My way or the high way

(A mi manera o cuesta arriba)

Dicho estadounidense

Andrés el Opaco se descubre; el “soberano” de sus decisiones, quien dijo “¡Al diablo las instituciones!” y no le creyeron. El falso profeta habló y expresó lo que él cree, de lo que está absolutamente convencido: “solo mi razonamiento es verdadero, solo lo que creo existe y no puede ser objetado por nadie”.

Con la publicación en el Diario Oficial de la Federación de desquiciado decreto niega de un plumazo todas las instituciones y el andamiaje jurídico de nuestro país. AMLO está convencido de que no lo requiere, que cuenta con la razón. El contrato social y la Ley de Amparo son para otros, para quienes no son los dueños de la verdad absoluta.

Él se considera superior, solo así se entiende su decreto. Desde el balcón de su megalomanía se ríe de nosotros.

López Obrador sufre de delirios; no comprende las críticas a su gobierno y por eso mismo no permite que se le cuestionen los errores, las manchas, a pesar de que estas le estrellan en la cara.

Se cree merecedor de todas las confianzas, pero al no recibirlas publica un decreto que solo permite la creencia ciega.

Dentro de poco, desde su desvarío de grandeza y soberbia absolutos, cualquier crítica a su gobierno o a su actuar será considerada como un agravio que pone en riesgo la seguridad nacional.

Lo que hace es sustituir el contrato social por su persona, por el individuo; su locura es ahora ‘el todo’ de una nación.

La información será reservada y todas las obras podrán otorgarse por adjudicación directa pues quien se considera infalible, ¿para qué se requiere de concursos, de debate, de transparencia? Total, él nunca se equivoca.

AMLO se comporta como una deidad que no requiere la autorización ni del diálogo con nadie, salvo cuando entablarlo le divierta.

Actúa en la obscuridad de su mente y con este decreto niega la Ley de Amparo; esa, según él, es solo un convencionalismo social creado para servir a los poderosos y para amordazarlo.

No hay que intentar cambiar el razonamiento del rey encubridor; eso es inútil. Haríamos mejor si comprendemos de una buena vez que él tergiversa la realidad en la que vivimos y que lograrlo requiere mucha opacidad.

El presidente se sabe electo copiosa y democráticamente, y eso, a su juicio, le da el derecho a la discrecionalidad y al poder omnímodo. ¿Rendir cuentas? Eso es únicamente una injusta y tramposa camisa de fuerza.

La falsa idea sobre su propia grandeza, su deseo de control son notables y se supera día con día; el decreto muestra SU realidad.

Andrés Manuel no va a cambiar, así es su psicología y su forma de ser. Está convencido de que le asiste la razón, mas lo malo no es eso, sino esto otro: utilizará todos los medios legales a su alcance para imponerla. Un decreto para anular otras voces y para —entre otros cosas— demostrar que no se equivoca….

Por si fuera poco, la demencia supone un elemento más: él se “sacrifica” por su familia, por su pueblo, y eso le da derecho a prestarse a oídos sordos a cualquier otra palabra.

Nunca el estar convencido de tener la razón debiera ser razón suficiente para imponerla…

En su cabeza está convencido de que solo él puede proteger a su grey, por eso la figura de amparo no es necesaria. Ese es el nivel de obcecación y enajenación.

López Obrador ‘solo contra el mundo’, así se ve y ese es su motor. Su “misión” es hacernos ver la realidad, aunque esté tan distorsionada como su forma de entender el mundo.

Como mexicanos debemos ante todo entender su psique. Debemos darnos cuenta que para negar su desvarío a la opacidad ahora le llama ‘seguridad nacional’.

El monomaníaco de Palacio tiene nombre: Andrés, el Opaco. Y hay también terapeutas emocionales, estos se llaman Fuerzas Armadas. El ejército se ha vuelto su psiquiatra de cabecera. Entendámoslo de una buena vez.

Verónica Malo el Twitter: @maloguzmanvero