La tarde-noche del 6 de septiembre se llevó a cabo la prueba de la unidad política del partido Morena y sus aliados políticos. Una suerte de “temblor” político septembrino sucedió ese miércoles, en un hecho que no se había registrado en la historia política de esos institutos.

Por fortuna, la actitud que tomaron los órganos responsables del proceso de selección de quien coordinará los trabajos para dar continuidad a la “transformación”, fue contundente y sin titubeos, pues no se permitió que alguno de los aspirantes, aquel que no fue favorecido por los resultados de las encuestas, descarrilara dicho proceso (caray, lo que es no saber cuidar al movimiento social).

Una vez que se superaron los escollos, lo que sigue es trabajar en unidad, tanto en la organización de la campaña electoral como en la integración del proyecto de nación.

En 2017 hice un perfil breve sobre la figura política y académica de Claudia Sheinbaum Pardo; eso fue durante los meses previos a la contienda por la jefatura de la Ciudad de México. Retomo algunos fragmentos de dicho texto porque encuentro que son vigentes en la actual coyuntura.

Ahí señalé que “durante el Congreso Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en 1990, conocí a las doctoras Annie Pardo, Monserrat Gispert y Rosaura Ruiz, quienes fueron mis compañeras, entre varias mujeres universitarias valiosas, en la mesa de “Investigación” de ese evento universitario extraordinario, democrático y plural, en la vida reciente de la máxima casa de estudios.

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Todas ellas personas inteligentes y cordiales, de trato personal amigable.” (ver el texto: “Claudia Sheinbaum Pardo”).

“De la Facultad de Ciencias se conocía a una gran cantidad de docentes, investigadores y académicos en general, que habían participado en diversas luchas sociales por las libertades democráticas y que, particularmente, eran activos, de gran peso por cierto, en la lucha sindical dentro de la UNAM durante décadas.”

También recordaba en ese texto, respecto de esa misma Facultad, por ejemplo, a personalidades académicas como “Rafael Pérez Pascual, Juan Manuel Lozano, Antonio Lazcano Araujo, Ana María Cetto, Luis de la Peña, Manuel Peimbert, y a muchos otros, que destacaron durante años en la vida académica, tanto por su brillante trayectoria en la investigación científica como por su participación política y social.”

La doctora Annie Pardo Cemo, madre de Claudia, tiene y tenía desde entonces presencia sobresaliente como académica e intelectual en el área de la Biología, con un valor adicional: su fuerte compromiso social, dentro y fuera de la UNAM.  Ella es, en mi opinión, una de las mujeres universitarias, investigadoras y luchadoras sociales más serias y respetadas, desde hace décadas, en los círculos universitarios de México y del extranjero.

Al revisar algunos datos sobre su historia, me encontré con este texto firmado por la misma Annie: “Admiro a los científicos que han cambiado los conceptos de la Biología y en especial a aquellos que, además de hacer contribuciones científicas, tienen una perspectiva social”.

Como es sabido, Claudia Sheinbaum Pardo sigue los pasos de su madre. Además de ser una investigadora con una amplia trayectoria en el área de la ingeniería (aunque surgida de la Facultad de Ciencias), es una luchadora social comprometida, no desde hoy, sino desde los tiempos en que surgieron las grandes movilizaciones en la Ciudad de México, hace 30 años, al final del siglo XX: Primero, en las brigadas juveniles después de los sismos de 1985 y, más tarde, como representante de su facultad en el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), que defendió a la escuela pública y se opuso a la reforma universitaria autoritaria del rector Jorge Carpizo, en 1986.

En ese ambiente se formó Claudia Sheinbaum. Ese fue su círculo intelectual y social, en el cual obtuvo y desarrolló su preparación profesional y conciencia cívica.  Ha estado activa en la ciencia y en la política; en los laboratorios y en las calles. Y ha sido congruente con ese perfil y fiel a sus convicciones democráticas. Es una mujer de intenso trabajo científico, con experiencia como gobernante y alto compromiso social.

Hoy, Claudia es prácticamente candidata de la coalición política integrada por los partidos Morena, del Trabajo y Verde Ecologista para contender por la Presidencia de la República en las elecciones constitucionales del 2024. Ahora se encuentra en el escenario más complejo de la política y la vida nacional. No es poca cosa: Sería la primera presidenta en la historia de México, para ocupar el cargo durante el periodo 2024-2030.

La doctora Claudia es fuerte contendiente para obtener la victoria electoral el próximo año, porque su elección, realizada mediante estudios demoscópicos, viene de abajo no de “arriba”, puesto que para ello se tomó en cuenta la opinión de más de 12 mil ciudadanas y ciudadanos en esos estudios de campo, en vivienda.

Claudia es una candidata con una sólida preparación académica y una larga trayectoria en las luchas democráticas y los derechos ciudadanos en México; esos son los dos rasgos principales que percibo como fortalezas en el perfil de Sheinbaum Pardo, esto más allá de la fuerza y la inercia que puede representar, políticamente, la figura del presidente López Obrador.

Reitero lo dicho hace 6 años, pero ahora en el contexto del largo y sinuoso camino (como lo dijeran Los Beatles) de la sucesión presidencial: “Ojalá que una mujer gobierne el país y lo haga bien, y que cuente con el apoyo mayoritario de la ciudadanía, pues la nación lo necesita. México demanda un liderazgo apoyado y consolidado desde abajo, no desde las cúpulas, con claridad en el rumbo transformador, firme en la defensa de los derechos y para favorecer la vida democrática que se ha establecido en este país desde 2018″.

jcmqro3@yahoo.com

Juan Carlos Miranda Arroyo: @jcma23