Si no los van a matar, que no los dejen salir…

El anuncio comienza con un dialogo más o menos así:

 

Hija: ¿Te acuerdas de los secuestradores de mi papá? Pues ya van a salir.

 

Madre: Qué angustia hija. Se van a vengar. Al menos si no los van a matar, que no los dejen salir.

 

Y continúa con una diatriba plagada de demagogia; de oportunismo electorero.

 

Este discurso muestra de forma clara lo que algunos teóricos han llamado el populismo penal, que es tomar decisiones en torno a los marcos legales y jurídicos, basados en la anuencia de personas que desconocen.

 

Las decisiones que se toman se dan con fundamento en la supuesta necesidad de actuar rápido, de, muchas veces, aminorar la percepción de inseguridad. Vamos, se busca el aplauso, y en estos momentos el voto.

 

Algo así como el servidor público que propone 70 años de cárcel por el delito que sea, sin justificar el por qué de esa pena, o con base en qué.

 

El populismo penal parte de suposiciones, de concepciones a priori, las investigaciones científicas y sociales no forman parte de sus lógicas. 

 

Por ejemplo: la pena de muerte. Esta propuesta se encuentra lejos de los preceptos legales, México ha firmado tratados internacionales contra esa pena. Pero más allá de eso, la pena de muerte ha mostrado su fracaso desde hace siglos. El castigo sobre el cuerpo lo único que lograba era mostrar una dinámica circense.

 

Otro ejemplo es el de la cadena perpetua. Esta pena mata al sujeto de forma lenta, inserta en el discurso del capitalismo, es un retorno a las pulsiones (la venganza). La única salida, sea ahora o muchos años después, será la muerte; salir con los pies por delante.

 

Además de que la prisión desde siempre ha mostrado que no cumple ninguna de las funciones que le han inventado.

 

Si yo les asegurara en un 100% que ese sujeto secuestrador, violador, homicida, con solo estar un par de años en prisión, y saliera, nunca más cometería un delito. ¿Seguirían pidiendo la pena de muerte o la cadena perpetua?

 

El encierro no puede cuantificarse, sean 10, 20 o 30 años, o sea un año, las variables del cambio se encuentran en otro lugar. Nunca he visto un animal salvaje, “indomable”, “ingobernable”, que sea encerrado y estando encerrado cambie su esencia. Nada demuestra que el encierro cambie a un individuo.

 

Así como tampoco nada demuestra que la pena de muerte disminuye el crimen.

 

El populismo penal se mete ahí donde la venganza privada y el derecho le dejan un hueco. Es una idea que parte de mentes perversas e ignorantes.

 

En este punto se puede afirmar que lo perverso no estriba en los sujetos sino en el sistema que los produce.

 

Enrique Zúñiga         twitter: @Zuva16           [email protected]

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