Columnas

La dura realidad de la movilidad social en México.

Irreverente

¿Quién no tuvo como primer carro un VW?

Bueno, hubo muchos que no tuvieron ni tendrán carro en sus vidas y también algunos a los que les regalaron de los grandotes -los ricos- porque los hijos del proletariado andábamos en camión; si acaso en bici y luego, producto de las facilidades de movilidad social que había entonces y que ahora se complican cada vez más, en un bocho.

Les platico: el mío era negro y le mandé pintar una franja blanca en medio. Por eso le decíamos “el zorrillo”.

Ni me lo esperaba, cuando Ricardo Junco me dijo una vez -con su infaltable taza de café de las tardes que bajaba a Redacción a platicar con el Lic. Abelardo y a fumarse con él los cigarros “Fiesta” que encendían uno con otro- “ándale, ahí está en el estacionamiento tu carro para que ya no pidas taxi que te mueva a los eventos que cubres”. Y me entregó las llaves.

“Con madre”, pensé y le di las gracias. “En la madre”, volví a pensar, porque no sabía manejar.

Pero como todo en la vida, aprendí y le receté una pajueleada brutal de padre y señor nuestro al mentado “zorrillo”, que a los dos años se escondía de mí apenas me veía.

Al iluso vecino que me lo compró, seguro le gustó por la franja blanca, pues apenas fue suyo lo pintó todo de ese color y le borró las dos “franjas” negras que tenía a los lados.

Ah cómo me divierto recordando eso de habérsele ocurrido quitarle lo negro para dejarlo todo blanco y más cuando pienso que el “zorrillo” había reencarnado tras su muerte, en una alba paloma...

CAJÓN DE SASTRE

"Ah cómo me haces reír cuando te olvidas de los mundanales temas de la política y nos platicas éste tipo de historias", dice la irreverente de mi Kalifa.