Vivimos tiempos cruciales, pero también de definiciones políticas rumbo a las elecciones intermedias de 2027. Uno de los aspectos más importantes, de este mismo año, será la apertura del registro para puestos de elección popular. Está contemplado que eso suceda entre el mes de septiembre y octubre, o casi al filo de finalizar el año en curso. Por eso reina tanto la suspicacia y el escepticismo. Muchos, de hecho, tienen meses en abierta campaña a través de recorridos territoriales y asambleas de información. Eso se vale, siempre y cuando no se rebase el marco institucional del órgano electoral. Los meses que vienen, entonces, serán de pronóstico reservado porque viene la madre de todas las batallas, que es, en definitiva, el proceso interno de Morena.

Caben muchas preguntas de qué es realmente lo que pasará, especialmente para designar puestos de elección popular. Por un lado, la encuesta será el principal mecanismo para designar a hombres y mujeres, básicamente para equilibrar la cuota en materia de paridad de género. Serán, si tomamos en cuenta la voz de la presidenta de México, nueve mujeres y ocho hombres. Viéndolo desde ese ángulo, se priorizará la campaña “Es Tiempo de Mujeres. Eso es una buena noticia, sobre todo porque hay muestras suficientes que nos llevan a concluir que la labor es apegada a los principios. Tenemos muchos argumentos para calificar el trabajo de Sheinbaum como impecable. No es fácil reemplazar la imagen de Andrés Manuel López Obrador, mucho menos cuando su aprobación siempre estuvo en los niveles más altos de la ciudadanía. Obviamente, al frente de cada reto, sin duda, está la imagen de la presidenta que ha roto todos los récords de apoyo.

Sabemos que la opinión de la jefa de Estado tiene un peso fundamental y, por lo tanto, influye en el ánimo social; sin embargo, también está la contraparte, que son las posiciones de los partidos aliados y de aquellos que, como tal, tienen algún lazo de consanguinidad por el tema de nepotismo. La pregunta es: ¿cómo hacer una distinción? A nuestro juicio, el nepotismo sería quien hereda un puesto sin preparación o algún bagaje. Es decir, ser partícipe de privilegios sin haber construido una carrera que, por lo menos, tenga algún antecedente de ganar un proceso democrático. Eso, categóricamente, sí podemos asociarlo como demagogia y compadrazgo. De hecho, con nuestros propios ojos hemos visto que las dependencias se llenan de primos, novias y cónyuges. Inclusive lo hemos atestiguado en posiciones que de plano, no tienen ni la más mínima idea de lo que se trata la función.

Una diferencia clara, más allá del tema de consanguinidad o parentesco, sería aquellos que han construido una carrera a la par de algún hermano o primo. Alcanzamos a mencionar algunos de ellos, pero nos tardamos tiempo en poder abordarlo. A lo que vamos, en definitiva, es que no podemos estigmatizar a todos por el nombre y apellido. De hecho, muchos actores se han ganado el cariño de la población y, como tal, tienen un lazo que los une. Hoy observamos varios casos. Todo eso, en nuestro tiempo cambiante, no podemos señalar como tal, pues sería como cortar el derecho legítimo que marca la propia constitución.

Además de ello, todos los que tengan la intención de competir estarán sujetos a una encuesta que aplique la dirigencia. No sería una imposición, como tal, sino una medición que pasará por las manos del colectivo. Las reglas, recordemos, son muy claras en esa situación. A pesar de ello, todo este proceso, de no cuidarse, lograría ocasionar pugnas y divisiones. Una fractura, en pleno ejercicio de campaña, puede acarrear hasta la derrota. Siendo francos, Morena no puede darse el lujo de perder aliados importantes y, con ello, cederle terreno a una oposición sedienta de esa coyuntura.

Una opción sería, si nos remontamos un poco a la época de Andrés Manuel López Obrador, realizar un consenso con todos los aspirantes para que fluya el consenso y la negociación, tal y como sucedió con las llamadas corcholatas. Algunos los llaman premios de consolación; nosotros los denominamos un equilibrio para designar la unidad. Eso, sin ir más lejos, puede lograrse en vísperas del proceso interno de Morena y, por ende, de un derecho legítimo que tienen quienes sí han construido una carrera desde hace décadas.