En unos cuantos días el Papa Benedicto XVI llegará a nuestro país. Sin lugar a dudas, su visita tiene la firme intención de reafirmar la influencia que tiene la Iglesia Católica Apostólica Romana entre los feligreses mexicanos. Para muchos, es una intentona más por propagar el conservadurismo en nuestro país y mantener el status quo.

 

Históricamente, el papel de la Iglesia Católica en Latinoamérica ha sido el de validar y justificar, a través de una interpretación de las escrituras, el dominio de los conquistadores sobre los conquistados. Sin embargo, en ciertos momentos históricos y desde la propia Iglesia Católica, han surgido movimientos por cambiar la situación de los oprimidos.

 

En los últimos años la Teología de la Liberación ha sido el movimiento religioso más importante surgido en el seno de la Iglesia Católica Latinoaméricana. Sus objetivos: construir una interpretación de los textos sagrados desde la visión de los oprimidos; y por lo tanto, mejorar las condiciones tanto espirituales como materiales de los más desamparados.

 

Los seguidores de la Teología de la Liberación cuestionaban las condiciones sociales de desigualdad en las que vivían los feligreses de los países de la región. La mayoría de los teólogos de la liberación trabajaba en las Iglesias ubicadas en las zonas más pobres: el barrio, la favela, la sierra, donde constataban las condiciones en la que vivían los más pobres.

 

La Teología de la Liberación, como movimiento teológico, social y político, empezó a cuestionar la estructura social y política de los países latinoamericanos, lo que resulto incomodo a las oligarquías. Los conflictos entre los teólogos de la liberación y las oligarquías latinoamericanas se fueron acrecentando, lo que obligo al Papa Juan Pablo II a encargar un estudio a la Congregación para el Estudio de la Fe, para revisar las bases religiosas de la Teología de la Liberación.

 

Como era de esperarse, la Congregación para el Estudio de la Fe descalificó el fundamento religioso de los teólogos de la liberación, cancelando toda posibilidad de construir las bases de una nueva Iglesia Católica basada en los principios de una sociedad más justa; de un mundo mejor; del reino de los cielos en la tierra.

 

En unos días, el prefecto de aquella Congregación para el Estudio de la Fe, responsable censurar a la Teología de la Liberación y por lo tanto; responsable de cancelar la esperanza de tener una Iglesia Católica cercana a los más desprotegidos visitará nuestro país. En unos días, Benedicto XVI estará con nosotros.