La Cámara de Diputados y Diputadas dio a conocer un top 10 de aspirantes punteros a la Auditoría Superior de la Federación. Pero, como en la novela de Dumas —donde los tres mosqueteros terminan siendo cuatro—, el mejor top 10 siempre es de 10 + 1 = 11. Por ello, democráticamente corregiré a quienes se dedican al santo oficio de legislar y añadiré a alguien de la minoría; es decir, identificado con la oposición, específicamente con el PAN de Nuevo León: Alejandro Reynoso, contador público egresado del Tecnológico de Monterrey, actual contralor general de su estado natal.

Esta es la terna que me parece ideal: Emilio Barriga, Juan José Serrano y Natalia Téllez. Pero, otra vez, Alexandre Dumas viene al rescate para no dejar fuera a nadie de los grupos minoritarios, que en democracia siempre tienen derecho a ser considerados: el ya mencionado Reynoso. Así se cumple la sabia lección de que los tres mosqueteros, para ser eficaces, deben sumar cuatro.

Emilio Barriga, egresado de El Colegio de México, pertenece a la generación de economistas del equipo técnico financiero de la 4T que ha trabajado desde el gobierno de AMLO, en el entonces Distrito Federal, hasta la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. Entre estas personas destacan Edgar Amador, secretario de Hacienda; Victoria Rodríguez, gobernadora del Banco de México; Raquel Buenrostro, secretaria Anticorrupción; Arturo Herrera, del Banco Mundial, y Gerardo Esquivel, exsubgobernador del banco central.

Juan José Serrano, contralor de la CDMX en el pasado sexenio, cuenta con estudios de doctorado en la UNAM y se especializa en el combate a la corrupción. Su solidez académica se respalda con cuatro libros publicados. Es licenciado por la Universidad La Salle, maestro por la Universidad de Birmingham, Inglaterra, y posee tres posgrados adicionales. Es miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados y de la American Bar Association.

Natalia Téllez posee un perfil robusto con estudios en la UNAM y la Universidad de Génova, Italia. No obstante, su participación el año pasado en la elección para la Suprema Corte de Justicia de la Nación parece invalidarla, pues la convocatoria prohíbe haber sido postulada a cargos de elección popular durante el año previo al nombramiento.

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Ojalá diputados y diputadas elijan al mejor perfil para la ASF.

Un columnista mentiroso

Liz Vilchis, de SDPnoticias, comentó ayer a la presidenta Claudia Sheinbaum: “Este fin de semana nuevamente se activó lo que parece una estrategia permanente de desinformación, no sabemos si es… Bueno, básicamente sí. Esta vez respecto al expresidente López Obrador y su salud”.

La presidenta, después de escuchar a Liz, fue muy dura —justificadamente muy dura— con un periodista mentiroso:

“La irresponsabilidad de algunos comunicadores, y lo digo con todas sus letras: Jorge Fernández Menéndez, él fue quien estuvo difundiendo que ‘el presidente López Obrador había entrado al Hospital Militar. ¿Qué fuente tenía? ¡Ninguna!, porque era falso. ¡¿Cómo es posible que alguien que se dice periodista, alguien que se dice que está comprometido con la verdad, pueda difundir una noticia de este tipo?! Porque una cosa es una cuenta falsa manejada por alguien que está en contra —que también está mal—, pero otra cosa es un periodista que acaba de publicar un libro (con Julio Scherer), que se dice periodista y que difunde una noticia absolutamente falsa”.

“Es por lo menos irresponsable. Es parte de una campaña. Fíjense, el domingo que ocurrió en Jalisco la detención de este personaje de la delincuencia organizada (el Mencho), y su posterior fallecimiento, internacionalmente lo que se dio a conocer fueron noticias falsas”.

“Claro que hubo problemas ese domingo. Y hubo periodistas, también con nombre y apellido, que fueron los que estuvieron difundiendo las imágenes de un avión quemándose, periodistas mexicanos o periodistas mexicanas, cuando no tenían ninguna fuente. ¿Qué objetivo tiene difundir una imagen falsa? Pues dañar al país; porque no es dañar a la presidenta, es afectar a México”.

“Es muy importante que sepamos, cuando vemos las redes sociales, que hay muchísima información falsa, fake news. Ahora que hice la propuesta de reforma electoral, en uno de los artículos de propaganda durante las elecciones ponemos ahí que, si se usan imágenes con inteligencia artificial, se diga suficientemente, en un lugar muy visible que, en efecto, ‘es inteligencia artificial’. Y que si no, la propia plataforma lo pueda bajar, a petición del INE o a petición de alguien que está solicitándolo”.

“Dicen que ‘eso es censura’. No tiene nada que ver con la censura. Es sencillamente: se puede publicar, pero que diga que ‘es el uso de inteligencia artificial’, ¿no?, para que la gente pueda conocer de mejor manera que no son imágenes reales”.

¿Qué castigo merecen los periodistas mentirosos?

Para no responder yo a la anterior pregunta, pedí a la inteligencia artificial de Google, Gemini, contestar. Esto me dijo:

“La respuesta desde una perspectiva de ética informativa y derecho es clara: el castigo más efectivo no es la censura previa, sino la responsabilidad ulterior y el costo reputacional. En sociedades democráticas, la desinformación se combate mediante el derecho de réplica y, en casos de calumnia demostrable, a través de sanciones civiles. Pero en la era de la posverdad, el castigo más severo es la pérdida de la confianza del público, un activo que, una vez dilapidado por la mentira, resulta casi imposible de recuperar”.

Jorge Fernández, otrora columnista sensato —se equivocaba, pero no difundía nada sin una mínima verificación—, ahora publica cualquier tontería que le comentan. Lo hace dañado por el odio a la 4T; ojalá se cure de tan feo mal emocional.