Un año de gracia más, un año cristiano menos... de la 4T

AMLO y el tiempo
Pide AMLO un periodo de gracia

Ya sabremos si estos fueron tiempos buenos o si solo se trató de otro sexenio perdido

Año de gracia (en finanzas): “Tiempo que transcurre desde que se hace exigible una obligación hasta su cumplimiento, sin que se aplique pena alguna por el retraso”
Definición tomada de Mexico.leyderecho.org
Año de gracia (para los fieles): “Año de la era cristiana”
Real Academia Española
Llamaron quedo, muy quedo,
a la puerta de tu casa...
Villaespesa
¿has escuchado?
tocan la puerta...
La fiebre te hace
desvariar.
Estoy citado
con una muerta,
y un día de éstos ha de llamar...
Llevarme pronto me ha prometido;
a su promesa no ha de faltar...
Tocan la puerta. Qué, ¿no has oído?
la fiebre te hace desvariar
Amado Nervo
Con la esperanza de alivio no se siente el padecerSabiduría popular

Año de gracia en ambos sentidos

Le viene bien en cualquiera de sus significados el término “año de gracia” al presidente López Obrador. Ha pedido un año más de plazo antes de que los resultados positivos de su gobierno se noten sin lugar a dudas. Aplica la definición financiera: “Tiempo que transcurre desde que se hace exigible una obligación hasta su cumplimiento, sin que se aplique pena alguna por el retraso”. Particularmente importante lo último: “Sin que se aplique pena alguna por el retraso”. Es decir, no critiquen periodistas durante un año más, que es el periodo que tardará la 4T en construir el paraíso prometido

No sé si estoy dispuesta a concederle tal periodo de gracia, seguramente no. En todo caso, cuando el plazo se cumpla estaremos ante un año de gracia menos en términos del calendario en la era cristiana, que nos guste o no en más de un sentido es la que vivimos: otros 12 meses se habrán consumido del sexenio, estaremos cerca de llegar a la mitad del mismo, avanzado a paso firme hacia su finalización, y obviamente esto hasta podríamos considerarlo un regalo de Jesús Cristo, el hijo de Dios con quien frecuentemente se compara nuestro presidente. Es verdad, con la esperanza de alivio no se siente el padecer.

Nos han prometido tanto, nos han engañado tantas veces...

Fox dijo que en 15 minutos arreglaría todo, empezando por el levantamiento armado en Chiapas. Terminó su sexenio y demostró que el tiempo, como dicen algunos filósofos, es subjetivo: no bastarían seis años para que los 15 minutos llegaran.

Calderón prometió ser el presidente del empleo, vio tan complicado el tema, que desistió y lo cambió por algo que salió bastante peor: la guerra contra el narco. Conocemos el resultado.

EPN prometió hacer que México se moviera con sus reformas estructurales. El asunto es que no dijo hacia dónde se movería…

AMLO en campaña juró que habría cambios en cuanto asumiera la presidencia. Luego, que el plazo se extendía hasta que  acabara la corrupción con su ejemplo y gracias a los ahorros que obtendría: un añito nada más para cambiar al país. Pero cuando ni el año año se ha cumplido el presidente ya pidió uno más. ¿Se diferencia de sus antecesores?

Año pedido, año perdido

No es lo mismo ser candidato de oposición que ser el ejecutivo de la nación y enfrentarse a los problemas que no son de sencilla solución. De pronto resulta imposible gobernar con base en absolutos cuando que desde la confrontación opositora esa era la exitosa fórmula utilizada.

Y ante la petición del presidente de que se le dé un año más de gracia para mejorar la situación del país, cabe preguntarse: ¿Así se irá de año en año? ¿Hasta cuándo los impedimentos son reales y cuándo comienzan a ser excusas?

Cierto, es imposible lograr un cambio en todos los aspectos en un año, pero lo que sí es factible y era de esperarse es lograr mejora sustancial en al menos algunos (aunque fuese pocos) aspectos.

Antes de pedir un año más, hagamos un recuento del presente, pues las cifras esbozan un año peor al 2018. Aumentaron los muertos por la violencia, los incendios forestales, las personas desempleadas, la desaceleración de la economía, los problemas en el sector salud, etc. Algunas causas se deben al entorno internacional (desaceleración de China), otras a razones internas. De esas, las más atribuibles a la administración pública.

Pretextos y desvaríos

Al ser el primer año cuando iniciaron los programas, los resultados de los mismos podrán ser conocidos solo en el mediano, largo plazo. El problema es que los programas, al no contar con reglas de operación ni metodología, no permiten conocer el impacto específico en su población objetivo y hacen suponer de antemano que este primer año está perdido.

Y escuchamos cualquier cantidad de pretextos. Para quienes hemos trabajado en la administración pública son evidentes. Sin lugar a dudas, el “culpable” preferido ha sido Calderón. Le sigue Salinas, en la medida que se le considera el padre del neoliberalismo en México.

Por supuesto que el país estaba mal cuando el ejecutivo entró en funciones, pero justamente por eso se le votó, porque prometió que él cambiaría esa situación.

Los tiempos llegan

Puede ser que el próximo año AMLO cumpla sus promesas, si bien ya de vislumbra que tampoco pueda hacerlo. Puede ser que a sus seguidores no les importe si logra sus promesas en el 2020 o que sus adversarios señalen “se los dije” en caso de que no lo logre. Pero dado que a Andrés Manuel le gusta la historia, más allá de lo que digamos en este momento, solo la historia podrá juzgar su actuar; y esa no se escribe de antemano. Las cifras que resulten de su sexenio, las oportunidades aprovechadas/perdidas, serán muestra de que los tiempos llegaron. Más allá de los discursos, de las mañanaeras, los tiempos llegarán y si AMLO llevó a los ciudadanos a una mejor situación o no, será el resultado de si estos años fueron bien usados o si solo se trató de otro sexenio perdido.

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