Durante la inauguración de la Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, el miércoles pasado, el presidente de Estados Unidos dedicó una parte de su mensaje al tema de las drogas. Dijo que su gobierno estaba decidido a aprovechar eficazmente todos los recursos que dedica a garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Pero también enfatizó que los líderes del continente se enfocarían en trabajar, como socios, para desarticular las organizaciones criminales transnacionales, perseguir a los traficantes de drogas y de armas de fuego, promover los esfuerzos anticorrupción y fortalecer el estado de derecho.

Desafortunadamente, el presidente AMLO no estuvo en la Cumbre y no pudo dar a conocer su punto de vista. El gabinete de seguridad de México se reúne todos los días a las seis de la mañana. Todos los jueves, durante la conferencia de prensa matutina del presidente AMLO, escuchamos el informe de seguridad de sus colaboradores. Podemos, o no, estar de acuerdo con las cifras y las gráficas que nos presentan ahí sobre la criminalidad. Pero el hecho es que los expertos dicen que la estrategia ha fallado. ¿Por qué?

El sitio de internet del Modern War Institute, de la Academia Militar de Estados Unidos de West Point, publicó ayer un análisis muy puntual de Jane Esberg. La autora, que es analista del International Crisis Group, se pregunta ¿por qué fracasó la “estrategia de los grandes capos” de México? Y la respuesta de su ensayo es muy clara: apuntar al arresto o a la eliminación de los líderes de las organizaciones condujo a la formación de más grupos criminales y de más violencia.

La ‘estrategia de los grandes campos’ en México

Las palabras del presidente Biden en la Cumbre son relevantes porque, desde 2006, México ha librado la guerra contra las drogas, con el apoyo financiero y militar de Estados Unidos. En el corazón de la política de seguridad del gobierno ha estado la “estrategia de los grandes capos”, es decir, una política de Estado que apunta a la eliminación de los liderazgos en un intento por reducir el poder de las organizaciones criminales más grandes del país.

Los críticos han vinculado el crecimiento de la altísima tasa de homicidios, que supera los treinta mil cada año, desde 2017, al fracaso de la estrategia de cooperación bilateral México-Estados Unidos en materia de seguridad, que sigue asignando su prioridad a seleccionar a los líderes criminales de alto perfil. En el artículo de Esberg, publicado en el sitio de West Point, se señala que el gobierno del presidente AMLO ha arrestado a varios líderes criminales desde que asumió el cargo, mientras que Estados Unidos ha prometido hasta 50 millones de dólares por información que conduzca a la captura de otros, incluidos los hijos del Chapo, el exjefe del Cartel de Sinaloa.

Esberg se refiere a una investigación muy reciente que publicó el International Crisis Group en su sitio de internet. El ICG es una organización no gubernamental, muy prestigiada, establecida en 1995, dirigida a la resolución y prevención de conflictos armados internacionales. Sus fundadores fueron George Soros, Mark Malloch Brown, Morton I. Abramowitz y Stephen J. Solarz. Esa investigación, “Crime in Pieces: The Effects of Mexico’s War on Drugs, Explained”muestra cuán caótico se ha vuelto el panorama criminal de México durante la guerra contra las drogas, en parte como resultado directo de la “estrategia de los grandes capos”.

Los grupos criminales han proliferado, superando los doscientos en 2020. Y operan ya no sólo en el tráfico de drogas, sino también en el control de productos básicos, incluidos los limones, los aguacates y los combustibles. Grupos cada vez más pequeños están involucrados en disputas locales mortales, con civiles atrapados en el fuego cruzado.

Esberg argumenta, con cifras y datos, que la “estrategia de los capos” contribuyó a este estado de cosas en México, al debilitar a las grandes organizaciones sin abordar los problemas de fondo como la corrupción, la colusión, la impunidad y la falta de oportunidades económicas.

El estudio del ICG concluye que combatir el crimen violento en México requerirá una estrategia radicalmente diferente a la que se ha implementado hasta ahora. Porque la guerra contra las drogas se ha convertido en un revoltijo de conflictos cada vez más locales y de múltiples cabezas.

Y no hacen aseveraciones infundadas. El ICG desarrolló una base de datos de grupos armados que operaron en cada uno de los municipios de México de 2009 a 2020, a partir de informes de narcoblogs y sitios web de periodismo ciudadano enfocados en el conflicto criminal. La conclusión a la que llegan, con sus datos, es que en ese período, el número de grupos pasó de 76 a 205.

Más de 543 grupos criminales en México desde 2009

Lo escalofriante de las conclusiones de ICG es que, en total, al menos 543 grupos armados han operado en México desde 2009. Son organizaciones pequeñas o medianas que a menudo operan en áreas limitadas del país o se enfocan en segmentos reducidos de la economía.

De acuerdo con el estudio, la fragmentación se correlaciona positivamente con el incremento de las tasas de homicidio. En parte, esto se debe a que más grupos criminales significan más frentes potenciales de conflicto. El asesinato o la captura de un capo de una poderosa organización criminal conduce a guerras territoriales entre antiguos aliados.

La complejidad del panorama criminal de México genera confusión y oportunidades para la violencia. El vínculo entre homicidios y fragmentación también refleja el hecho de que el robo de combustibles atrae ahora a más grupos.

Es interesante analizar los resultados de la investigación del ICG porque utiliza datos duros de la “Lista de Nacionales Especialmente Designados” de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. La conclusión es que el asesinato o la captura de un capo es seguido por niveles más altos de fragmentación. Cuando se desarticula a un grupo armado, un grupo adicional comienza a operar en su territorio.

La paradoja es que el objetivo de la “estrategia de los capos” era debilitar a las principales organizaciones. Pero la verdadera consecuencia es que esto ha llevado a más conflictos entre grupos criminales y a más violencia. Después de los arrestos o muerte de los líderes, las grandes organizaciones se escinden, surgen nuevos grupos y las organizaciones existentes se expanden a nuevas áreas. El resultado es una lucha violenta por el control territorial. Esberg ilustra esta conclusión con lo que ha ocurrido en Sonora.

¿Cuáles son las consecuencias del fracaso de la estrategia utilizada por México?

  1. Se ha formado una compleja red de disputas criminales.
  2. La violencia sigue siendo un problema crucial.
  3. Todo esto afecta directamente a Estados Unidos.
  4. El tráfico de drogas, que ahora incluye la producción y el contrabando de fentanilo, continúa.
  5. La violencia ha provocado desplazamientos masivos dentro de México, lo que contribuye a la migración a Estados Unidos.

Por eso Estados Unidos plantea la necesidad de un enfoque radicalmente diferente. Por eso Biden lo mencionó en la Cumbre. México y la comunidad internacional deben enfocarse en abordar el conflicto criminal de manera más sostenible.

Todavía hay muchos preguntas que el gobierno y los expertos deberían responder: ¿Hay espacio para la intermediación local? ¿Se puede socavar el reclutamiento y los recursos criminales? ¿Se pueden reducir los vínculos entre funcionarios estatales y grupos criminales? ¿Se puede eliminar la impunidad en el caso de los delitos violentos? ¿Se puede reforzar y proteger a las economías legales locales de la depredación criminal? ¿Estaría México dispuesto a recibir el apoyo de gobiernos extranjeros a través de ayuda financiera y técnica, destinada a fortalecer las instituciones estatales y estimular los mercados regionales? ¿Se podría controlar eficazmente el flujo de armas y municiones que vienen de Estados Unidos?

Al final del día, la única manera de garantizar la seguridad y la tranquilidad de los mexicanos es a través de la cooperación internacional. Desafortunadamente, el presidente AMLO no estuvo en la Cumbre de las Américas para promover esa colaboración que México necesita.

Javier Treviño en Twitter: @javier_trevino