Vaya que la opinión pública en México fue implacable y corrosiva en su crítica negativa contra EPN y Donald Trump con motivo de su reciente encuentro en nuestro país. Dejaron a EPN como un hombre sin dignidad y un traidor a la patria que merece juicio político por permitir que el racista, xenófobo y no grato Donald Trump persistiera en humillar la dignidad de México y de todos los mexicanos. Fenómeno expresivo inédito por su intensidad emotiva, mas no por su objeto de interés. Lo cierto es que al menos la inquina de muchos mexicanos contra Donald Trump existe desde el inicio de las primarias en aquel país.

Pero ¿es cierto todo lo que se dijo de EPN y Trump? ¿La opinión pública hizo justicia a la verdad con estos dos personajes? Y lo más importante: ¿de verdad estamos los mexicanos en este caso buscando el respeto a la dignidad humana?...Bien, intentaré responder éstas y más interrogantes importantes centrándome en Donald Trump, y dejaré para el siguiente artículo a EPN. Pero como en todo este asunto se ha hecho un muy generoso uso de la "dignidad" como causa contra EPN y Donald, creo que es necesario hacer algunas aclaraciones sobre el significado de esta noción y sus consecuencias sobre la conducta humana. Si no tenemos claro esto, corremos el riesgo de seguir fallando en los juicios.

Sobre la dignidad y su sentimiento:

La dignidad es un valor intrínseco que no tiene equivalencias porque es superior a nuestro concepto de valor ordinario y relativo - precio, utilidad, etc. -, y que tiene sus principios en la razón práctica y, especialmente, en la segunda de sus fórmulas del imperativo categórico: Obra de manera tal que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de los otros, siempre como un fin y nunca solo como un medio. El hombre, además de dignidad, también posee conciencia de ésta, o sentimiento de dignidad, y gracias al cual cuida de su dignidad y la de los otros. Dado que el segundo imperativo presupone la existencia de la libertad en algún grado, entonces la dignidad consiste en la autonomía legislativa de la persona, es decir, en su capacidad de decidir qué ser y hacer atenido solo a leyes, normas o reglas instauradas o acordadas por él mismo. El segundo imperativo también deja claro que la moralidad es la condición de la autonomía legislativa o de la dignidad. Es por esto que el dominio de los instintos y las emociones a través de la fuerza moral constituye la libertad del espíritu que se expresa como dignidad en los actos humanos concretos.

La persona con dignidad efectiva, que se toma a pecho la dignidad, es moralmente responsable, tiene responsabilidad moral, la cual le permite sentir satisfacción al hacer el bien y sentir culpabilidad cuando causa males o daños a otros. Así pues, una persona con dignidad reconoce al menos dos cosas. PRIMERA: que debe respetar a las personas porque las asume como fines en sí mismos, como personas dotadas de una dignidad que no tiene precio, y no solo como medios al servicio de sus propósitos. SEGUNDA: que no hay ningún valor ordinario relativo - dinero, placer, bienestar, etc. - que justifique moralmente el sacrificio de ese valor intrínseco que es la dignidad, tanto en él como en los otros.

Aunque la persona jamás pierde su dignidad, sí que puede fallar a la hora de ponerla en acto por deficiencia o por exceso. Y la persona puede fallar en esto porque se hace víctima de sus emociones al grado de menguar su carácter y fuerza moral o de perder el equilibrio en su sentimiento de dignidad. La persona falla por deficiencia cuando accede a dejarse usar como simple medio o cosa por los otros. La persona falla por exceso cuando inflama su sentimiento de dignidad para luego pretender derechos excepcionales y arbitrarios, lo cual presupone que asume a los otros como cosas o simples medios.

Sobre los insultos de los mexicanos a la dignidad de los norteamericanos:

Según se dijo arriba, la persona con dignidad es moralmente responsable y, por ello, respeta a las personas, lo cual presupone que respeta el contenido biográfico que las personas deciden darle a su vida. Cuando hablamos de un grupo humano según nación, ese contenido biográfico de las personas incluye las leyes positivas que han acordado e instaurado democráticamente para el gobierno de su nación. Así pues, si los norteamericanos han acordado desde mucho tiempo atrás unas leyes de inmigración para su país, nosotros los mexicanos debemos respetar esas leyes si es que somos personas con dignidad, es decir, moralmente responsables. Pero aquí empiezan los problemas para nosotros porque sabemos que cada año cientos de miles de mexicanos intentan cruzar ilegalmente hacia los EUA. Esto constituye un insulto a la dignidad de los norteamericanos porque dicha conducta nos dice tácitamente que los mexicanos que intentan cruzar ilegalmente a EUA asumen a los yanquis, no como fines en sí mismos, no como personas con dignidad, sino solo como medios de su propósito arbitrario: cruzar a los EUA ilegalmente. Y el insulto se verifica solo con el intento de cruce ilegal, se logre o no. Pero además, los que no intentamos cruzar ilegalmente a EUA pero alentamos emocionalmente esta conducta ilegal estamos también lesionando la dignidad de los norteamericanos.

Ahora bien, sería absurdo buscar justificaciones en este asunto con el fin de diluir nuestros insultos a la dignidad de los norteamericanos en la nada. El insulto a la dignidad de los norteamericanos existe con cada intento de entrada ilegal a su país, y ningún pretexto sirve aquí para anularlo, llámese pobreza, falta de empleo o bajos salarios en México, aspiraciones a la mejora, las ganancias de algunos norteamericanos con el empleo de los ilegales, o lo que sea, por lo que ya se dijo arriba: si somos personas con dignidad, si nos tomamos a pecho a la dignidad, luego reconocemos que ningún valor ordinario y relativo - dinero, bienestar personal, placer, etc. - justifica moralmente el sacrifico de nuestra dignidad o la dignidad de las otras personas.

Los mexicanos caímos y hemos persistido en este lamentable error porque en algún momento de nuestro remoto pasado incurrimos en un exceso de dignidad que nos confirió el derecho arbitrario para cruzar ilegalmente a los EUA. Y tal exceso de dignidad nos despojó del sentido de responsabilidad moral en este tema, de tal forma que ya perdimos conciencia en torno al hecho de que cada cruce ilegal de la frontera es un insulto a la dignidad de los yanquis que se constituye en sus leyes de inmigración. En llano, y por efecto de ese exceso de dignidad, ya no nos importa lo que ellos quieran para su nación, porque solo nos importa lo que nosotros queremos de EUA, y punto.

Hemos llegado a tales excesos en esto que nos hemos creado un subrogado de cultura a partir de prejuicios en el tema y que se hacen verdad solo por el voto emocional de la aplastante mayoría. Esta cultura del inmigrante ilegal nos ha resultado muy útil para camuflar nuestro derecho arbitrario a cruzar ilegalmente a los EUA con el disfraz de un "bien hacer" al que se le confiere, además de virtudes, un honor. En efecto, porque para nosotros, y según ordenan los clichés de esa mala cultura, el inmigrante ilegal no es ya la persona que insulta la dignidad de los norteamericanos con cada cruce ilegal, sino la persona que merece honor, consideración y alta estima, solo por tener las "virtudes" necesarias para intentar cruzar ilegalmente a los EUA confrontando las duras hostilidades de la naturaleza y la Border Patrol. Y por supuesto que en la formación de esta mala cultura han colaborado mucho los gobiernos de ambos países con su laxitud en el control de la frontera común, pero donde los políticos mexicanos se llevan la palma de la más sonada victoria.

Difícil mensurar la cantidad de veces que hemos insultado a los yanquis con esto. Necesitaríamos contra a todos los mexicanos que han intentado cruzar ilegalmente a EUA, lo hayan logrado o no, y desde que se instituyeron las leyes de inmigración en aquel país desde principios del siglo XX. Pero un sencillo ejercicio de imaginación nos permite suponer que la cifra andaría en las centenas de millones de insultos.

Lo que ha dicho Donald Trump sobre los mexicanos:

El 16 de junio de 2015 Donald lanzó un discurso donde anunció que contendería por la presidencia de los EUA. El discurso contenía la siguiente expresión que se ha convertido en manantial de muchas controversias, simulaciones de la verdad, mentiras y malas interpretaciones. Dijo Donald lo siguiente: "Cuando México envía a su gente no manda a los mejores...Envían a gente con muchos problemas, y están trayendo esos problemas con nosotros. Traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Algunos, asumo, son buenas personas". Los medios tradicionales en EUA han vuelto a la carga varias veces preguntándole a Donald sobre el significado de esta expresión, y él se mantiene firme en lo mismo: los inmigrantes mexicanos traen problemas a EUA, como el crimen, narcotráfico, violaciones, etc., y las "buenas personas" entre ellos son los que entran legalmente a nuestro país y respetan sus leyes. Por supuesto que se trata de expresiones muy desafortunadas de Donald, como veremos enseguida.

¿Qué nos dijo Donald con todo esto? Trataré de dar respuestas a esto, pero siendo tan exacto como lo permita la misma expresión. Según dijo Donald, entre los inmigrantes mexicanos hay malas personas - lo dice tácitamente - y buenas personas. Lo único que nos permite decir su expresión en torno a la magnitud de los dos grupos, es que son más las "malas personas" porque el término "algunos" que usa en el caso de las "buenas personas" indica moderación. Tratándose de un discurso, es claro que Donald apeló solo a los tres problemas más graves que, en su opinión, hay en esas "malas personas". Ahora bien, si Donald y los muchos yanquis que piensan como él consideran que entre los inmigrantes mexicanos son mayoría las "malas personas", es porque consideran a la inmigración ilegal como un crimen, no como una falta administrativa. Pero vale aclarar que esto de criminalizar a la inmigración ilegal en EUA no es obra de Donald porque desde hace años hay una tendencia en aquel país, y donde son mayoría los republicanos y conservadores, a categorizar la entrada ilegal a EUA como un crimen, no como una falta administrativa. Dieciocho estados en aquel país han legislado para criminalizar a la inmigración ilegal o han estado en intenso debate en el tema. Incluso el gobierno federal de los EUA ya considera un crimen el entrar a ese país ilegalmente varias veces o cuando reingresas ilegalmente luego de haber sido deportado.

En cuanto a los otros problemas que ha mencionado en varios discursos - narcotraficantes, violadores, padres con niños anclas, etc. - no sabemos si incurrió en una simulación de la verdad porque las expresiones han sido indeterminadas en cantidad.

Ya conocemos las partes de mayor interés para nosotros en el programa de inmigración de Donald: restricción a las cuotas de inmigración, cambios de criterios de admisión de inmigrantes desde los lazos familiares a criterios de eficiencia, enforcement law, deportación de ilegales, construcción de un muro fronterizo. Si nos atenemos a lo que se ha dicho en el discurso oficial y a los contenidos, queda claro que el propósito de este programa de inmigración es promover la mejora en la calidad de vida de los ciudadanos norteamericanos, y especialmente en el apartado de la economía de las familias norteamericanas. Donald y sus adherentes creen que la restricción y control a la inmigración colaborará en la mejora en los ingresos de los trabajadores norteamericanos y en la disminución en la presión fiscal. Por el momento no se trata de indagar si tienen razón en esto o no. Eso sería tema para otro artículo. Y no debemos pensar que Donald y sus adherentes son una minoría en esto. Lo cierto es que una mayoría de norteamericanos creen que es necesario un programa para la restricción de la inmigración. De acuerdo a Gallup, por ejemplo, el 60 % de los norteamericanos desean al menos una disminución de la inmigración - en 2008, en la cima de la crisis, ese porcentaje era del 72 % -. De acuerdo a Pew Research Center, el 69 % de los norteamericanos desea restricción y control a la inmigración. Y lo más importante aquí es lo siguiente: mientras las leyes de inmigración en EUA persistan al menos como están, debemos concluir que los norteamericanos asumen como verdad acordada que el cruce ilegal de sus fronteras ofende a las leyes de su país y a su dignidad como personas.

Las mentiras y las simulaciones de la verdad sobre Donald Trump:

Como ya queda claro, es una gran exageración decir que Donald ofendió la dignidad de todos los mexicanos. Lo cierto es que Donald ofendió a los inmigrantes mexicanos ilegales al criminalizarlos, y a una mayoría de inmigrantes mexicanos - incluyendo a los ilegales - al calificarlos tácitamente como: "malas personas", que es una etiqueta negativa que no merecen. Pero estas ofensas no son coextensivas, de manera tal que no es legítimo afirmar que al ofender a esos grupos sociales especiales ofendió a todos los mexicanos. Por otro lado, el programa de inmigración de Donald es legítimo en su país y no ofende nuestra dignidad, a menos que persista nuestro derecho arbitrario para cruzar ilegalmente a EUA.

El posible muro fronterizo tampoco es una ofensa a la dignidad de los mexicanos. El famoso muro es solo el lamentable resultado de una historia binacional donde nosotros los mexicanos no hemos sido capaces de garantizar a los norteamericanos el respeto a la parte de su dignidad inscrita en sus leyes de inmigración. Sinceramente, creo que este asunto del muro, antes que indignarnos, debería invitarnos a un sincero examen de nuestra actitud en este asunto. Tal vez con eso reconozcamos nuestros errores y recobremos el equilibrio en el sentimiento de dignidad.

Mentira que Donald haya insultando nuestra dignidad nacional. Sus programas son legítimos en su país y no pretenden lesionar nuestra autonomía de gobierno. Tampoco sus discursos hacen mención a algún afán intrusivo con México. Y si dichos programas pueden reportarnos costos con alta probabilidad si él gana la elección, no es culpa de los yanquis ni de Donald, es culpa de nosotros por descuidarnos en el buen gobierno de nuestro país. Bien lo dijo Donald hace días: "Compito para presidente de los EUA, no para presidente del mundo".

Es también una mentira que Donald haya mostrado actitudes racistas o xenofóbicas con los inmigrantes. A saber, Donald jamás ha postulado que los inmigrantes mexicanos ilegales deban ser expulsados de EUA solo por ser parte de una cultura diferente o de una antirraza mexicana.

Conclusiones:

Creo que ya queda claro que las críticas negativas de la opinión pública mexicana contra Donald Trump son una mezcla de simulaciones de la verdad y otro tanto de mentiras en redondo. Por otro lado, el balance de las ofensas a la dignidad en este tema no es nada bueno para nosotros. Han sido más los insultos de nosotros hacia la dignidad de los yanquis, que los insultos de ellos a nuestra dignidad. Pero lo que más grava en nuestra contra en este balance es que nosotros somos la raíz del problema. Esto es así porque nuestra libertad está presupuesta, de tal forma que siempre estamos facultados para elegir entre cruzar o no la frontera ilegalmente. Y como hemos visto, y por efecto de un exceso de dignidad, hemos acordado por mayoría aplastante a favor del derecho arbitrario del cruce ilegal hacia EUA, con su consecuente insulto a la dignidad de los norteamericanos. Y para colmo de males, decidimos camuflar ese "mal hacer" con el disfraz de un supuesto "bien hacer", pero que no es sino otro producto más de nuestro derecho arbitrario.  

En estas circunstancias, es inútil pretender lo que pide la opinión pública: una disculpa de Donald Trump. Y es inútil porque no vamos a llegar a ningún resultado por lo siguiente. Por un lado, los mexicanos quieren una disculpa de Donald pero sin atreverse a abandonar su exceso de dignidad y su consiguiente derecho arbitrario. Pero además, los mexicanos exigen que EUA no ponga un muro porque esto le complicaría a muchos mexicanos la puesta en vías de hechos de su derecho arbitrario al cruce ilegal hacia EUA. Y por el otro lado, Donald no puede ofrecer una disculpa por cuanto eso significaría endosar una humillación más a los muchos norteamericanos que ya se sienten humillados por el fenómeno de la inmigración ilegal. Evidentemente, estamos en un callejón sin salida.

Pero es ya una completa absurdidad pretender lo que exigen muchos políticos y opinadores de este país: una disculpa a la fuerza de Donald. Absurdo porque con esto pasamos a una confrontación de fuerzas arbitrarias, a un duelo de poder por el honor, donde la dignidad ha muerto porque el otro ya solo es un medio para lavar nuestra honra. Y desde luego que se trataría de un juego peligroso porque la experiencia nos ha demostrado que nuestra desgastada noción del honor - prejuiciosa respetabilidad - muy a menudo detona conflictos muy trágicos en las relaciones entre los individuos y entre las naciones. Y para medir el peligro de esta convocatoria al duelo de fuerza por el honor, solo imagine a un Donald Trump como presidente de EUA, dotado con el poder casi omnímodo de ese país. Vaya estupidez de propuesta de algunos mexicanos.

La única solución legítima y eficaz en este asunto es la dignidad misma, porque la única disculpa que vale es aquella que deviene del reconocimiento sincero de una falta y de la voluntad de reparar. Pero el hombre con dignidad se exige a tomar la iniciativa en la reparación de daños cuando sabe que él ha detonado algún altercado. Así pues, si queremos que Donald presente su más sincera disculpa, tomemos la iniciativa reconociendo con sinceridad nuestros errores y abandonado nuestro derecho arbitrario a cruzar ilegalmente la frontera. Pero casi garantizado que nunca obtendremos una disculpa sincera de Donald y sus adherentes mientras no tomemos la iniciativa.

Si lo que he apuntado parece excesivo, es culpa de la dignidad y su sentido de responsabilidad moral. Así son sus exigencias de duras. Si en esto hemos tomado a la dignidad como razón, como causa, entonces debemos ajustarnos a las consecuencias de esas exigencias sobre la conducta humana. Pero si no queremos constreñirnos a ellas entonces renunciemos a la dignidad como causa y tomemos una de dos rutas posibles: o pasemos al peligroso duelo de fuerzas con Donald Trump y el Republicano, o no nos quejemos más de los insultos que nos llegan desde los vecinos del norte por sostenernos en nuestro derecho arbitrario para cruzar ilegalmente a EUA.

Y eso es todo.

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