LA POLÍTICA ES DE BRONCE
¡Órale!... Ernestina Godoy, la fiscal general de la República, se aventó el boleto de procesar al exfiscal de Chihuahua César Jáuregui por traición a la patria. La palabra “traición” y la palabra “patria” juntas tienen un profundo sentido histórico y jurídico. Cuenta la leyenda que Judas traicionó a Jesús, pero Pedro lo negó tres veces antes de que cantara el gallo. En el infierno de Dante, el último círculo está reservado para los traidores.
En el siglo XIX, Agustín de Iturbide fue acusado de traición a la patria y fusilado; lo mismo que Antonio Mejía y Miguel Miramón. En el siglo XX, Felipe Ángeles fue juzgado y fusilado por traición a la patria durante el mandato y por orden de Venustiano Carranza. El miedo no anda en burro.
En el México contemporáneo, moderno y democrático, existe el delito de traición a la patria. El Código Penal Federal define y castiga la traición a la patria en su artículo 123, ubicado dentro del Libro Segundo, Título Primero: Delitos contra la Seguridad de la Nación. Según el Código, la traición a la patria se configura cuando el ciudadano mexicano incurre en acciones como atentar contra la soberanía o integridad de la nación para someterla a un gobierno extranjero, participar en actos de hostilidad bélica o cooperar perjudicando al país, privar ilegalmente de la libertad a personas para entregarlas a autoridades extranjeras o solicitar intervención y protectorado exterior. Ante lo cual se impone una pena de prisión de 5 a 40 años.
Es bueno creer, pero es mejor no creer. En este momento, con los elementos que se han hecho públicos de la participación de agentes de la CIA en un operativo antinarcóticos en México, no tengo la certeza de que César Jáuregui haya traicionado a la patria y, por lo tanto, tenga que pasar varios años en prisión. De lo que sí estoy seguro es de que estuvo metido en este operativo y que sabía de la presencia de estos agentes estadounidenses, lo cual, desde mi punto de vista, transgredió diversas leyes de la administración pública y la Ley de Seguridad Nacional.
A César Jáuregui lo dejó solo la gobernadora María Eugenia Campos. Su deslinde por medio de un video en sus redes sociales fue más que evidente. El pleito con la gobernadora no fue por el problema de la CIA, sino por la sucesión interna en el PAN, lo cual demuestra lo frágiles que son las lealtades y las complicidades políticas cuando únicamente están tejidas por intereses y poder.
La parte interesante de este proceso será cómo la Fiscalía de Ernestina Godoy sustente el delito de traición a la patria contra César Jáuregui sin involucrar a la gobernadora María Eugenia Campos y a integrantes de las Fuerzas Armadas, así como la manera en que un juez del nuevo sistema mexicano procese este caso.
Es muy feo que te acusen de traición a la patria. Obvio, ya no existe la pena de muerte, pero una condena por este delito marca el fin de cualquier personaje. César Jáuregui pertenece a una familia de abogados panistas, con lo cual se espera una defensa sólida, pero, más allá del aspecto jurídico, si el exfiscal de Chihuahua tiene el temple, la fortaleza y la decisión, podría convertir su caso en un hecho político significativo para su estado y para el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Vamos a ver qué giros tiene este juicio, que por momentos adquiere matices de ajuste de cuentas políticas y, por otro ángulo, de una exigencia de justicia, soberania y respeto al debido proceso. Pero, como dijo Santo Tomás: “Hasta no ver, no creer”.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.



