Las campañas de odio, mayo

Mayo está siendo complicado para el quehacer electoral y su sanidad.  A menos de 45 días para los comicios, el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, ha tenido infortunios consecutivos en sus eventos proselitistas.

 

Peña se ha quejado públicamente, en persona y a través de su coordinador de campaña Luis Videgaray, de la guerra sucia en su contra por parte los candidatos contrincantes, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador. El país es un medio muy hostil para la libertad de expresión, la libertad de prensa y la manifestación de inconformidades y protestas, de cualquier naturaleza que éstas sean, siempre lo ha sido. La ultraderecha panista ha calentado la plaza recientemente y ha venido convocando una marcha anti Enrique Peña Nieto y anti PRI, para este próximo sábado 19. En una jugada unilateral, ha convocado a todas las personas que no quieran que el PRI gane a manifestar su repudio. El PAN ha venido adornando sus discursos de campaña con un notable pacto con la izquierda partidista, sin encontrar réplica por parte de ésta, para no dejar la silla presidencial. Se ha regodeado, como lo hiciera en el 2000, con el utilitarismo de las clases políticas de oposición para su causa, y apuesta por la reconciliación con su propio órgano y la rehabilitación de sus frágiles, constantes y erróneas decisiones de campaña. Afortunadamente, para la sanidad política del país, a la izquierda partidista no han logrado seducirla y, si bien, no ha encontrado aun su emancipación como clase política de oposición y su filiación con las demás izquierdas, como tampoco la alineación de su discurso con los demás movimientos y organizaciones, no necesita una mano diestra, ni corromper sus principios

 

Es cierto, ni el PAN ni el PRD han recurrido a la violencia ni a la censura de la libertad de expresión en sus actos de proselitismo, al menos durante ésta campaña electoral, pero tampoco lo es que el PRI sea una víctima de estos dos, ni que la oposición esté sembrando un renuente oído hacía su estructura o su candidato, don Enrique Peña Nieto, no es para tanto.

 

La violencia se genera, a sí misma, con violencia. Ha sido el PRI quien ha respondido violentamente a cuestionamientos que nadie ha hecho y ha usado de sobremanera la fuerza pública cuando se le cuestiona, se ha anticipado con grupos de choque a posibles manifestaciones en su contra durante eventos proselitistas y ha mostrado una intolerancia familiar contra las comunidades estudiantiles y medios de comunicación.

 

Es importante que la derecha conservadora y la oposición de izquierda reduzcan su odio hacia el PRI y muestren más ánimos democráticos, porque así lo requiere el endeble y turbio sistema electoral, si es que quieren ganar lo comicios de Julio. El fanatismo y la necedad pueden sesgar los caminos a la silla presidencial aunque, como lo he expuesto antes, es vulgar, también, buscar la emancipación discursiva y dialéctica, y su condición de clase política para un día de elecciones solamente, pues si no rebasan ese paradigma perderán más que el ejecutivo.

 

El día 11 del corriente, en la Universidad Iberoamericana, Peña participó en un en intercambio de ideas  con la comunidad estudiantil; abordó frágil los cuestionamientos, apegado al discurso y sin los recursos suficientes que requería la ocasión, concluyó con un repunte de los indicadores sobresalientes de su estancia en el Estado de México. Al final, algunos estudiantes le reclamaron omitir lo sucedido en Atenco, aquellos días 3 y 4 de Mayo de 2006 y siendo Peña gobernador, cuando elementos de la Policía Federal Preventiva se enfrentaron a militantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de La Otra Campaña del EZLN, ejidatarios de San Salvador Atenco y habitantes de la localidad que se oponían a la construcción de un aeropuerto en esa zona. El saldo, tras barrer la carretera Texcoco-Lechería, fue de 290 personas heridas, 2 muertos, al menos 26 casos de tortura, abuso sexual y violaciones a mujeres, así como múltiples denuncias de detenciones arbitrarias, trato cruel, inhumano o degradante y allanamientos de morada, documentados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Para Wilfrido Robledo Madrid, entonces director del CISEN, el saldo fue limpio; Humberto Benítez, Secretario de Gobierno, reporta sólo 31 participantes detenidos. Con el evento concluido en el auditorio universitario, al menos en la agenda, Peña retomó la palabra, justificó la acción policiaca y defendió que se buscó recuperar el orden y la paz, luego, emprendió la huida tras abucheos. Minutos más tarde, Pedro Joaquín Coldwell, presidente del PRI y egresado de la Iberoamericana, condenó el acto de protesta y llamó intolerante e irrespetuosa a la comunidad universitaria.

 

Se suman los actos en Coahuila y Córdoba, los días 12 y 15 respectivamente, cuando seguidores del priísta, fácilmente identificables como grupos de acarreados de choque, enfrentaron con agresiones físicas y verbales a manifestantes con pancartas y panfletos en contra de Peña, durante actos públicos de su campaña. Luego, la Policía Municipal detuvo a algunas personas por agredir a la gente del PRI.

 

El odio, pues, no es una buena referencia para el desprecio del odio, y para su queja y acusación, ni la violencia tampoco. El PRI no necesariamente ha sabido expresar su debilidad política o la perdida de votos de su candidato con actos de represión. No reprimen porque estén débiles, al contrario, seguros de que la administración del poder político les pertenecerá, calman sus temores hacia quienes consideran una molestia, despabilándolos.

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