El Frente Amplio por México (FAM) y Xóchitl Gálvez, proponen un gobierno de coalición, plural y sustentado en las instituciones democráticas del Estado.

Incapaces de defender lo que se ha hecho bien en el pasado y deshacerse de impresentables, lo que se juega es votar o votarlos en el futuro o continuar sin resultado y con el país quebrado.

Impresentables

Sin embargo, es claro que en la oposición existen impresentables que afectan la imagen del FAM, no es un secreto que los líderes de los partidos, Alejandro Moreno “Alito” del PRI, Marko Cortés del PAN y Jesús Zambrano del PRD, actúan como un lastre, lo mismo que personajes como Santiago Taboada, Moreira o Ricardo Anaya que dejan más dudas que aciertos.

Como ya lo he mencionado en este espacio, los dirigentes, líderes partidistas y muchos legisladores han dejado mucho que desear en la defensa de las posturas del FAM. Ya se habla de que están “comprados”, “amenazados” o simplemente son una bola de oportunistas a los que no les importan los principios ni las instituciones y lo que buscan es acomodarse con el mejor postor.

Anaya

Lo vimos en 2018 con Ricardo Anaya, desde que fue legislador y líder de la bancada del PAN, junto con el priista, Manlio Fabio Beltrones confabularon para cancelar la reforma que crearía el sistema nacional anticorrupción, que la Fiscalía General de la República fuera independiente y que el nombramiento del Fiscal no dependiera del presidente.

Alito

Líderes como Alito que carecen de principios y que se sabe, actúa bajo las órdenes y control de uno de los mayores aliados de AMLO, el Talibán José Murat Casab, conocido así por sus métodos porriles y corrupción que usa en favor de AMLO.

Markito

El presidente del PAN se ha mostrado vacilante y poco serio, se maneja como una extensión de Ricardo Anaya y junto con él, han afectado gravemente las bases y principios del panismo nacional.

Chuchito

Jesús Zambrano llegó a la dirigencia del PRD cuando el instituto era la segunda fuerza política a nivel nacional, pero decidió ponerse de tapete para empoderar a AMLO, aun a pesar de que significara una herida mortal para su partido.

Impresentables, sí, pero a pesar de todo, no destruyeron instituciones, no generaron acciones de impunidad y aceptaron jugar bajo las reglas democráticas.

Las bases de la democracia

Durante la administración del presidente Zedillo se sentaron las bases políticas, económicas y jurídicas de un régimen democrático, se otorgó plena autonomía al Poder Judicial, se ensancharon las libertades y la competencia política y económica.

México entró a una especie de “normalidad democrática” donde el voto se convirtió en instrumento de la ciudadanía para premiar o castigar a políticos y partidos, pero, sobre todo, muchos asuntos del gobierno dejaron de ser decisiones autoritarias del presidente en turno.

En 1996 la reforma político electoral dio origen al IFE, luego INE, como un órgano autónomo y ciudadanizado; se alcanzó una importante reforma económica que brindó estabilidad en las principales variables macroeconómicas; en 2002 se creó un sistema de transparencia y rendición de cuentas, el IFAI que luego cambió a INAI, con este instituto la ciudadanía estaba mucho mejor informada de lo bueno, malo y lo trágico de los políticos y comenzaron a verse sanciones a todos los niveles y de todos los colores y vivimos la alternancia, no solo en la presidencia de la República, sino en estados y municipios y en el Congreso.

Con la caída de Raúl Salinas de Gortari los funcionarios ya no tenían carta abierta para robar y en la administración de Peña vimos a más de diez gobernadores bajo proceso, cosa que se logró porque las instituciones funcionaron y porque había un más robusto Estado de Derecho, más allá de la voluntad del presidente.

La ciudadanía con su voto castigó duramente estas conductas y de manera democrática le dio la oportunidad a quien prometía hacer un mejor gobierno.

No cumplió

Lamentablemente, la oferta del oficialismo ha sido instaurar un régimen autoritario. El totalitarismo que pretende Morenarequiere de un poder absoluto para continuar el “movimiento de transformación”, sin rendición de cuentas y con una mayoría absoluta en el Congreso de la Unión para Claudia Sheinbaum.

Es decir, ya con el control absoluto nadie podrá pedir cuentas a Bejarano, Ímaz, los hermanos del presidente, los malos manejos en Pemex, Segalmex, Conade, Insabi, obras faraónicas y un larguísimo etcétera. Los ministros de la Corte sin discusión podrán ser la hermana de la secretaria de Gobernación o la del jefe de Gobierno, el país será una organización familiar y un reino de impunidad y, llegado el momento, el voto popular ya no será una expresión ciudadana para elegir a sus autoridades.

El dilema ciudadano es votar por la democracia, Estado de Derecho y contrapesos o por el fracaso.

Sí, dejan mucho que desear pero podemos estar peor, veamos datos y comparemos.