Después de la elección del domingo, habrá gobernadores de Morena en 22 estados. ¿Qué capacidades, normas y políticas públicas podrían implementar para llevar a sus entidades a ese futuro que los ciudadanos quieren?

No podemos huir del futuro. Tampoco podemos ignorar el poder de cada estado para ayudar a resolver problemas críticos, crear valor público y asegurar un futuro inclusivo, seguro y equitativo. ¿Qué estructuras y sistemas de gobernanza son necesarios para restringir la acumulación de poder individual y garantizar que los gobiernos sirvan a la gente?

“La libertad se origina en un delicado equilibrio de poder entre el Estado y la sociedad”. Es el tema central de “The Narrow Corridor: States, Societies, and the Fate of Liberty” el libro de Daron Acemoglu, del MIT, y James Robinson, de la Universidad de Chicago, que publicaron en 2019. La tarea de transformar países en sociedades prósperas, estables, bien gobernadas, respetuosas de la ley, democráticas y libres no es nada fácil.

La cooperación entre el Estado y la sociedad es indispensable. Es una tarea permanente. No basta con la ausencia de opresión estatal. Los autores dicen que “el principio fundamental de una vida plena es la libertad del dominio, del miedo y de la inseguridad extrema”.

Sobre el “Leviatán despótico” y el “Leviatán ausente”

En el siglo XVII, Thomas Hobbes describió en el Leviatán que el enemigo era la guerra. Y añadía que, para brindar seguridad, era necesario un Estado todopoderoso. Acemoglu y Robinson llaman a ese estado hobbesiano el “Leviatán despótico”. Lo opuesto es el “Leviatán ausente”, donde una sociedad sin estado es de hecho una guerra de todos contra todos, donde la vendetta sustituye al Estado de Derecho.

En el “Leviatán despótico” hay demasiado Estado y muy poca sociedad. En el “Leviatán ausente”, hay demasiada sociedad y muy poco Estado. Entre ellos se encuentra un “corredor angosto”, donde el Estado y la sociedad se equilibran mutuamente. Los autores del libro dicen que “para que la libertad surja y florezca, tanto el Estado como la sociedad deben ser fuertes”. Debe haber lo que Acemoglu y Robinson llaman un “Leviatán encadenado”. Todo depende de las normas e instituciones, de las oportunidades económicas y de los accidentes. Cuanta más confianza tiene la gente en su Estado, más le exige y más efectivo se vuelve. La confianza, y no el miedo, es la base de un Estado fuerte.

Lo peor es un “Leviatán de papel”, que es opresivo e ineficaz, con poca participación de los ciudadanos. Combina perversamente el “Leviatán despótico” con el “ausente”. Los gobernantes no quieren que el estado movilice a la gente y explotan las relaciones clientelistas.

La voluntad de maximizar poder no puede contenerse a menos que se establezca un estado más eficaz, dispuesto a actuar contra los depredadores y los despóticos. La sociedad es la que debe movilizarse; el Estado debe aceptarlo.

El libro “El corredor angosto” es una continuación de lo que Acemoglu y Robinson argumentaron en su libro previo, “Por qué fracasan las naciones”. Analizan los factores críticos para el desarrollo político. El equilibrio que mantiene la libertad, la democracia y las instituciones es frágil. Es difícil ingresar a este corredor estrecho como nación. Y mucho más difícil es permanecer en él. Pero eso es justamente lo que necesitamos para llegar al 2024.

Se requiere una competencia constructiva entre la sociedad civil y el Estado. Debemos esforzarnos por encontrar un proceso que nos lleve a una verdadera democracia liberal con instituciones sólidas. El riesgo es que nuestra sociedad civil siga siendo demasiado débil y que el Estado siga siendo demasiado fuerte.

En una entrevista, en 2020, Daron Acemoglu le dijo a Harvard Political Review:

“Las buenas instituciones a veces serán presa de exactamente las mismas fuerzas que traen mejores reformas, y no creo que eso esté fuera de discusión ahora. Por ejemplo, lo que estamos viendo en lugares como México en este momento, con Andrés Manuel López Obrador, es una situación en la que alguien llegó al poder debido a un profundo descontento --quizás similar al que sienten las minorías y los grupos desfavorecidos en los EE. UU.-- entre muchos grupos indígenas y otros mexicanos pobres. Estos grupos sintieron que las instituciones políticas no estaban funcionando para ellos y, por el contrario, estaban sesgadas en su contra. Pero López Obrador no está tratando de resolver sus problemas construyendo instituciones; en cambio, tiene una agenda de demoler muchos aspectos de las instituciones”.

Daron Acemoglu

El argumento de los autores en el libro es que cuando la sociedad está dividida contra sí misma, se vuelve mucho más difícil que surja cualquier competencia de suma positiva entre la sociedad civil y el Estado. La cohesión de la sociedad civil no es imposible, pero es un gran desafío cuando los políticos buscan explotar la división y polarizar a la sociedad.

David Eaves publicó un ensayo en el sitio de Harvard Kennedy School hace unos días. Argumenta que un dilema central para cualquier ciudadano interesado en el gobierno es la naturaleza dual del Estado. Por un lado, puede ser una fuerza poderosa para el bien: aprovechar y colectivizar recursos para crear o hacer cumplir reglas y normas que respalden los bienes públicos. En este papel, los Estados han creado resultados milagrosos: sistemas de alcantarillado, salud y educación pública, tribunales: bienes públicos que han mejorado radicalmente la vida de las personas. Por otro lado, el mismo poder, tipo Leviatán, que puede hacer que el Estado sea fundamental para crear valor público, también lo hace aterrador. Lamentablemente, el mundo está lleno de ejemplos del poder estatal utilizado para desplazar, castigar y aterrorizar a las comunidades marginadas, emprender guerras de agresión o simplemente eliminar la disidencia. Por lo tanto, la tarea de construir nuevas capacidades estatales siempre estará plagada de dilemas.

En 2009, como asesor de la Oficina del Alcalde de Vancouver, David Eaves propuso y ayudó a redactar “Open Motion”, que creó uno de los primeros portales de datos abiertos en Canadá y el mundo. David también asesora a organizaciones sin fines de lucro y grupos de defensa en negociaciones críticas. En 2018, fue nombrado como una de las 20 personas más influyentes del mundo en el gobierno digital, de Apolítico.

Los países necesitan que el Estado y la sociedad trabajen en conjunto

Los países exitosos necesitan que el Estado y la sociedad trabajen juntos y se controlen mutuamente. Si el Estado se vuelve demasiado fuerte, anula la disidencia y la libertad, lo que impide que la sociedad desarrolle innovaciones. Un Estado sin control se convertirá, con el tiempo, en un ente incapaz de resolver nuevos problemas. Por el contrario, un Estado relativamente débil es incapaz de regular las disputas de la sociedad, supervisar los derechos de propiedad y crear bienes públicos. En resumen, no puede proporcionar las condiciones que permitan a la sociedad fomentar nuevas ideas o permitir que surjan innovaciones en beneficio de todos.

Tanto la capacidad del Estado como la capacidad de la sociedad para restringir o encadenar al Estado, deben crecer en conjunto, cada uno compitiendo, cada vez más rápido, para mantenerse al día con el otro. Asegurar esta negociación constante entre los dos, Estado y sociedad, es el secreto para entrar en el “corredor angosto” que nos puede llevar al 2024 creando valor público y limitando el poder para prevenir abusos.

Javier Treviño en Twitter: @javier_trevino