La defensa de los derechos humanos en Latinoamérica y a nivel mundial no prioriza ideologías políticas, no se trata de la izquierda o la derecha, porque el bien común es para todas las personas y la dignidad humana no es negociable. Los discursos que dividen son arcaicos.

Las políticas públicas deben de elaborarse por expertos multidisciplinarios en beneficio de las familias que habitan los pueblos, las ciudades, los estados y las naciones no son negociables ante las ideologías. Las sociedades requieren gobernantes que resuelvan problemáticas que llevan enraizadas décadas. No se requiere el compadrazgo.

Las tropelías hacia niñas, niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, hombres y adultos mayores que diariamente son violentados en sus derechos no se resarcen con buenas intenciones. Los gobernantes tienen que trabajar desde sus trincheras para generar justicia social. La defensa de los derechos humanos no es un tema del algoritmo.

La realidad colectiva en Latinoamérica dista con la de la clase alta, por ejemplo, en México. Las carencias que tienen diariamente las personas que se encuentran en situación de calle, no son las mismas de las personas que viven en colonias de alto poder adquisitivo.

La falta de oportunidades de las familias que viven diversas carencias, no cuentan con agua potable, vivienda digna, calles pavimentadas, alumbrado público, educación pública de calidad, transporte público digno.

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La confianza de las personas hacia sus gobernantes y las instituciones públicas se encuentra fracturada por las promesas incumplidas, por las deficientes políticas públicas que no resuelven problemáticas que perjudican severamente a las sociedades porque impera la pobreza, la corrupción, el crimen organizado, la trata de personas, la injusticia social, la represión, así como las desapariciones de personas.

“Las percepciones de agencia política son clave para la confianza. Las personas que sienten que tienen voz y pueden influenciar las decisiones del gobierno o que están confiadas en su capacidad de participar en la política son sustancialmente más propensas a expresar una confianza alta o moderadamente alta en el gobierno nacional. Solo el 25% de los latinoamericanos cree que personas como ellos tienen voz y pueden influenciar en lo que hace el gobierno” (OCDE).

La discriminación es un problema que afecta a millones de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad, recientemente el expresidente de México, el panista Vicente Fox Quesada, durante una entrevista que dio al medio de comunicación El País aceptó que durante su mandato presidencial (2000-2006) olvidó a diversos sectores de la población.

La historia nos recuerda que trabajar por el bien común es imperante, no se trata de izquierdas o derechas, y menos de colores partidistas, parece burla politiquera; Vicente Fox lo dejó en claro, su administración panista se equivocó porque olvidaron a los grupos vulnerables.

¿Cuántas décadas tienen que pasar para que continúen las equivocaciones gubernamentales?

“No puede llegar cualquier autoridad con una ideología de ver a la gente necesitada como estorbo, como mugre, como delincuentes, como de lo peor, no puedes calificar así a las personas por su necesidad y su pobreza”, me comentó Diana Sánchez Barrios, activista de derechos humanos.