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Recuperar el barrio

La colonia RomaRebecca Blackwell / AP

La idea es reconocer las virtudes de los barrios y usarlas como puntos de partida en la construcción de calidades

No tengo duda, las ciudades del futuro se tendrán que parecer mucho a los nostálgicos barrios del pasado.

Tendrán que ser unidades urbanas eficientes, que cuenten con todo lo que en primera instancia cualquier persona puede necesitar en su vida cotidiana y formar parte de un sistema integral de barrios autónomos y autosuficientes, pero complementarios.

En un mundo cada vez más inevitablemente urbano, el futuro está en reconocer las ciudades como sistemas que basen su eficiencia en la policentricidad, terminando con los modelos centralizados en que, sin importar el tamaño, la estructura urbana generará una perversa, inevitable e ineficiente dependencia de su zona central.

La idea es reconocer las virtudes de los barrios y usarlas como puntos de partida en la construcción de calidades de vida basadas en la eficiencia urbana.

Una eficiencia integral que considere el abasto suficiente de servicios e infraestructuras públicas, pero que incluya también los aspectos cotidianos que mejor representan los valores de tendrían que caracterizar una ciudad.

Imaginen barrios bien comunicados entre sí a través de modernos y suficientes sistemas de transporte público, sistemas de micromovilidad, como puede ser la bicicleta, y mejores banquetas y espacios públicos.

Y ojo... Que si dejáramos de imaginar y nos diéramos a la tarea de hacer esto realidad ni estaríamos inventando el agua tibia ni nos estaríamos adelantando a lo que pasa en otras ciudades del mundo.

Un ejemplo destacado es París, cuya alcaldesa, Anne Hidalgo, se ha sumado con total interés a un proyecto denominado Ciudades de Quince Minutos, que ha puesto a las personas al centro de los procesos de planeación urbana, quitando protagonismo al automóvil particular para dárselo a la bicicleta y a las calles peatonales, fortaleciendo las estructuras barriales, con el objetivo de que a cualquier persona le baste caminar 15 minutos para poder resolver cualquiera de sus necesidades esenciales.

Y ojo, que en un mundo en el que los políticos no dan paso sin huarache, esto le ha rendido dividendos más que sobrados a la política francesa, que con esa bandera hace apenas unos meses logró reelegirse para gobernar París por un periodo más, poniendo a su hermosísima ciudad, una vez más, como referente mundial en cuanto a buenas prácticas en materia urbana.

En el caso de México y sus ciudades, está policentricidad es más que deseable, porque permitiría combatir esa centralización constante que ha creado una zona central que es una auténtica burbuja que concentra inversiones y obras públicas y privadas de todo tipo, dejando olvidados a la inmensa mayoría de los barrios que conforman la ciudad.

Nada tiene que ver la atención que reciben de las autoridades chilangas colonias de moda como la Roma o Condesa, con la que se les da a los barrios de Iztapalapa, Tláhuac o Milpa Alta.

El reto no debiera ser dar aún más a la Roma o la Condesa... Sino crear políticas y estrategias de gobierno que permitieran crear esas calidades barriales en otras zonas de la ciudad, con especial interés en aquellas que han sido eternamente olvidadas.

Ya lo he dicho respecto al nuevo museo que pretenden hacer en Chapultepec... ¿Qué en verdad no es más necesaria una inversión de este tipo en zonas de la ciudad que nunca han contado con este tipo de infraestructuras culturales?

El hecho es que durante décadas se olvidó en forma irresponsable la planeación urbana y hoy vemos las tristes consecuencias en manchas urbanas que crecieron en la anarquía.

Debiera ser tiempo de apostar por un modelo de planeación que entendiera que el futuro está ligado a la capacidad de entender y atender los inmensos pendientes que dejamos en cuanto a consolidación y regeneración urbana.

Habría que navegar los planos de la ciudad tomando el tiempo para atender las necesidades de cada barrio, poniéndolas en sintonía con un proceso de planeación integral que reconozca que la eficiencia urbana no puede estar desvinculada a la eficiencia de cada una de sus partes.

La gente vivimos la ciudad a partir de nuestros barrios...

De poco sirve si la ciudad tiene magníficos parques si estos no quedan cerca de los lugares en que viven la mayoría de sus habitantes.

No basta con que la gente pueda conocer el valor de una magnífica banqueta visitando para ello un barrio de moda, que le es totalmente ajeno porque solo lo vive como visitante.

El reto sería tener muy claro el listado de factores que definen un barrio eficiente y buscar que ellos respondan a las generalidades de cualquier barrio de la ciudad.

Toca a los gobiernos conducir esta transformación urbana. Pero toca a la ciudadanía reconocer esta necesidad y exigir proyectos y resultados.

Toca a todos exigir que la eficiencia urbana no se limite a lo que vemos en algunas zonas privilegiadas.

Toca a todos exigir que los procesos urbanos no dejen a nadie ni afuera ni atrás.

Horacio Urbano es fundador de Centro Urbano, think tank especializado en temas de desarrollo urbano, sector inmobiliario y vivienda.