Opinión

0% de empatía; 100% de trapacerías

¿Politiquería electoral, en el accidente de la L12? López Obrador no sabe ser empático ante la desgracia ajena. 
AMLO
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mayo 06, 2021 a las 05:56 CDT

"¿Aceptaréis, patriotas, inerte vuestra mano la esclavitud abyecta, la servidumbre vil?<br>¿No veis cómo el tirano<br>azota a nuestro pueblo juzgándole servil?...<br>¡Al arma, hijos del plata! cabezas de verdugos exige nuestra tierra: herid sin compasión.<br>Así se rompen yugos<br>y donde fue la tribu se forja la nación."<br>

Luis Muñoz Rivera

empatía<br>A partir del gr. ἐμπάθεια empátheia.<br>1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.<br>2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.<br>

RAE

No hay empatía en la 4T

En el desgobierno de la 4T no hay empatía ni saben de qué se trata. Simple y sencillamente desconocen su definición.

No existe para la madre del pequeño Brandon quien murió con apenas doce años o para la que tiene a sus dos hijas internadas (una de ellas sin fecha para la cirugía de su columna).

Eso sí, desde el salón de la Tesorería se dice que las quejas de los empleados del Metro y de los familiares de los fallecidos y heridos en el accidente de la Línea 12son una forma de hacer politiquería electoral.

En ningún momento se ha admitido que Florencia Serranía, directora del Metro, se ufanaba hasta hace pocos meses del “ahorro” y “austeridad republicana” al negarse a nombrar un director de mantenimiento o haciendo recortes al mismo, eso además de asegurar que sería ella quien asumiría la responsabilidad de ese cargo.

Pues bien, como responsable, hoy debería renunciar.

AMLO y su amnesia 

En otros lugares del mundo, el servidor público ya hubiera dimitido en señal de solidaridad y como muestra de apertura a las investigaciones que se requieran hacer, eso muy independientemente de las responsabilidades que terminen por deslindarse de la tragedia.

En un acto de amnesia selectiva, López Obrador olvida que él era el primero en exigir cabezas en el marco de distintos acontecimientos de quienes estaban en el gobierno en turno.

Hoy no hay empatía cuando una fatalidad —que sigue cercenando vidas— no le mereció a la cabeza del gobierno federal ir al lugar de los hechos o a los hospitales a visitar a las víctimas.

Ausencia de AMLO

Ya es costumbre. AMLO nunca se presentó en Tlahuelilpan, donde hubo más de 100 muertos como resultado de combatir el huachicol que ya no habría, pero que a la fecha vive como siempre.

Tampoco en Sinaloa cuando se dio el zafarrancho por la captura/liberación del hijo del Chapo. O en Tabasco, donde solo sobrevoló el área de las inundaciones en helicóptero.

Ahora que lo recuerdo, mismo ni para atender en Palacio Nacional a las víctimas de la violencia, aduciendo que se respetaba la investidura presidencial (como si por atender a los deudos fuese a no cuidar de esta).

López Obrador no sabe ser empático ante la desgracia ajena, no asiste a los lugares donde el dolor supura por la cantidad de muertos o enfermos. Menos cuando son tragedias que no debían haber ocurrido.

Y es que el primer mandatario jamás se pronuncia por algo si él no es el centro de atención.

Al mismo tiempo, eso sí, el ejecutivo federal se queja de que la oposición haga lo que él llama politiquería electoral. Irónico cuando sabemos que al presidente le fascina criticar a los otros y es quien mejor sabe sacar “raja” política de las desgracias.

¿Ya olvidamos cómo a Ayotzinapa la volvió bandera política? ¿Sus corifeos harán pase de lista a partir de ahora con los fallecidos del 3 de mayo?

Existe politiquería cuando López Obrador se queja de Adrián de la Garza, candidato de oposición a la gubernatura de Nuevo León, por sus supuestos actos de violación a la norma electoral. Poco importa que, al pronunciarse al respecto, sea el presidente quien viola la veda electoral en plena mañanera.

Hace uso de su cargo para intentar salvar a Clara Luz Flores, candidata de Morena, o, en su defecto, beneficiar a Samuel García de Movimiento Ciudadano, y lo hace diciendo que De la Garza está violando los estatutos electorales con el supuesto reparto de despensas (cosa que, por cierto, el partido del gobierno federal hace todo el tiempo).

Así, en este país llegamos al absurdo de que quien acusa es el que realiza la violación.

La solidaridad con el pueblo no alcanza a Palacio; el cumplimiento de la norma tampoco. En los días más tristes, las trapacerías de la Cuarta Transformación en todo su esplendor.