El destacado científico político alemán, Dieter Nohlen, ha documentado con muchos ejemplos que las instituciones nacen y operan en el contexto de la historia sociopolítica, económica y cultural de los pueblos.

Contexto e instituciones se influyen y evolucionan o degradan dinámicamente.

Por tal razón es que la política electoral y la reconfiguración de las instituciones que organizan los comicios y resuelven sus conflictos, en México encabezadas por el INE y el TEPJF, deben ser evaluadas y fortalecidas conforme con el contexto en el que han venido actuando.

El contexto de ayer en parte es y no es el mismo de hoy pues la ciudadanía y la sociedad, partidos, gobiernos e instituciones electorales han cambiado de manera profunda.

En primer termino, la ciudadanía pasiva y controlada de antier, dada su ampliación, pluralidad y demandas se transmutó ayer en otra más compleja y activa hasta provocar cambios en 6 de cada diez elecciones, incluidas 3 alternancias presidenciales en dos décadas, entre el año 2000 y el 2018.

Esa misma ciudadanía mayoritaria, que sigue creyendo en el presidente de la República, es cada vez más consciente y anuncia que, bajo ciertas condiciones, mañana podría preferir una alternancia más.

El sistema de partido hegemónico de antier, que las ganaba todas, tuvo que aceptar ayer la convivencia plural y la competencia de otras fuerzas políticas hasta provocar por sus malas estimaciones y abusos el traspaso del poder a la opción popular radical del espectro liberal y no liberal

En correspondencia, el sistema de gobierno hiper presidencial y de partido hegemónico de antier se vio obligado a cambiar ayer por otro hipo-presidencial y con varios partidos y poderes (legislativo, judicial, gubernaturas y otros) que compartieron y ejercieron (sin controles suficientes) atribuciones escritas y no escritas excesivas.

Ese formato político de gobierno está siendo sometido a una terapia de choque de cuya dinámica debería resultar un esquema posible para asegurar el siguiente ciclo de desarrollo político democratico con mayor legitimidad.

Asimismo, las autoridades electorales de antier, uncidas al yugo del sistema de gobierno hiper presidencial y al partido hegemónico, en su momento creíble, se trocó ayer en un sistema electoral con autonomía de rango constitucional y fuerza política proporcional al reto de arbitrar y juzgar la política electoral.

Si el contexto se ha alterado tanto que las instituciones de ayer ya no le son funcionales, deberán ser materia de adaptación necesaria y suficiente, en el entendido de que hay fundamentos que deben permanecer

Evaluar el contexto y el desempeño de las instituciones es la primera tarea antes de tocar de fondo y forma el sistema político.

Cambia, todo cambia, pero hay valores y principios que no.