Interesante personaje Jean Cocteau (1889-1963). Se aproximó a la creación desde una diversidad de ventanas: novela, teatro, poesía, pintura, cine… Y sin ser músico formal, aunque tocara el piano, fue miembro del conocido grupo de los seis (que en realidad fueron siete aunque con Eric Satie llegaron a ser ocho: Auric, Durey, Honegger, Milhaud, Tailleferre, Cocteau, Poulenc). Es autor y libretista, entre tantas otras, de dos obras importantes: La voz humana de Poulanc y Edipo Rey de Stravinsky. Su concepto creativo expresa una estética surrealista que encuentra de todas maneras un crítico en el propio André Bretón. La lista de figurones de las distintas artes con quienes Cocteau se relacionó en el transcurso de su vida es realmente impresionante.
El Instituto Nacional de Bellas Artes presenta en el Teatro El Galeón Los padres terribles (Les parents terribles). Creación teatral estrenada por Cocteau en 1938 y que él mismo llevaría al cine en 1948. Ahora, con la dirección y la “versión libre” de José Acosta, se asiste a la intrincada complejidad de una familia urbana aparentemente normal que conforme avanza la obra exhibirá la realidad de la mentira, los celos, traición, incesto, engaño, dependencia, poder, y otras minucias de la condición humana, entre una madre, un hijo, un esposo y una tía. La trama se volverá naturalmente más dramática cuando en la vida de la familia aparece una bella y dulce joven como novia del hijo pero que a la vez, se descubrirá, es amante del padre.
Un primer acto muy logrado expresa la estética surrealista de Cocteau y es muy atractivo tanto teatral como visualmente. El segundo, cuando se acentúa la complejidad y probablemente por el cargado efecto mexicano de la versión de Acosta (contrapuesta a la intención del autor), de pronto pareciera que el tono nos transportara del París de entreguerras al melodrama clasemediero de alguna familia de Satélite (hablando de exageraciones, recibí queja de algunas bailarinas amigas en relación a mi nota sobre La Peri en Berlín - http://bit.ly/xDqPlu -, pues allí me referí al ballet y la danza contemporánea en México, “donde las primeras bailarinas se caen y un gusano retorciéndose en escena es suficiente para ser considerado danza”; tienen razón, no debí generalizar y en cambio decir: “donde las primeras bailarinas SUELEN caerse…”, en cuanto al gusano, el responsable es el coreógrafo, no el bailarín, quien es un intérprete). Ojalá llegue el imaginado día en que las obras de teatro en México se presenten en su versión original, respetando la inteligencia del autor y del público.
Vale la pena asistir de todas maneras a El Galeón y ver en sus últimas funciones (pulidas probablemente de ese tono clasemediero), la rara puesta en nuestro país de la obra del dramaturgo francés quien fuera dado a conocer en México por el grupo y la revista Contemporáneos hacia el fin de la década de los veinte del siglo pasado.
Los actores (muy buen trabajo): Juan Cabello, Martha Papadimitriou, Roberto Ríos, Verónica Terán y Paulina Treviño. Dirige, José Acosta.
Una muestra: http://www.youtube.com/watch?v=XW4IKDOQ47Y