El presidente del consorcio, Donald Trump, convocó a sus principales empleados de confianza:

1.- Javier Milei (argentino), director de Imagen y Relaciones Públicas: encargado de la estética de la libertad de mercado y de difundir el guion ideológico enviado desde Florida.

2. Nayib Bukele (salvadoreño), jefe de Escoltas y Seguridad Perimetral: responsable de la mano dura y de que nadie se salte las trancas operativas.

3. José Raúl Mulino (panameño), gerente de Embarcaciones y Logística: asegura que el tráfico por el Canal fluya sin contratiempos para las naves de EEUU.

4. Daniel Noboa (ecuatoriano), supervisor de Almacén y Aduanas: control estratégico de mercancías e inventario de seguridad alineado con el cliente principal.

Las columnas más leídas de hoy

5. Santiago Peña (paraguayo), asistente de Tesorería: encargado de cuadrar las cuentas regionales y facilitar las transacciones que Washington considere necesarias.

6. Luis Abinader (dominicano), conserje del Caribe: mantiene el orden y la seguridad migratoria en la zona de descanso y comercio cercana a Florida.

7. Rodrigo Chaves (costarricense), oficial de Cumplimiento: asegura que las normativas del istmo no choquen con los intereses corporativos del norte.

8. José Antonio Kast (chileno), pasante de Gerencia de Mercadotecnia: haciendo méritos en la oficina de Florida para demostrar eficiencia antes de asumir el mando completo.

9. Kamla Persad-Bissessar (trinitense), administradora de Suministros Energéticos: encargada de que el flujo de gas y recursos del Caribe no sufra interrupciones en la cadena de producción.

10. Nasry Asfura (hondureño), capataz de Infraestructura: responsable de mantener las vías y bases de apoyo listas para cualquier expansión operativa en Centroamérica.

11. Rodrigo Paz (boliviano), gestor de Extracción de Materia Prima: encargado de supervisar que los depósitos estratégicos del sur estén disponibles para los requerimientos tecnológicos del consorcio.

12. Irfaan Ali (guyanés), operador de Nuevos Yacimientos: el encargado de la sucursal de mayor crecimiento, vigilando que el reciente auge de activos sea gestionado bajo la tutela de la oficina central.

Acta de la junta extraordinaria: Shield of the Americas, Inc.

Lugar: Piso 47, Torre Trump (subdivisión Mar-a-Lago) Presidente del consorcio: Donald Trump

Asistentes: Los 12 empleados del mes (o de la década o del siglo, y aun del milenio; esto según el humor del jefe).

El aire en la sala de consejo está tan cargado de tensión que una chispa podría hacer volar todo el hemisferio con más furia que los bombardeos a Irán. El presidente del corporativo, Trump, entra golpeando la mesa con un fajo de aranceles recién impresos.

—Escuchen, perdedores,— ruge el mero mero, ajustándose la corbata de seda roja. —He visto los números del último trimestre y son un desastre. ¡Ustedes valen madre! Cuando me hagan caso, esta empresa va a ser tan grande que les va a doler la cabeza de tanto ganar, pero si alguno de ustedes vuelve a fallar, lo corro.

Se detiene frente a Javier Milei, quien está tratando de explicar la teoría del valor de la escuela austriaca de economía mientras agita una motosierra de juguete. —¡Javier! ¡Ya déjate de pendejadas y ponte a trabajar! Me encanta tu look de rockero despeinado, muy vintage, muy disruptivo. Pero si vuelves a mencionar la enredosa escuela austriaca antes de que yo termine mi Coca-Cola Light, te mando de regreso a Buenos Aires en un vuelo comercial. ¡En turista y sin equipaje! O desarrollas mis hoteles y campos de golf en el Cono Sur, hasta en la Patagonia, o te busco un reemplazo que genere buen dinero sin hablar tanto de la mano invisible de Adam Smith, un cuento de economistas huevones que sirve para pura chingada.

Luego, Trump fulmina con la mirada a Nayib Bukele, que está intentando tomarse una selfie con el logo de la empresa. —¡Nayib! ¡No seas ególatra! Me gusta tu estilo de gerente de seguridad de casino de Las Vegas, muy rudo, muy cool, muy cabrón en modo fifi. Pero tu supercárcel no genera ya réditos de imagen a mi gobierno. Invéntate otra cosa urgentemente o te despido.

Trump camina hacia José Raúl Mulino y Daniel Noboa. —El Canal de Panamá tiene que ser mi pasillo personal. Si veo un solo barco que no me guste, Mulino, te vas a dedicar a inflar botes de hule en una piscina de Acapulco. Y tú, Noboa, ni para qué perder el tiempo contigo, nomás no das una.

Se gira hacia el resto del grupo: Kamla Persad-Bissessar, Nasry Asfura, Rodrigo Paz, Rodrigo Chaves, Luis Abinader, Irfaan Ali, Santiago Peña y José Antonio Kast. —De ustedes mejor ni me ocupo; son tan turulatos en el desempeño del trabajo asignado que me deprimen.

Finalmente, Trump consulta su reloj de oro, recoge sus carpetas y se dirige a la salida con paso firme

—Ahí se ven. Tengo prisa porque voy a una reunión que sí importa. Me espera mi socia comercial —socia, ¿entienden, pendejos?, socia y no empleada como ustedes comprenderán, Claudia Sheinbaum. Su país, México, al que aquí critico para ver si jalo algunos votos extra al Partido Republicano, sí pesa: vale lo mexicano para mí varias veces lo que sumadas representan las economías de ustedes. México, me guste o no, es el principal socio comercial de EEUU. Esa relación sí cuenta, no como las cumbres de pura vacilada que organizo con ustedes, los lambiscones .