El 13 de marzo de este año, Uber se registró como grupo de presión en España donde son acusados por los taxis tradicionales de ser una competencia desleal. La premisa como grupo de presión es “aplicar tecnología para que el transporte sea tan fiable como el agua corriente- en cualquier lugar y para todo el mundo”  mostrándose dispuestos a “promover el uso de la tecnología y la competencia en el transporte urbano como los mejores mecanismos para defender los intereses del consumidor”. El principal detonador es el ataque constante que han tenido los choferes de Uber y servicios similares como Cabify que ha derivado en violencia como la que se dio el 13 de marzo de este año en Barcelona donde un grupo de 10 personas – presumiblemente choferes de taxis tradicionales- volcaron un auto de Cabify además de causar destrozos a otro vehículo que presta servicio en la misma compañía. Este tipo de agresión se produjo después que los taxistas en Barcelona tuvieran una jornada de huelga en contra de la liberalización del sector y el intrusismo de las plataformas de choferes en el formato de Cabify o Uber.

¿Cómo definir a Uber? Para mí es un servicio de choferes compartidos. Para otros es un sitio de taxis virtual. Para los choferes puede ser una manera de utilizar su automóvil en los tiempos libres y obtener un ingreso. Para otros choferes puede ser su fuente de ingresos principal. Esta indefinición de lo que es Uber ha traído problemas en muchos de los países donde se ofrece el servicio.

Uber encontró un hueco en las leyes de transporte de muchos países al no tener una definición de su servicio además de romper el paradigma de los servicios de transporte. No es un servicio de taxis al no estar “ruleteando” con un letrero o señal de “taxi libre” pero ofrece un servicio de transporte. Paga impuestos, placas, tenencia (en los estados donde aplique la tenencia) seguro de auto y daños contra terceros pero no paga las placas de servicio de taxi. Los congresos y cámaras de transporte de los diferentes países se han puesto a trabajar en regular este nuevo concepto para que quede definido en un marco legal donde Uber puede ser varias cosas a la vez y no serlo al mismo tiempo. Las autoridades tienen que trabajar en la regulación de servicios de este tipo de compañías para que compitan de manera legal con otros proveedores de transporte. Ahora en muchos lugares donde están establecidos están disfrutando de estar en esa grieta legal donde el servicio que ofrecen no es ilegal porque no existe una ley que les prohíba operar, pero no son completamente legales al no cumplir con todas las reglas de servicios similares.

Para los que somos usuarios de Uber nos podrá parecer útil, práctico y fantástico pero también tiene su lado oscuro. En enero en Nueva York iniciaron la campaña #DeleteUber después de que su tarifa subió en los aeropuertos. En febrero, la compañía fue acusada de sexista además de que uno de los integrantes del equipo técnico fue acusado de acoso sexual. En marzo, The New York Times informó sobre el uso de un software utilizado para engañar a las autoridades en las ciudades donde habían prohibido el servicio o trataban de restringir su uso.  Jeff Jones, el segundo al mando de Uber, renunció después de seis meses en el puesto argumentando incompatibilidad entre la cultura de la empresa y sus creencias. Varios líderes de opinión critican fuertemente a Uber y recomiendan fortalecer su gobierno corporativo. En terrenos mas mundanos, tengo amigos que fueron choferes de Uber que se quejan de la administración, pagos , multas y “castigos” que les aplicó Uber en el tiempo que trabajaron con la aplicación.

Tiene el problema de muchas Startups de Silicon Valley , su equipo administrativo no es el más efectivo, ético o confiable, pero eso ya es otro tema.