La decepción de miles de mexicanos sigue latente. La noche del 22 de julio de 2015 quedará grabada por muchos años en la mente y corazón de nosotros (los aficionados) por ser uno de los episodios más vergonzosos en la historia del fútbol, un momento que duró cerca de 10 minutos en el terreno de juego en el que convirtió al deporte más popular del mundo en una guerra de intereses.
El reloj marcaba 88 minutos, México estaba cerca de ser eliminado por segunda ocasión de la Copa Oro a manos de la selección de Panamá, cuando el silbante estadounidense Mark Geiger paralizó el cotejo con un penal inexistente, una acción que nosotros los mexicanos más que celebrar nos causó un sentimiento de enojo, minutos de un gran silencio reflexionando que una "mano negra" tocó el balón.
Ahí se acabó el partido, se acabó un torneo y se acabó parte de la credibilidad que siento y que aseguró muchos de los seguidores de este deporte tenían al ver un auténtico "robo", una palabra fuerte pero que describe esta decisión de la mejor manera. Ahora, mi pregunta es, ¿qué se sentirá ganar una copa de esta manera? Para muchos será fácil decir que se cumplió el objetivo, se ganó de cualquier manera, pero donde quedó el Fair Play, la lealtad y respeto al rival.
Sobre quién es el culpable de esta situación, de primera instancia es Mark Geiger, el árbitro que marcó el penal y sostuvo su decisión, aunque es claro que hay más responsables de esta herida profunda al fútbol. Concacaf, Federación Mexicana de Fútbol, entre otros pueden ser señalados, pero hasta ahí, porque las especulaciones no tienen lugar.
Las amenazas de Panamá de abandonar el partido me parecen una manifestación sustentada, que de realizarse hubiera dado un gran golpe a la autoridad poco impuesta por Concacaf, pero es claro que las consecuencias las sabemos todos, una suspensión de la eliminatoria mundialista y una multa estratosférica para un país con poco poder económico, por lo cual, el cotejo se reanudó.
Pasaron momentos donde los integrantes de la selección mexicana tuvieron la oportunidad de sobrepasar las reglas y códigos que rige este deporte, más de 20 personas que pudieron cambiar la historia no solamente de esta disciplina sino de todo el mundo, sin embargo, les quedó grande esta posibilidad. A Andrés Guardado y Miguel Herrera les faltaron tamaños para revolucionar esta actualidad patética.
No me digan que Guardado hizo lo correcto, que tirar el penal era lo mejor, que fue profesional. El profesionalismo lo llevan la mayoría de jugadores con una buena preparación, con una alimentación adecuada y con una disciplina correcta tanto dentro como fuera de la cancha, pero esta fue una muestra de egoísmo y antifútbol en su mayor expresión.
Nadie pone en tela de juicio la carrera de Andrés Guardado, mucho menos que no es un jugador honesto, pues es el mejor jugador mexicano en la competencia, pero el gafete de capitán lo hizo verse chiquito, sin autoridad y criterio propio. El "Principito" prefirió continuar con una cadena de mentiras y aplicó el famoso; "Si él no lo hace, porque nosotros sí".
Si perdió el fútbol, me parece que sí y de gran manera, no se necesita a un profesional cuando no se tiene a un hombre que lleve a cabo el juego limpio, es un hilo pequeño que es fácil romper y unir. México ganará un torneo sucio y poco ético.
Twitter: @dannquintana