La ausencia de resultados positivos en muy diversas materias plantea lo que se puede denominar una crisis de la gestión pública. Crisis que habla de dificultades para ordenar procesos, programas, coordinar esfuerzos, integrar acciones, controlar y ejercer una adecuada dirección.

El tiempo que lleva la actual administración hace que el recurso de brindar explicaciones o culpar de los magros logros, acudiendo a los males del pasado sea insulso, retórico y arropado en la elusión. En los más diversos ámbitos se instrumentaron lo que podría llamarse, en economía, planes de choque, consistentes en introducir nuevas prácticas, al tiempo de poner en desuso las que se observaban con anterioridad.

Uno de los ejemplos más claros de lo anterior ocurre en el abasto de medicamentos; se asumió la existencia de una gran corrupción y se decidió inhabilitar a proveedores y cambiar el sistema de contratación y de abasto, con resultados desastrosos y que aún no pueden garantizar el servicio que se debe de proporcionar; se le ha dado visibilidad a la carencia de medicinas oncológicas para menores, pero no es el único caso, también se han presentado problemas graves para la vacunación contra el sarampión y otras enfermedades, mientras en varios hospitales el personal médico y de enfermería se han quejado de falta de suministros indispensables como cubrebocas, guantes y material quirúrgico.

La suspensión del Seguro Popular debido a sus deficiencias no se ha suplido por otro sistema con mejor cobertura y servicio, de modo que ahora la población gasta más en atención médica que antes de esa medida; la suspensión de lo que antes había y que se supone operaba con deficiencias, no es reemplazado por mejores servicios; ni qué decir de la cancelación de guarderías por la existencia de padrones alterados, lo que nunca se probó. La evidencia es que es que la gestión pública corre por la vía de una perspectiva ideológica de reemplazo de lo precedente, que por definición fue nefasto, para implementar nuevas medidas que, por obligación son mejores.

El tema del aeropuerto es otro en la lógica cancelación- nuevo proyecto, pero sin mostrar los males o deficiencias que se anuncian; si hubo gran corrupción en el aeropuerto de Texcoco, no se conocen a culpables, ni se sabe que existan investigaciones de por medio; pero lo que sí se conoce es la construcción de un nuevo aeropuerto, sin que el plan operativo y de posibles despejes y aterrizajes simultáneos entre el de la Ciudad de México y el de santa Lucía quede demostrado.

El tema de la pobreza es uno de los tópicos más relevantes, pues después de modificarse los programas que venían operando y de ponerse en su lugar otros distintos, las mediciones muestran que la pobreza se ha incrementado. Por su parte, la economía continúa sin crecer en el sentido esperado, aunque las cifras que se anuncian, después del gran desplome ocurrido en el 2020, pueden parecer impactantes; en el mejor de los casos, apenas el año entrante se permitirá estar en las condiciones de 2019. Ello, sin dejar de advertir que los programas de inversión para detonar el desarrollo del sureste siguen en la palestra del debate en cuanto a sus posibles resultados y programas, como el de sembrando vida son más que cuestionables en su rigor, eficiencia y cumplimiento de metas.

Por lo que respecta al deporte, las Olimpiadas de Tokio volvieron a mostrar los lamentables resultados del sistema que el país tiene para detectar, seleccionar y preparar a sus competidores en las justas deportivas. Ya se ha dicho, México fue el país con peor rendimiento en América Latina, respecto de aquellos que obtuvieron medallas.

La seguridad es otra de las materias que fue objeto de ajuste institucional para alcanzar mejores resultados; sin embargo, las cifras que se reportan no muestran una mejoría palpable, y se mantienen algunos índices de inseguridad en las condiciones críticas y tendencias que se venían observando.

Es evidente que los recursos, a pesar de que son escasos, están mal canalizados y aplicados, que la gestión del gobierno es deficiente no sólo en algunos de los rubros, sino que muestra un perfil generalizado de deficiencias, mientras algunas de las acciones que se instrumentaron para alcanzar mejoras, no muestran sus bondades. Se hizo la centralización y concentración de las compras y adquisiciones del gobierno, se llevaron a cabo adjudicaciones directas, se ha desdeñado la revisión de acciones, programas y gastos conforme lo reportan organismos como la Auditoría Superior y el Coneval, manteniéndose un discurso acrítico, mitológico y soberbio.

La crisis de gestión del gobierno trae nuevas víctimas, lo es la sociedad cuando acude a los servicios públicos, cuando espera resultados por su pago de impuestos, cuando espera una revisión crítica por parte de las autoridades. Con falta de resultados y en condiciones de servicios deficientes la sociedad se vuelve súbdita frente al gobierno, en vez de ser mandante.