“Viviremos el pirata y el puerto, yo para ti, tú para mí”

Oswald de Andrade

“Son unos viejos pescadores.
 Pescan su propia soledad.
 Dialogan sólo con el agua 
¿qué cosa el agua les dirá?
 Disuelto atrás de su mirar, 
nos mira fijo el Más Allá 
como un sutil molusco en celo.
 Mi río grande como un mar, 
¿qué duro enigma guardarán
los pescadores del misterio?”

Astor Piazzolla / Horacio Ferrer

José López Portillo, en su último informe de gobierno, un aciago primero de septiembre de 1982, inició un sisma del cual aún se guardan resquemores. Con la frase “¡Ya nos saquearon!… no nos volverán a saquear” anunció la expropiación bancaria y con ello devino un caos económico y financiero que tardó más de 18 años en sanar.

Culpó a los banqueros de su pésima gestión en muchos frentes (particularmente el económico) y anunció una nacionalización bancaria, lo cual era en sí misma incongruente, pues los bancos eran nacionales en ese momento...

El peso sufrió una devaluación demencial ante el dólar y la inflación se tornó galopante. Lo bueno es que según él ‘defendería el peso como un perro’.

Casi 40 años después, tenemos un populista que emula a JOLOPO. Quiere aparentar tener la misma cultura del primero, cree en el petróleo y según él también habla con la tierra (López Portillo decía escuchar las voces del mar y de la luna).

Las diferencias es que JOLOPO retomó —en lugar de romper— las relaciones diplomáticas con España y que durante su régimen se pagaba mucho por el petróleo (por ello, ante el desplome de los precios del crudo y la pésima gestión del dinero —cuando lo hubo—, la gran crisis económica).

Su frase “administraremos la riqueza” se volvió en una burla hacia todos los mexicanos y el “no nos volverán a saquear” el sinónimo de que él nos había destrozado la esperanza y los ahorros de millones de personas.

Hoy en día, además de los problemas económicos que se tienen por empecinarse en mantener a Pemex como puntual de la economía, hay una amenaza que ya dio una probadita de los altos costos que podría significar.

De esta, el menor de los males: a más de un gobernador ya le hackearon su WhatsApp; el último en caer presa fue Poncho Durazo, el ex secretario de… Seguridad Pública. Afortunadamente no tuvo mayores consecuencias.

Un hackeo que podemos sufrir todos, cierto. A este tipo de sabotajes y fechorías estamos expuestos como individuos, mas también las empresas, los bancos, los sistemas financieros, las sociedades y los gobiernos.

Por ello existen programas informáticos para evitar estos hackeos y poder resguardar la información de esquemas se saqueo y piratería. Se sabe de la necesidad de proteger los sistemas y máxime cuando la falla o el robo en los mismos pueden poner en jaque, por ejemplo, centrales eléctricas, información del Banco de México y la producción o el transporte de combustibles.

En México, cortesía de la “austeridad” de la 4T, ya se han tenido problemas en este sentido en Pemex, en el IFAI, en la Lotería Nacional y hasta en Bancomext. En el caso de la Lotería, los atacantes liberaron un software para que se pudiera desencriptar la información de la dependencia; se desconoce si la LOTENAL pagó ante el chantaje del que era objeto y, en caso de hacerlo, de cuánto fue el rescate.

En diversas dependencias gubernamentales o se está eligiendo al proveedor más barato o simplemente no se entiende la ciberseguridad y no se contempla ningún presupuesto para blindar la información. La austeridad mal instrumentada ha dejado sin ningún tipo de protección a diversos sistemas que resguardan datos personales, financieros y hasta —allí sí— de seguridad nacional. Con ello pone en riesgo muchas actividades vitales del país.

Tan sencillo como que la CFE pierda la gestión de cobros por un ataque cibernético. De acuerdo con una auditoría interna, esto implica el cobro a 44.7 millones de usuarios que tan solo en el 2020 facturaron más de 500 millones de pesos. La misma Comisión señala que no está preparada para afrontar una contingencia si fuera hackeado el SICOM (Sistema Comercial de la CFE); tomando en cuenta que los cobros son bimestrales, en un bimestre podrían llevarse más de 83 millones de pesos.

Hagamos el mismo ejercicio si el hackeo fuera para suspender el suministro de energía a una determinada zona o ciudad del país. ¿Cuánto se tendría que pagar para recuperar el suministro?, ¿cuál sería el costo por la falta de la electricidad en empresas, hospitales (costo en vidas humanas) y en los mismos hogares?

El problema se multiplica si se piensa en los sistemas operadores de agua o el de manejo de datos, información sensible. El no querer entender la importancia de la ciberseguridad, de la conectividad, de la realidad en la era moderna en la que vivimos es insistir ser un dinosaurio que solo está condenado a extinguirse. El asunto es que los costos los pagaremos todos nosotros como población.

El gobierno de la 4T no ha realizado una evaluación de los riesgos en ninguna institución, ni qué pasaría si se sufriese un ciberataque o si ocurriera un hackeo a nivel nacional. Obviamente tampoco se tiene una estrategia de mitigación ni de contingencia. No se diga una propuesta integral de defensa en contra de los hackeos.

Seguramente, del próximo ciberataque se culpará a Felipe Calderón; ya sabemos que es el villano favorito del lopezobradorismo. Sin embargo, más allá de la obsesión de Palacio con el panista, es muy probable que pronto oigamos que otra institución del Estado ha sido hackeada y se culpará a quien sea necesario, pero no se aceptará que sucedió por la austeridad cuatroteísta.

Triste: ya podemos imaginarnos al más puro estilo de López Portillo: “ya nos hackearon; no nos volverán a hackear.”