26 de octubre de 2021 | 23:18
Opinión

Cascada mexicana

¿Tendremos la sabiduría para realizar los cambios que necesitamos en México?
AMLO en su tercer Grito de Independencia
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Las fiestas de celebración de la Independencia de México me pusieron a pensar sobre una “cascada mexicana”. Paradójicamente, es precisamente en los tiempos de la 4T cuando la necesidad de transformación es mayor. ¿Tendremos la sabiduría para realizar los cambios que necesitamos en México? Sabemos que la economía debe crecer para generar los empleos que los mexicanos merecen. Pero no se alienta la inversión privada. Al contrario, a menudo se le ahuyenta con el cambio sorpresivo en las reglas del juego desde el ejecutivo y el legislativo.

Debe haber una una razón por la que las naciones fracasan, las empresas quiebran y las coaliciones políticas se descarrilan. La alianza Va por México, por ejemplo, asumió que la mera necesidad podría impulsar el cambio, pero la realidad les demostró que esto no es así. Cuando un cambio es necesario, siempre habrá a quienes no les gustará y harán todo lo posible por impedirlo, ya sea de de manera solapada o insidiosa.

Nuestro país se transformó en los últimos 40 años. A pesar del enorme impacto de esos logros en la vida de cada mexicano, ninguna de esas transformaciones exigió que las personas tuvieran que cambiar drásticamente su comportamiento. Pero hoy, después de la pandemia, la historia es muy diferente. Una crisis como Covid-19 nos obligó a alterar significativamente nuestra vida y, como era de esperar, a algunas personas no les gustó y se resistieron. Cubrebocas y vacunas es la nueva constante.

Los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad deberían entender que las personas no toman decisiones basadas en cálculos racionales de utilidad. Incluso con los incentivos adecuados, no se puede controlar el comportamiento de nadie. Lo que importa es reconocerlas y respetar su dignidad. No es cierto que cuando una persona entiende el cambio lo acepte. No basta con explicar la necesidad de cambio. Por más convincente o persuasivo que sea. El cambio no es sólo un un ejercicio de comunicación. Para lograr un cambio, hace falta identificar valores compartidos que reafirmen el sentido de identidad de las personas. Las personas no quieren recompensas, sino reconocimiento. Están hartos de la polarización. Quieren que confiemos unos en otros. Así es como se da la transformación.

Hace un par de años, leí el libro “Cascades: How to Create a Movement that Drives Transformational Change” de Greg Satell, un experto en transformación y cambio. Ahí se revela cómo iniciar y mantener un cambio a gran escala y aprovechar el poder de las cascadas: los pequeños grupos que están débilmente conectados pero unidos por un propósito común.

El cambio forzado no es sostenible. “El papel de los líderes”, escribe Satell, “ya no es coaccionar la acción, sino inspirar y fortalecer la fe”. Explica cómo funcionan los grupos pequeños y por qué “la información se transmite no a través de mejores amigos, sino de conocidos casuales”. No se conecta con los “influyentes” porque “el cambio es una cuestión de redes y no de nodos”. Es el modelo de umbral de comportamiento colectivo. No sólo puedes buscar a los que piensan igual, también debes traer a los no convencidos y escépticos. Si el deseo de cambiar permanece con los fanáticos, no irá a ninguna parte.

Satell expone seis principios para crear un cambio transformador y reenfocar esfuerzos en hacer una diferencia a través de la construcción de un terreno común.

1. Identificar un cambio clave.

Comienza con un agravio. “Sin embargo, para tener éxito, debes ir más allá del agravio para identificar una visión afirmativa de lo que te gustaría que fuera diferente y luego identificar un cambio único y fundamental que traerá esa visión”. Para Gandhi fue la sal. La alternativa que se presente debe ser mejor no sólo para los creyentes, sino también para aquéllos fuera del grupo. Habla de los valores comunes a los que están fuera de tu grupo. La única forma de ganar es construir un vínculo de confianza.

La piedra angular es un “tema fundamental que encapsula el valor de la misión: un cambio fundamental que es concreto y tangible, une los esfuerzos de múltiples partes interesadas y allana el camino para un cambio mayor”. Debes crear un sentido claro de propósito. No hay que enamorarse de tus propios lemas y porque si lo haces nunca podrás pasar de ellos.

2. Hacer un plan.

Empieza por el lugar al que quieres llegar y descubre cómo llegar allí. Comprende de dónde proviene la resistencia y pregúntales cómo pueden estar convencidos de que este cambio es lo mejor para ellos, o que al menos no vale la pena luchar contra él. ¿A quién necesitas conquistar? Si bien la victoria no requiere que ganes a todos los que se resisten al cambio, debes erosionar el apoyo de tu oposición.

Los planes que se centran únicamente en reunir a los fieles están condenados al fracaso. Lo único que lograrás es fortalecer el apoyo de quienes se oponen a tu visión del cambio. Nadie quiere perder, pero todos quieren un mañana mejor. Una lucha por el cambio no es un debate. No tienes que ganar todas las discusiones. Lo que debes hacer es obtener el apoyo de aquéllos que no necesariamente están de acuerdo contigo desde el principio.

3. Construir una red de grupos pequeños.

El cambio no ocurre solo. A menudo, un solo líder ocupa un lugar preponderante como Gandhi, Mandela o Martin Luther King, pero son sólo parte de una red profunda de grupos que se ha ido formando a lo largo del tiempo. Fueron maestros en la creación de redes. Para construir un movimiento, necesitas una red de pequeños grupos unidos por un propósito común. Las organizaciones que no ganan terreno en su búsqueda del cambio es porque “en su búsqueda por cambiar al sistema, evitaron cualquier vínculo con las instituciones existentes. En lugar de utilizarlas como pilares de apoyo, las rechazaron activamente”. No permitieron que otros se conectaran con ellos.

Para ganar poder, los movimientos incipientes deben trabajar para posicionarse en el centro de las redes que los rodean. Esto no tiene nada que ver con la ideología. Muchos movimientos tomaron lo que alguna vez se consideraron posiciones extremas. Sin embargo, al hacer nuevas conexiones continuamente, pudieron cambiar el centro de las redes y ganar influencia. En resumen: “para crecer, tienes que conectarte, y cuanto más te conectas, más central te vuelves. Cuanto más central te vuelves, más poder tienes. Y con suficiente poder, puede provocar un cambio”.

4. Adoctrinar genomas de valores.

Debes defender algo. Y estos valores deben ser comunicados y vividos a través del comportamiento del liderazgo. Todos los adherentes al movimiento deben internalizar estos valores para que se conviertan en una segunda naturaleza para ellos. En el calor del momento, es fácil dejarlos a un lado y responder de manera inconsistente. “Se siente bien responder a una publicación sarcástica en las redes sociales con una que la encabece. Sin embargo, cuando respondes en el momento, arriesgas todo el trabajo que has venido haciendo desde antes “.

5. Crear plataformas de participación, movilización y conexión.

Un movimiento exitoso facilita la participación de las personas. La barra de entrada es baja. Un levantamiento que no sea violento invita a una mayor participación. “Los movimientos fallidos unen a los fieles y demonizan a los que no comparten sus ideas o su compromiso. Ellos expresan su punto pero no logran marcar la diferencia”.

6. Sobrevivir a la victoria.

Es común que los movimientos de cambio se desmoronen una vez que se ha cumplido el objetivo. Dejar atrás la batalla y aprender a gobernar se vuelve clave. “Los movimientos exitosos sobreviven a la victoria manteniéndose fieles a sus valores incluso después del triunfo inicial”.

“Siempre es más fácil actuar en el momento o priorizar una necesidad o deseo inmediato que mantener la disciplina y vivir de acuerdo con los valores en los que profesas creer”. El mantenimiento viene después de la victoria. Debes pensar en lo que viene a continuación. “Estamos tan concentrados en vencer a nuestros oponentes hasta la sumisión que no nos damos cuenta de que eventualmente se levantarán de nuevo, aprenderán las lecciones de su fracaso y volverán a luchar con renovado vigor. Es por eso que a menudo logramos hacer nuestro punto, pero no logramos marcar la diferencia “.

La transformación no se trata de decisiones tomadas en un escritorio, una mesa de juntas o en una sala de prensa, sino sobre lo que sucede en el terreno, con la gente. Si las organizaciones se lo proponen, se puede iniciar una “cascada mexicana”.

Javier Treviño I Twitter: @javier_trevino