El fuerte mensaje de este sábado de la presidenta Claudia Sheinbaum evidentemente lo motivó la mala acción del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien cometió un error extremadamente grave al regresar a su cargo para recuperar el fuero sin haber sido exonerado por la Fiscalía General de la República.

No afirmo que Rocha sea culpable —espero que no lo sea—. Solo subrayo el hecho de que la FGR lo investiga, y aún no ha llegado a ninguna conclusión, porque México no puede permitir que a los funcionarios públicos de nuestro país se les acuse en Estados Unidos sin pruebas.

El mensaje de la presidenta iba dirigido a Rocha Moya, es verdad, pero tiene también muchos otros destinatarios: los y las oportunistas que se han sumado a Morena para manchar al movimiento de izquierda.

Dejo enseguida el mensaje de la presidenta Sheinbaum:

“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”.

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“Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia”.

“México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la nación es eterna. El pueblo no está para alimentar ambiciones personales: está para exigir que se defienda su dignidad, su futuro y su esperanza”.

“Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, están el pueblo y la nación”.

En la política opera algo parecido a la famosa Ley de Gresham de la economía, según la cual la moneda mala desplaza a la buena. Tiene que ver con que las monedas con mayor contenido de metales preciosos las atesoramos, mientras que las monedas con menor valor intrínseco las usamos para el intercambio diario.

Esta Ley de Gresham, atribuida a un financiero inglés del siglo XVI, no fue una idea original de él. Ya la había expresado en la antigua Grecia un extraordinario autor de comedias, Aristófanes, quien en la parábasis de su obra Las ranas dijo lo siguiente:

“Muchas veces nos ha parecido que la ciudad experimenta el mismo sentimiento hacia los ciudadanos nobles y virtuosos que hacia la antigua moneda y el nuevo oro”.

“De estas monedas, que no están adulteradas sino que son las más bellas de todas, las únicas bien acuñadas y de sonido puro entre griegos y bárbaros, no hacemos uso alguno; en su lugar, empleamos estas monedas de cobre deplorables, acuñadas ayer o anteayer con el peor cuño”.

“De la misma manera, a los ciudadanos de buena cuna, moderados, justos, nobles y educados… los ultrajamos; y en su lugar nos servimos para todo de los de cobre, de los extranjeros, de los bribones y de los hijos de bribones, llegados ayer mismo”.

La parábasis era una sección de la comedia antigua griega en la que la trama principal se detenía y los actores salían del escenario, el coro daba un paso al frente, se quitaba las máscaras y hablaba directamente a los espectadores en nombre del poeta, en este caso de Aristófanes.

El autor rompía así la ficción teatral y daba su opinión por boca del coro para aconsejar a la ciudadanía y abordar sin rodeos los problemas políticos y sociales de la época.

La parábasis era algo así como la columna política actual. Desde luego, me veo mal comparando a nuestra no muy talentosa comentocracia con un genio como Aristófanes. Este griego lanzaba sus críticas con talento, gracia, estilo y recursos métricos. Los y las columnistas de México, de plano, son de flojera.

Con la parábasis, los autores griegos no buscaban poner el arte al servicio de la salud política de la nación, recordando a la ciudadanía sus deberes éticos y los riesgos de dejar el poder en las manos equivocadas.

¿Puede aplicarse la metáfora de Aristófanes sobre las monedas malas y buenas a la situación actual de la 4T?

Aplica perfectamente. Seamos sinceros: el cariño a la Cuarta Transformación no puede cegarnos. En no pocos espacios de los gobiernos de izquierda —federal, estatales y municipales, lo mismo que en los poderes legislativo y judicial—, los y las oportunistas han desplazado a la gente buena y decente.

Tristemente, muchísima gente leal, honesta e idealista que acompañó a AMLO y Sheinbaum en los momentos duros fue desplazada por personas enfermas de ambición vulgar en cuanto Morena llegó al poder.

Hay ejemplos absolutos de idealistas que sí están hoy al lado de la presidenta Sheinbaum, y que estuvieron en los momentos más difíciles de la lucha de la izquierda contra el PRI y el PAN: Rosa Icela Rodríguez, Leticia Ramírez, Raquel Buenrostro, Octavio Romero, Ariadna Montiel, Rosaura Ruiz, Citlalli Hernández, Diana Alarcón, Ernestina Godoy y Luisa María Alcalde.

(Apunte estadístico feminista: en esa lista que se me vino a la cabeza espontáneamente de gente que identifico con el movimiento político de izquierda, incluí sin meditarlo a nueve mujeres y a un solo hombre, Romero, director del Infonavit. Esto habla de que en la 4T auténticamente es tiempo de mujeres).

En el gobierno hay gente buena, que toda la vida apoyó al movimiento de la 4T y que en el poder mantiene una actitud ciento por ciento honesta. Pero también hay impresentables —demasiados, para mi gusto—; lamentablemente sobran casos de personas que llegaron podridas y se les abrió la puerta, y de militantes de izquierda que se pudrieron con el poder.

Morena y sus gobiernos han aceptado un exceso de gente que viene del PRI y del PAN: gente oportunista, corrupta, ambiciosa, cínica y sin escrúpulos.

Recuerdo un caso particularmente lamentable: el de Germán Martínez, quien ayudó a Calderón a robarle la presidencia a AMLO en 2006 y que en 2018 llegó al IMSS invitado por López Obrador. ¿Qué hizo Martínez en la 4T? Traicionar a Andrés Manuel. Hay más ejemplos de tales actitudes.

Claudia Sheinbaum debe estar sintiéndose traicionada por Rubén Rocha Moya, quien no está entendiendo ni el momento actual ni su propia situación tan delicada. Menos aún comprende el costo que para la presidenta debió haber implicado el negarse a entregarlo a EEUU para juzgarlo en México.

Aristófanes hablaba en tono satírico de cómo los malos funcionarios desplazan a los buenos. Lo mismo dijo, con más seriedad, Platón en La República: la gente moderada y virtuosa suele ser marginada porque su templanza es vista como falta de carácter, mientras que en muchas ocasiones quienes llegan al poder son personas audaces, desvergonzadas y sin principios.

Maquiavelo expresó una idea similar: que en las repúblicas corrompidas, los ciudadanos decentes y de verdadero mérito son vistos con sospecha o temor por las facciones políticas; y es así que los cargos y honores no se otorgan a los más capaces y honestos, sino a los más audaces, a los que tienen mayores redes de complicidad o a los que saben halagar. La virtud queda excluida y el gobierno cae en manos de los peores.

Alexis de Tocqueville, al analizar en el siglo XIX la democracia en Estados Unidos, decía que las personas más distinguidas raras veces eran llamadas a las funciones públicas: los cargos importantes eran ocupados por hombres vulgares y oportunistas.

La presidenta Sheinbaum, al redactar su mensaje extraordinariamente fuerte de este sábado, pensaba, sí, en lo que hizo Rubén Rocha Moya, quien está provocando un problema serio al país.

Si Rocha no ha perdido toda su inteligencia, tendrá que volver a renunciar a su cargo. Espero que al sinaloense no se le ocurra presentarse en el informe de gobierno de la presidenta de México: sería muy mal recibido si es que se le dejara entrar.

La presidenta pensaba en Rocha en su mensaje, pero también en muchos morenistas o aliados de Morena —por ejemplo, los enriquecidos del Partido Verde— que han provocado escándalos inaceptables.

Claudia no podía no pensar en los derrochadores, en los que, habiendo jurado respetar los principios de Morena, viven como magnates gracias a la corrupción, que hoy es mucho menor que con el PRI y el PAN, pero que sigue existiendo contra los ideales de la izquierda.

Es una tarea muy compleja la que enfrenta Claudia Sheinbaum. Por un lado, gobernar un país bastante grande con muchos problemas; por otra parte, actuar como líder moral de un movimiento social y político tan importante, en el que debe apretar tuercas por todos lados para que el poder deje de ser patrimonio exclusivo de los oportunistas, vengan del PRI, del PAN o tengan el antecedente que tengan.

Al leer el duro mensaje de la presidenta Sheinbaum contra quienes han traicionado la ética para imponer la ambición del poder por el poder, debemos pensar, en efecto, en Rubén Rocha Moya, pero también en muchos otros próceres falsos de la izquierda. ¿Conocen alguno o algunos y se asquean al verlos? Yo también.