15 de octubre de 2021 | 14:44
Opinión

El show de Ricardo Anaya

¿Construir una candidatura presidencial victimizándose? Alguien que en su afán de ser presidente despedazó al PAN.
Ricardo Anaya
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Ricardo Anaya es un político hábil e inteligente, aunque también, un actor de reparto de una tragicomedia que, en estos tiempos, está a la altura de lo que significa la oposición, es decir, en términos políticos menguada.

El queretano pretende vendernos la idea que no tiene otra alternativa más que refugiarse en el vecino país de Estados Unidos para, desde allí, planificar la estrategia jurídica porque, según él, el presidente lo quiere encarcelar.

Empero, ¿llevarlo a la justicia por una cuestión política?, no. Si Ricardo Anaya tiene señalamientos y un expediente en la Fiscalía General de la República, que responda, así de sencillo. De hecho, no es la primera ocasión que esto ocurre: en plena campaña del 2018 fue acusado de presunto lavado de dinero a través de empresas fantasma por la cantidad de 54 millones de pesos de un lote industrial en venta.

Eso sembró muchas dudas en la reputación del excandidato presidencial. Hay quienes aseguran que fue una guerra sucia del propio, Enrique Peña Nieto. Sin embargo, esa premisa, marcó un precedente que pone en entredicho su comportamiento.

Y, por si eso no fuese poco, la FGR investiga a Ricardo Anaya de acuerdo al proceso de indagatoria por el caso del ex funcionario, Emilio Lozoya. Las acusaciones: enriquecimiento ilícito. Vaya golpe, aunque muchos lo interpretan como una maniobra política, esto puede ser un acto de justicia si es que se comprueba su participación en actos de corrupción.

Mientras tanto, el golpe que asentó la FGR, obligó a Ricardo Anaya a prácticamente huir. Qué casualidad que, en esos momentos, todos tienen que viajar; él asegura que lo quieren fregar. Se va a Estados Unidos tal vez con otra intención: construir una candidatura presidencial victimizándose. Pero, quizá, el manejo estratégico no sea el adecuado.

Él mismo se puso contra las cuerdas; es muy probable que la técnica no le funcione. Querrá atraer la atención del vecino país, tal y como lo hará la oposición al acudir a los organismos internacionales. No sé si esa sea la panacea. Pero ¿hasta dónde puede llegar una intervención diplomática? Sí él asegura que el presidente no quiere que sea el candidato de oposición rumbo al 2024, debe tener la seguridad de que, su poder de convocatoria, es inmenso.

Se conformó con huir al extranjero. Entonces, por qué no enfrentar a la justicia con el respaldo popular que asegura tener. Que no sería mejor conformar comités ciudadanos de defensa; utilizar mecanismos de comunicación para aclarar los hechos; la protesta pacífica pudiera ser una alternativa de organización sí es que la verdad está de su lado ¿por qué huir?. Podría suponerse que es más viable autodenominarse “perseguido político”. Por ese control autoritario pasaron Fidel Castro y Hugo Chávez, aunque, la naturaleza de esa revolución, es totalmente ajena y beligerante para un actor como Ricardo Anaya.

No creo que él forme una fuerza con esa dimensión, es más, no la tiene. Su carrera política prácticamente se construyó en base a la traición. Se apoderó de todos los mecanismos posibles e hizo a un lado, a todo aquel que se interpuso. En su afán de ser presidente de la República despedazó al PAN, y arrastró al PRD a la tumba. Con esa historia y con esa condición, trata de victimizarse. No sé qué tan factible sea que la oposición lo respalde; su posicionamiento lo reconoce la dirigencia del PAN, aunque no lo respalda. Seguramente ven con buenos ojos su salida del país; puede ser un recurso para la propia alianza que, quizá, busca que Ricardo Anaya se desgaste o, corre el riesgo que tome más fuerza. Puede ser.

Aunque, la forma en que podemos denominar este hecho, no es más que la construcción de una trama cuyo desenlace es promover su imagen, esta vez, como un “perseguido político’'. Un auténtico Show. Hay que reconocer su actuación, es muy buena, pero calculó mal. Ante los ojos de todos huye del país porque es culpable; vivir al amparo del refugio extranjero, no le garantiza nada.

De hecho, la FGR concluyó que hay pruebas que pueden ser irrefutables. En tanto, Ricardo huye, y pone en entredicho su presunta inocencia.