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Bora Milutinovic, el hombre que revolucionó el futbol mexicano, y de la CONCACAF

Bora MilutinovicOsvaldo Aguilar/Mexsport

Bora había cambiado, de una vez y para siempre, el nivel futbolístico, no sólo de México, sino que también de toda la CONCACAF.

Mucho se habla de un hecho que quedó cómo un estereotipo, el que el D.T., campeón del mundo con Argentina en el mundial celebrado en el país pampero en 1978, César Luis Menotti cambió la mentalidad del futbolista mexicano, marcando un parteaguas en el fútbol de nuestro país en su conjunto. Su fugaz paso por el tricolor (de 1991 a 1993) fue importante, sin duda, máxime considerando que México, en los hechos, no tuvo selección nacional de 1988 a 1991, por el tristísimo célebre caso de "los cachirules" y la dura suspensión impuesta por la FIFA.

Pero en realidad, el principalísimo personaje que cambió la mentalidad y los métodos en el balompié nacional es ni más ni menos que el serbio Velibor "Bora" Milutinovic, quien llegó cómo jugador al conjunto de la Universidad nacional en 1972, después de militar en conjuntos europeos de la extinta Yugoslavia, Suiza y Francia, jugando hasta su retiro en 1976, asumiendo la dirección técnica del Club auriazul en 1977, donde consiguió armar a un equipo de época, con dos subcampeonatos y por fin, el ansiado segundo título en la historia del cuadro del pedregal (temporada 1980 - 1981). En 1983, sabiendo que el campeonato mundial de 1986 se celebraría en México, tras la renuncia de Colombia a organizarlo, se designa a Bora cómo timonel nacional. De inmediato, organizó los esfuerzos del mundo futbolístico mexicano, para tener, ya no una actuación digna, sino una, por vez primera, donde México compitiera, fuera protagonista e incluso brillara; tras un intenso proceso de preparación, México tuvo la que es, a la fecha aún, su mejor participación en justas mundialistas, terminando invicto y en un nada despreciable sexto lugar, con tres victorias y dos empates, con seis goles a favor y sólo dos en contra; si se quedó afuera contra Alemania en Monterrey fue por otro tipo de circunstancias adversas, ya que quien vea ese partido se podrá dar cuenta que México lo dominó, de principio a fin, a pesar de las lesiones del Capitán Tomás Boy y del mejor futbolista mexicano de todos los tiempos, Hugo Sánchez, amén de varias jugadas cuestionables marcadas en contra por el árbitro colombiano Jesús Diaz Palacios, como un penal no sancionado sobre Hugo, y un gol anulado al recientemente ingresado por cambio, y consentido de la afición mexicana, Francisco Javier 'el abuelo' Cruz, además de que Javier Aguirre se hizo absurdamente expulsar. Eliminados en aquella triste serie de penales.

Tan es Milutinovic el gran artífice del salto de México en su deporte más popular, que los siguientes entrenadores que sucedieron a Menotti fueron sus auxiliares en México 86: Mario Velarde (QEPD) y el Doctor Miguel Mejía Barón, además de que, aún sin asistir México a Italia 90, buena parte del combinado siguió conformada por futbolistas participantes en dicho mundial. Con Mejía Barón, México consigue lo antes impensable, una espectacular actuación en la Copa América de 1993, celebrada en Ecuador, donde se fué cómo un simple invitado (por vez primera) y se llegó, ni más ni menos, que a la gran final, donde se perdió contra el Campeón defensor, y Campeón y subcampeón del mundo, la Argentina.

A partir del señor Milutinovic, quedaron atrás las humillantes goleadas, que si bien volvieron después de décadas, no fueron culpa de la mentalidad y el nivel futbolístico de México, sino de las demenciales decisiones en cuanto a estrategia, táctica y alineaciones de un D.T. colombiano, más charlatán que otra cosa, y que en un anterior paso por nuestro país, tenía la honrosa marca de haber hundido al Puebla en la tabla porcentual, dejando al club de la Angelópolis al borde del descenso, y con una muy mediocre actuación en Rusia 2018, donde una generación dorada tenía enfrente lo que se suponía sería su mundial.

No es casualidad que de los jugadores mexicanos del 86, varios ocuparon el cargo en el timón nacional, como Javier Aguirre y Hugo Sánchez, y otros muchos fueron o son exitosos Directores técnicos, Carlos de los Cobos, Fernando Quirarte, Luis Flores, Tomás Boy y otros. En fín, más que el debate en torno a las "escuelas lavolpista o lapuentista", la escuela por excelencia no es otra que la "borista".

La trayectoria y huella de Bora no se limita a nuestro país, sino que el cambio para bien se extiende a toda nuestra área o confederación de Centro, Norteamérica y el Caribe de fútbol, la CONCACAF; Milutinovic dirigió a Costa Rica en Italia 90, y contra todo pronóstico le ganó a Escocia y Suecia, calificando a la segunda ronda por primera vez en la historia; en USA 94 volvió a dirigir a una selección anfitriona, calificando a las barras y las estrellas a la segunda ronda, donde apenas (por la mínima diferencia) y perdieron con el que a la postre se alzaría con la copa: Brasil. Cómo se puede ver, atrás quedaron, a partir de Bora, las acostumbradas humillantes participaciones de los representativos de la CONCACAF en mundiales, que por cierto, no se han vuelto a repetir.

Velibor tuvo una segunda etapa con la selección mexicana, esto fue tras la salida de Mejía Barón, de 1995 a 1997, donde fue Campeón de la Copa Oro (CONCACAF) en 1996 y tercer lugar en la Copa América de Bolivia en 1997. Inesperadamente fue cesado, casi al final de la eliminatoria rumbo a Francia 98, cuando México llevaba un paso perfecto y en primer lugar. Injusto o no, su cese fue lo de menos, el cambio en la mentalidad y realidad del fútbol mexicano ya se había conseguido.

El buen y siempre querido Bora Milutinovic aún dirigiría en dos copas del mundo más: Nigeria en Francia 98, donde también logró clasificar a la segunda ronda, y después dirigió a China, donde consiguió, por primera, y a la fecha única calificación y participación del gigante asiático en una justa de esa importancia.

En fín, en 1997, cuando se da su cese, fue porque ya México no goleaba, con tremendos marcadores, a las demás selecciones del área, quizás lo que no ponderaron tanto los dirigentes, fue que era porque el mismo Bora había cambiado, de una vez y para siempre, el nivel futbolístico, no sólo de México, sino que también de toda la CONCACAF.