Nos falta barrio

Horacio Urbano
Y fue así que quedamos a medios chiles... Expuestos al crecimiento anárquico de las manchas urbanas.Internet

Nos falta y nos seguirá faltando barrio porque los planes locales de desarrollo urbano no ofrecen condiciones propicias ni para recuperar el tejido barrial que se está perdiendo, ni para construir nuevos entornos que recuperen las mayores virtudes de aquella vida urbana de las nostalgias.

Aquella en que todos los vecinos se conocían, la gente compraba en la tienda de la esquina y los niños paseaban en bicicleta o se iban al parque a corretear, jugar fut o echar novio.

Habrá quien diga que el barrio se está perdiendo como una consecuencia natural de la vida moderna... Pero no es así, porque sobran ejemplos de ciudades del mundo famosas por su calidad de vida urbana... Una calidad basada en gran medida en las extraordinarias experiencias que ofrecen sus barrios...

Es evidente que en México vivimos una crisis urbana, consecuencia directa de décadas de irresponsable falta de planeación y de haber apostado por un modelo de ciudad difusa que copiamos a Estados Unidos sin medir consecuencias.

Y fue así que quedamos a medios chiles... Expuestos al crecimiento anárquico de las manchas urbanas y sin contar al menos con las fortalezas de la economía estadounidense.

Ni hablar, fue un error tremendo apostar por parecernos más a Dallas que a Barcelona.

Y sin embargo, viviendo en un siglo marcado a fuego por el reposicionamiento del verdadero significado de la palabra ciudad, estamos dando los primeros pasos de un complejo proceso en busca de recuperar el rumbo urbano perdido.

Podríamos empezar por precisar qué es lo que no nos gusta de nuestras ciudades; la contaminación, el tráfico, la delincuencia, lo caro que están las viviendas, la falta de equidad e inclusión, así como de transporte, infraestructura, servicios y espacio público de calidad.

Y podríamos seguir precisando qué es lo que hace que ciudades como París, Londres o Viena sean en todos aspectos memorables, y claros ejemplos de lugares en que todo mundo quisiera vivir.

Son lugares que entretejen barrios, con extraordinario espacio público... Con sistemas de transporte eficientes...

Son ciudades diseñadas para la gente... Marcadas por barrios que mezclan usos y grupos sociales....

Porque habrá muchos indicadores para medir la calidad urbana, pero sin duda el mejor siempre será la eficiencia e integralidad de sus estructuras barriales... Teniendo como mejores parámetros cosas tan simples como la distancia que separa a un niño de un parque, una biblioteca, la peluquería o una tienda de helados... Siempre de la mano con la calidad del espacio que tiene que recorrer para llegar a ellos.

Es el barrio mis carnales... Esa máquina de eficiencia o ineficiencia urbana que define el grado de competitividad de una ciudad... Pero también el grado de felicidad de sus habitantes.

Y la contradicción aparece cuando teniendo un claro diagnóstico de qué es lo que no nos gusta y otro de cómo quisiéramos que fueran las cosas, la realidad es difícil de cambiar porque parece que los únicos que no se han dado cuenta son los gobiernos... pero sobre todo, los legisladores locales.

Porque sabiendo que lo que falló fue el modelo de ciudad dispersa y excluyente, es imposible apostar por un modelo de alta densidad sobre la base de usos mixtos, por la sencilla y contundente razón de que las regulaciones vigentes no lo permiten.

Sabemos que ciudad y ciudadanos serían muy beneficiados si se construyeran dinámicos comercios de barrio... pero la regulación no lo permite...

Sabemos que la densidad ayudaría a usar en forma más eficiente el suelo y abaratar la vivienda... pero la regulación no lo permite...

Sabemos que serían mucho más vivibles barrios en que los usos se mezclen... Con plantas bajas destinadas a todo tipo de comercios, para poner arriba de ellas varios pisos de viviendas y/o oficinas... Pero la regulación no lo permite...

¿La regulación está mal? ¿Y porque sencillamente no se cambia, si evidentemente sería lo más fácil?

Ahhh... Es que las agendas, prioridades y trabajos legislativos no están en el cajón de la lógica, sino en el de los intereses políticos de los partidos en que militan los legisladores.

La gente y la ciudad como sea... Que se chinguen... La apuesta política va por el camino de impedir trabajar a un alcalde que pertenezca a otro partido... O por el de usar objetivos legítimos como moneda de cambio para obtener cosas que van más en línea con los intereses del partido, así eso signifique congelar un nuevo Plan de Desarrollo Urbano, con tal lograr los amarres que sin duda les importaban más.

Las ciudades se construyen con base en políticas públicas traducidas en planeación, regulación, inversión en infraestructura, gestión de gobierno y participación ciudadana.

Claro que nos falta barrio... Y toca a gobiernos y legisladores locales definir si esa falta cada vez será mayor, o si por fin avanzaremos por el camino que conduce a la verdadera competitividad urbana

 

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