Columna Incómoda. Radicales, móndrigos e infiltrados

La juventud me hizo rebelde

Los años radical

Pinta estudiantil

 

Leo que #YoSoy132 diversifica sus actividades y un sector “más radical” se alinea totalmente con el movimiento de protesta postelectoral lopezobradorista:

 

El Reforma reporta que el movimiento #YoSoy132 declaró un estado de alerta nacional ante el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), pues prevén que ratifique el triunfo de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República.

 

Durante la octava Asamblea General Interuniversitaria (AGI), celebrada en la Facultad de Economía de la UNAM, Edur Velasco, de la Asamblea de Académicos, dijo que si bien el 6 de septiembre es el día límite para que el TEPJF dé su fallo, nada garantiza que sea ese día, por lo que no se podría plantear movilizaciones el día 6 de septiembre.

 

En días pasados, una sección del 132 tomó caseta de cobro en Puebla. Otros han cercado a medios de comunicación como Milenio Diario, donde publican dos fervientes aliados de AMLO: Epigmenio Ibarra y Ricardo Monreal. No importa, se trata de denunciar a los traidores de la patria que ayudaron al fraude electoral con “la compra masiva de conciencias”.

 

De Nuevo León, Reporte Índigo, anticipa que el 132 buscará sumarse a la protesta para pedir la renuncia del gobernador Rodrigo Medina, esta vez, aprovechando el aniversario del casino Royale. No importa a qué intereses sirvan, ni quiénes estén detrás de este reclamo contra el gobernador; ni si son a los “malditos burgueses” o la “derecha reaccionaria mexicana”.

 

En las redes sociales, cada vez menos, pero igual de constantes, se encuentran presuntos “leales” a la causa del lopezobradorismo, quienes anticipan el caos, “la polarización del país”, que si hay “imposición habrá revolución”, y el ajuste de cuentas con los “traidores” de la patria. Y a la voz única de la intolerancia, la misoginia y la violencia verbal, se lanzan contra aquel que se atreve a criticarlos.

 

A todo lo anterior, se aprecia en el rostro de Andrés Manuel López Obrador el signo de preocupación. Ignora quiénes son sus acompañantes, quiénes son esos “leales hasta la muerte” que pretenden darle vitalidad política otros años más. Él lo sabe: ninguno de ellos son de fiar, porque esos son los primeros en claudicar y enloquecer.

 

Quien haya leído un poco de la historia moderna de México sabe que se debe desconfiar del lenguaje radical y revolucionario, porque detrás de ellos siempre hay otros intereses. Cada que leemos una declaración de uno de estos líderes o un tuit de alguno de esos “fanáticos”, a algunos nos recuerdan a un personaje creado por el viejo sistema.

 

Muy pocos han citado al famoso “Móndrigo”, el personaje creado por los órganos de inteligencia del echeverrrismo para desprestigiar al movimiento estudiantil de 1968 y  para justificar la persecución contra sus líderes y la ejecución de los integrantes de los grupos armados de la década de  1970.

 

En sus primera parte del libro apócrifo “¡El Móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga”,  se pudo leer: “Bueno, ya soy un personaje. Si las cosas marchan viento en popa, como van, formaré parte del gobierno socialista de México que sustituirá al reaccionario y burgués de Gustavo Díaz Ordaz… en un plazo breve, instauraremos la República Popular que será el anticipo de la República Socialista Mexicana… Quedé incluido en el Consejo Nacional de Huelga.”

 

Ciertamente el “Móndrigo” no existió como tal, pero para algunos líderes del 68 que fueron aprehendidos y exiliados durante la “docena trágica” (los sexenios de Echeverría y José López Portillo), al interior del movimiento estudiantil y de los posteriores movimientos armados mexicanos, hubo muchos “móndrigos”: infiltrados con un lenguaje radical que fueron creados por el propio sistema para dar a conocer a sus superiores las actividades y planes al interior de las grupos antisisteméticos. 

 

Esos “móndrigos” son quienes alardean de “puros” y “revolucionarios” para empujar las provocaciones y tener los mártires de los movimientos, pero ellos nunca serán los muertos ni los detenidos. Existieron en los movimientos de 1968 y 1971; en las guerrilleras de la Liga 23 de Septiembre, de las Fuerzas Armadas de Liberación, del Frente Estudiantil Revolucionario, de los movimientos del STUNAM, del SITUAM, del CEU, del CGH-UNAM y estuvieron presentes durante la movilización de San Salvador Atenco, de la APPO, en las protestas de la CNTE y en la oposición a La Parota. Por supuesto, están presentes en las protestas postelectorales de 2006 y 2012.

 

Es fácil identificar a los “móndrigos”: nunca sabemos de qué viven, ni quiénes les pagan sus actividades;  nunca han sido detenidos; nunca han sido reprimidos físicamente, nunca dan la cara, siempre aparecen en la escena pública como los más radicales, siempre buscan “el ajusticiamiento contra los traidores” sin derecho a defenderse y, mucha atención, cuando llega cualquier brazo represor del Estado, son los primeros en emprender la graciosa huida.

 

Pero hay diferencias sustanciales. Ya no sirven exclusivamente al PRI, ni están al servicio del PAN o de los intereses oscuros de la burguesía o el imperialismo yanqui: hoy por hoy, hay indicios de que varios de estos “móndrigos” son pagados por grupos delictivos que buscan insertarse en los movimientos, aprovechando la inconformidad social existente y la ingenuidad de quienes son nuevos en estos menesteres.

 

Hay elementos informativos, públicos y reservados, que anticipan la activación de los “móndrigos” en búsqueda de carne de cañón para que el caos social de este agónico fin de sexenio se intensifique. Esperemos que no tengan ningún éxito.  

 

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