Joker: película fallida que defiende a los poderosos y condena la disidencia

Escena Joker
Escena JokerWarner Bros.

Esta película no es en el fondo anarquista, ni está a favor de la revuelta social

Que los espectadores de una película escriban su opinión en redes sociales no me parece un ejercicio criticable. ¡Qué bueno que lo hagan! Las ideas se formulan mejor cuando se escriben.

Ahora bien, que lo hagan sobre un éxito de taquilla, como “Joker”, mientras en la Ciudad de México los “anarcos” (esos guasones chilangos) amenazan cada marcha o manifestación urbana, significa que una película puede servirnos como referente para tratar de entender nuestra realidad social.

Sin embargo, esta película no es en el fondo anarquista, ni está a favor de la revuelta social, ni de las causas de los más desfavorecidos, ni es antisistema, como lo fue en su momento, aquella obra maestra titulada “Taxi Driver”. Contra lo opinión de la mayoría, yo pienso que “Joker” es una cinta descaradamente reaccionaria, que defiende al sistema y al gobierno, aunque lo hace con más sutileza y malicia que (por ejemplo), Rambo.

Van spoilers: el Joker se cree hijo de una supuesta acosada sexual. Pero no: el jefe millonario de la señora no la mancilló; ella se lo imaginó todo porque estaba bien loca. Los juniors que mata en el metro, cometieron el “delito” de arrojarle tres papas fritas a una pasajera. El gobierno tuvo que quitar algunos programas sociales de los que se beneficiaba el Joker como la psicología gratuita, aunque al final, ahí tenía el Joker a su terapeuta pública. Los “millonarios” de Ciudad Gótica no utilizan su tiempo libre en frivolidades: ven películas de Charles Chaplin, como “Tiempos Modernos”. Y encima lo hacen para recaudar fondos filantrópicos.

Al Joker no lo deforma el entorno social; ya traía fallas de origen que heredó de su señora madre. Cuando quiere debatir con el “presentador de televisión”, se desespera tanto de los argumentos tan sensatos de la estrella televisiva, que le descerraja un balazo en la frente.

O sea, este anarquista iracundo y acomplejado, fue capaz de matar a su propia madre y bailar en una escalera de barrio al ritmo de “Rock and Roll Part 2”, compuesta por Gary Glitter (confeso violador de tres niñas).

Al menos yo hubiera preferido ver una película donde la balanza no estuviera tan a favor de los poderosos, y tan en contra de los desposeídos. Y que el deterioro de una ciudad no fuera porque hay plaga de ratas (actualmente en París hay más roedores que en Ciudad Gótica) y porque hay grafiti en los vagones del metro. Una película verdaderamente anarquista, anti sistema y radical, es “Batman: The Dark Knight”, del (ese sí) gran director Christopher Nolan. Aquel Joker, interpretado magistralmente por Heath Ledger, sí era un complejo filósofo de la destrucción, un artista supremo del caos y no un simple enfermo mental que destila patetismo. Mejor aquella película que argumenta la disidencia social y el coraje popular y no esta que defiende por qué el antihéroe debería estar metido en un manicomio, con camisa de fuerza y jaula acolchonada.

Ya denle su Oscar a Joaquin Phoenix y a otra cosa mariposa. 

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