El Democrático. El discurso neoliberal permea a gobiernos y academia

El discurso neoliberal y toda su terminología, no limitado a lo económico, ha permeado al sector público y a la academia. Aunque eso no es nuevo, resulta poco alentador que el dogma neoliberal y muchas de las ideologías propias y apropiadas del discurso se hayan impuesto y permanezcan tanto en los gobiernos de la alternancia, como en los planes de estudio de las universidades.

Si bien los planes y las políticas de gobierno deberían ser objeto de estudio en el ámbito académico y de la investigación científica, ello no significa que tengan que apropiarse de un discurso político y una serie de prácticas pedagógicas y administrativas que exige la ideología, la mayoría de ellas de corte empresarial en su origen y su formato.

En el discurso neoliberal el Estado puede administrarse como una empresa, tanto así que ya es parte de una comunidad de empresas y gobiernos que son certificados en materia de calidad por otras instituciones internacionales político-empresariales, medición que en política puede resultar frecuentemente cuestionable, o si no, controvertida.

Pero es mucho más que eso. El capitalismo, no sólo en su versión neoliberal, reproduce una serie de estereotipos que abarcan el ámbito de la cultura, pero que permea lo político. En el ámbito de la cultura dominante, una muestra lo podrían ser los estantes de las librerías de Sanborns.

Libros sobre autoestima, superación personal, liderazgo, coaching, ocupan una buena sección. Junto con estos libros, y no por casualidad, podemos encontrar otra importante sección de lo que personalmente llamo la onda New Age. Libros sobre yoga, budismo, veganismo, todo tipo de filosofías profundas y antiguas, originarias o exóticas, pero de preferencia oriental. Literatura de templarios, crepúsculos y de gente que quiere ?llegar a la cima y más allá?. Todos ellos ocupan no sólo grandes estantes de dicho establecimiento mercantil, forman parte de las ideologías del status quo y no nos extrañe que algún funcionario en turno las retome dentro de sus planes de capacitación.

Ya en un ámbito más formal aparecen una serie de términos y conceptos, que si bien pudieron tener un origen en las más diversas ciencias, de la economía a la biología, hasta el nuevo paradigma ecológico, las han adecuado a las políticas neoliberales la mayor de las veces sin sustento legal o que no forman parte de un marco jurídico o de un sistema nacional de planeación de algún sector de la administración pública.

Se habla así de ?planeación estratégica?, de ?competetividad? e incluso ?sustentabilidad? como si fueran categorías que se lograran con exámenes de certificación de calidad. Conceptos que se tornan vacuos si se dan en un vacío legal o completamente ajenos al marco jurídico vigente.

En una ocasión le pregunté a un alto funcionario de uno de los gobiernos democráticos del DF, es decir, de esos gobiernos que ya fueron electos mediante el voto (y que hasta la fecha han sido de un solo partido), le pregunté sobre la vigencia jurídica de los planes para la ciudad y el funcionario me contestó que había tomado un curso de ?planeación estratégica? y que con ello se aprestaba a combatir los grandes problemas que enfrentaba una de las urbes más grandes del planeta.

Más allá de la anécdota, la respuesta habla de la enajenación (sic) en que se encuentra buena parte de los integrantes de la administración pública del país, pero resulta emblemático que el ejemplo haya surgido del gobierno ?alternativo? de la Ciudad de México. Esa enajenación sólo la remito al marco jurídico que un funcionario debe atender, pero creo que la anécdota ejemplifica el nivel de enajenación, ideológica, pero también política, que priva entre nuestros gobernantes.

Pero no sólo los gobiernos de la alternancia se han contaminado con una ideología que ya alcanza periodos transexenales, también los centros académicos, las universidades replican esta ideología en sus planes de estudio y en sus políticas institucionales. Me consta haber obtenido un diploma de la UNAM en el que la ?mercadotecnia urbana? era parte central de los contenidos. En dicho diplomado ?hacer ciudad? tiene su área de concentración, su especialidad, en nada más literal que ?vender ciudad?.

Hace casi 40 años la ciudad era conceptualizada como una máquina y una mercancía de la economía capitalista, era un medio de producción de un sistema económico injusto que tenía que ser superado. A la vuelta de los años la ?economía política? de la ciudad ha cambiado sustantivamente en las universidades, los estudiosos de la ciudad ahora están siendo formados para operar dicha maquinaria y pulir esa mercancía, para venderla. No obstante, me temo que su fecha de caducidad es cada vez más corta.

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