Es indiscutible que antes de Andrés, México ya tenía grandes retos y necesidades. Es cierto que muchos lo apoyaron y que los fue decepcionando o traicionando hasta que el desengaño finalmente llegó.

La función del presidente es gobernar para el pueblo, no servirse de ser gobierno ni que el pueblo le sirva.

“El Estado soy yo”

Es una afirmación pronunciada en París por Luis XIV al ver el desacuerdo que la Corte tenía frente a la aprobación de los edictos presentados por el monarca. La frase hace alusión a la discusión absurda para él, que esperaba que sus propuestas fuesen aceptadas sin cuestionamientos. Igual pasa con las iniciativas y decisiones absolutistas de AMLO en pleno siglo XXI.

Hoy vemos a un presidente acorralado por sus mentiras, traiciones e ineficacia, iracundo y fuera de sí.

Las últimas declaraciones con que AMLO trata de defender sus hijos y a él mismo lo muestran de cuerpo completo como un vil autoritario, corrupto y mentiroso que ha traicionado al pueblo de México.

No mentir, no robar y no traicionar” no fue más que una frase publicitaria para captar votos y una absoluta mentira. Una forma vil e hipócrita de engañar al pueblo y de traicionar la esperanza de cambio que prometió.

Vena autoritaria

Sin el menor recato y con total cinismo, violó la ley al exhibir públicamente los datos personales de la periodista responsable del reportaje del NYT donde se habla de sus presuntos nexos con el crimen organizado.

Lo hizo convencido de estar haciendo lo correcto, porque desde su distorsionado punto de vista, él está por encima de cualquier ley.

Lugo la amenazó, olvidando que en su administración es donde más periodistas desaparecidos y victimados se han registrado: “Si ustedes calumnian, aquí (con ademanes intimidatorios con sus manos) hay replica con todo sea quien sea” lo dijo y lo repitió a un reportero en Mazatlán el pasado sábado.

Por encima de todo y de todos

El presidente ha querido someter a la SCJN que representa la ley y el marco legal que nos rige, el poder judicial adquirió el papel republicano que le mandata la Constitución después de la reforma de 1994, cuando se redujo de 23 a 11 ministros y se creó el Consejo de la Judicatura.

Sin embargo, colocándose por encima de todos y con toda naturalidad AMLO admitió que Arturo Zaldívar, exministro presidente de la SCJN, hoy parte del equipo de su candidata Claudia Sheinbaum, le ayudaba al gobierno a influir en las decisiones de jueces.

AMLO siempre ha presumido de tener una supuesta autoridad moral, de no ser corrupto y de que sus hijos y familiares no se meten en política ni en nada que tenga que ver con su gobierno.

Mentiras

La primer mentira fue en campaña sobre su perdón: siempre ha sido un cristiano conservador, misógino y con tintes fascistas.

Para configurar su poder absolutista ha pretendido darle mayor poder a las fuerzas armadas. Después de haber prometido no militarizar, metió al ejercito en todo y le quitó su esencia al retirarle labores que ejecutaban de manera impecable como el Plan DNIII.

AMLO nunca aprendió que “el pueblo” son las personas que forman parte del Estado, sin distinción de raza, género, religión, nivel económico, social o preferencias políticas.

El pueblo, según Andrés es quien lo adula, lo reverencia y, quien difiere es corrupto, neoliberal, conservador y demás epítetos que lanza para descalificar, discriminar y dividir, porque a ese grupo de personas, no los considera “pueblo”.

La gran decepción

Prácticamente, después del movimiento del 68, con Díaz Ordaz, hasta ahora, no había habido tal rechazo y decepción hacia un presidente de la república y se muestra de muchas formas, como la gran concentración del domingo 18 de febrero, donde la ciudadanía exigió mantener y respetar las instituciones democráticas como el INE y la SCJN, o las muestras de repudio que el pueblo le expresa en sus giras como ya pasó en Veracruz, Tabasco y apenas el sábado, en Mazatlán.

Vivimos la “Gran Decepción” y aún así, el oficialísimo pretende la continuidad.

¿Por qué le sigues creyendo?

X: @diaz_manuel