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Cuando la polarización trasciende lo político

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En el caso de México, un estudio con este enfoque resultaría novedoso.

El Pew Research Center, think tank sito en Washington D.C. publicó ayer un estudio relacionado con las preferencias electorales rumbo a los comicios en los Estados Unidos del próximo 3 de noviembre. El informe se centró no únicamente en las intenciones de voto de los entrevistados, sino en el círculo social y familiar de los votantes. El centro de estudios concluyó que la mayoría de los electores rara vez conocen, dentro de su círculo social y familiar, votantes que expresen simpatía por una opción política distinta.

Las conclusiones del Pew Research Center evidencian una profunda polarización política y social como nunca antes conocida en los Estados Unidos. En este contexto, un ejercicio similar conducido en México podría abonar sustancialmente al análisis de las implicaciones sociales de los estragos producidos por la polarización social.

En el caso de México, un estudio con este enfoque resultaría novedoso. A manera de especulación, me aventuraría a asegurar que pocos simpatizantes de Morena y del presidente López Obrador tienen familiares o amigos alineados con partidos como el PRI o el PAN. En contraste, pocos priistas o panistas cuentan en su círculo inmediato con partidarios de Morena o de sus partidos satélites.

La polarización política-social que vive nuestro país trasciende lo político, y alcanza la vida privada de los ciudadanos como las amistades y las familias. De ello se infiere que las preferencias electorales dependen progresivamente del estrato social, nivel de educación, profesión u oficio o zona de residencia.

Esta polarización nutriría el sistema democrático mexicano si existiesen partidos políticos que en verdad representasen la ideología de los votantes. En otras palabras, si las visiones políticas de los ciudadanos estuviesen legalmente representadas en las autoridades. Desafortunadamente, los intereses partidistas – y privados- de nuestros representantes han echado a un lado las convicciones fundacionales de las agrupaciones políticas. Échese un vistazo a los bochornosos actos en la Cámara de Diputados para alcanzar la Mesa Directiva: hechos que evidencian la ausencia de lealtad hacia los representados, o las alianzas electorales antinatura de 2018.

Hoy día el PRI no representa más la revolución institucional, ni el PAN la reacción nacional contra la hegemonía del partido único, ni el PRD los valores de la revolución democrática tras el giro a la derecha del PRI con el advenimiento de la corriente neoliberal. El Partido Verde, por su parte, es una aberración política y no representa nada ni nadie, y Morena no cuenta con firmes valores partidistas sino con el ideario demagógico promovido por su fundador e institucionalizado en la forma de una agrupación política.

El amplio abanico de visiones políticas y la polarización social en el seno familiar, en el centro de trabajo o en los círculos sociales debe traducirse en un debate público e informado. Sin embargo, para el buen funcionamiento de la democracia, deben existir opciones políticas que brinden presencia y voz a estas expresiones.