo el gobierno tiene el sartén por el mago; en el mediano plazo el gobierno se quedará sin sartén.

4. El presidente debe comprender que de lo que se trata esta emergencia es de que el ciclo de caja (liquidez) de la economía no se rompa, que no se genere un boquete del tamaño de un precipicio, se trata de tomar medidas para que con varias escaleras móviles, vayamos descendiendo a la nueva realidad económica de los agentes económicos, del país y del mundo. Es inevitable la caída, el chiste es saber caer. La idea es caer parados y no con las piernas y los brazos y la cabeza fracturados.

5. Si el presidente solamente apoya a los pobres, lo podrá hacer este año. Después ya no. Si inyecta liquidez y aplica políticas heterodoxas (entre muchas otras, como las que sugerí en mi anterior artículo), podrá no sólo seguir apoyando a los que menos tienen sino evitando una depresión económica de magnitudes nunca antes vistas.

6. El presidente debe comprender que nadie está sugiriendo dádivas o condonaciones, menos relajamiento en su convicción de austeridad y combate a la corrupción. Se le está pidiendo, porque él puede hacerlo, que utilice las herramientas de política monetaria y fiscal y le ayude al aparato productivo a dar el brinco de crisis. A no caer de golpe, sino poco a poco y estar sanos para levantarnos y reemprender el nuevo camino. Nada más, pero nada menos.

7. El presidente debe comprender que ignorar esta realidad y concentrar las acciones en únicamente sus prioridades es hacerlo mal, es actuar con irresponsabilidad; de igual manera, debe comprender que no hacer algo en favor del aparato productivo en los días que vienen, será tan costoso interna y externamente, que será muy difícil aprovechar las oportunidades en el rebote. No tendrá con quién aprovechar las oportunidades. Se irán a otro lado. Lo habrá hecho mal.

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