IRREVERENTE

Les platico en sábado, algo que por delirante resulta hilarante:

Damián Alcázar es un buen actor, ni duda cabe.

Pero por su abruptamente interrumpida faceta como político ciudadanizado, merecería con todo rigor lo que da en llamarse “anatema”, que es la excomunión o exclusión de una persona, de la comunidad a la que pertenece por sus creencias e ideologías.

Cierto, la palabra esa -“anatema”- suele usarse en el contexto religioso y más en el de la Iglesia Católica, pero nuestro lenguaje permite que tenga aplicaciones más allá de ese contexto y con el debido respeto y con permiso de la RAE, yo la uso aquí en el ámbito de la actuación y de la política.

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¿Y la hematoma, vulgo moretón? Ah, pues serían los que brotan por todos lados como producto de una “anatema”.

¿¡Arre!

Damián tuvo un fugaz episodio como político que lo llevó a ocupar en el 2016, uno de los 100 diputados de la primera Asamblea Constituyente de la CDMX.

Fue la encargada de elaborar la Constitución que rige los destinos del otrora DF y llegó a ese puesto mediante una representación proporcional del voto directo, respaldado por Morena, que era presidido entonces por don Andrés Manuel.

Tuvo como compañeros de bancada a Javier Jiménez Espriú (ex titular de la SCT), Irma Eréndira Sandoval (ex titular de la secretaría de la Función Pública), Jesús Ramírez Cuevas (vocero de la Presidencia), Bertha Luján (mamá de la secretaria del Trabajo y Previsión Social), Aristeo López Pérez, Gabriela Rodríguez y a los que también actores: Bruno Bichir y Héctor Bonilla.

La Asamblea fue instalada el 15 de septiembre de 2016. Se puso el 31 de enero de 2017 como límite para la aprobación de la constitución capitalina y fue aprobada ese mismo día, entrando en vigor un año después.

El gran faltista

Damián fue exhibido como “el gran faltista” de dicho proyecto, pues solo se presentó a cuatro sesiones del total de 16. Se ausentó del proyecto constitucionalista durante tres meses.

¿Motivo? Damián dijo que fue por motivos de trabajo, pero no especificó.

Les platico los detalles: Prefirió irse a Colombia para actuar en la 3ª temporada de la serie de Netflix “Narcos”, donde representó el papel de Gilberto Rodríguez, “El Ajedrecista”, líder del Cártel de Cali, con acento colombiano -de su parte- y toda la cosa.

Además, seis del tipipuchal de faltas que tuvo fueron por una gira de tres meses que realizó por diversas ciudades de México, presentándose en una obra de teatro.

Al ser exhibido, Damián no tuvo más remedio que pedir “licencia” a tan honroso cargo y Alejandro Encinas, presidente de la mesa directiva de la Asamblea, lo destituyó el 11 de marzo de 2017, entrando al quite Jaime Rojo, suplente del actor.

Por cierto, Rojo no registro ni una sola falta en su encomienda.

A pesar de esto, don Andrés Manuel lo llama -junto a Epigmenio Ibarra- “defensores de la 4T” y fue más allá al decir de ellos lo siguiente: “No presumen ser de izquierda, y lo son.

Tampoco, como otros, fingen ser liberales y actúan como conservadores”.

Quién sabe qué quiso decir el presidente con esta última acepción, pero así lo dijo.

Con todo esto...

Ayer viernes, Damián Alcázar arrancó el mes de julio con el siguiente twitt en su cuenta:

“Calderón no pudo terminar una refinería, Peña Nieto no pudo terminar un aeropuerto, AMLO hizo las dos cosas a mitad de sexenio. ¡Eso es la transformación! Por eso votó el pueblo de México hace 4 años el 1 de julio del 2018, por un cambio verdadero”.

Si Damián le llama “inaugurar una refinería” a la “ceremonia” que tuvo lugar en Dos Bocas para mostrar las oficinas del lugar y unas calles con los cordones de banqueta pintados de amarilla y exhibir una maqueta, ya valió madres, Damián y también el País.

Si Damián le llama “inaugurar un aeropuerto” al AIFA, que no tiene ni tendrá espacio para carga -que es el factor que representa el 75% de los ingresos en TODOS los aeropuertos del mundo-; que no tiene ninguna certificación de las que requieren los aeropuertos de calidad internacional; que no es reconocido como tal por las reglas aeronáuticas mundiales; que para poder operar obliga a las aerolíneas a volar por ese lugar construido en medio de la nada, demorando deliberadamente el carreteo de los aviones por las pistas del Benito Juárez y demora hasta por dos horas la entrega de equipaje a los pasajeros; que no tiene servicio regular de transportación terrestre; que no registra operación comercial de negocios dentro, a no ser por la vendimia montada en la “inauguración” por la exitosa oaxaqueña de las tlayudas; entonces -también- ya valió madres, Damián y el País.

¿Y la predestinación?

Esta palabra se refiere a la voluntad divina que elige a los que son merecedores de lograr la gloria.

Por sus escarceos en temas políticos, fuera de su oficio, que es la actuación, Damián siente que es un predestinado.

Y como el mismo presidente lo alaba, Damián se la cree.

Ahí lo tienen, preconizando al presidente cada vez que puede… o que lo necesita, igual que lo hace Epigmenio.

Pero hay un “pero” al respecto en esta senda que de repente escoge:

No tiene nada de qué presumir y por ende, nada que lo justifique en su faceta de “político ciudadanizado”, después de que ahora sabemos el desmadrito que se cargó cuando le encargaron la encomienda como constituyente de la CDMX.

CAJÓN DE SASTRE

“¿Estamos, Damián?”, remata la irreverente de mi Gaby.