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Donald Trump tiene garantizado un lugar entre los presidentes más execrables de la historia de Estados Unidos.

Las 24 horas más difíciles de su vida, es lo que está viviendo en estos momentos el vicepresidente de los Estados Unidos de América del Norte, Mike Pence, quien tiene en sus manos la cabeza del todavía presidente: Donald Trump y le han conferido un plazo de 24 horas para delimitar si invoca la Vigésimo Quinta Enmienda que implicaría la destitución del polémico mandatario y el ungimiento propio como presidente de la Casa Blanca por lo que resta de la administración (termina el 20 de enero de 2021) o en definitiva lo “echa a los leones”, para que sea la Cámara de Representantes la que defina el futuro del magnate neoyorquino a través de un segundo impeachment (juicio político), donde quizá esta vez no lo salven sus correligionarios republicanos.

Un muy mal cálculo político tiene al presidente Trump al borde del abismo y su futuro inmediato es de pronóstico reservado luego de que azuzados por él, una turba violenta con cientos de sus seguidores irrumpiera el miércoles 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos para intentar tomarlo por asalto a fin de impedir que el Congreso ratificara la victoria de Joe Biden como presidente por los próximos cuatro años, y en señal de repudio a lo que consideraban un robo electoral, con saldo de cinco personas muertas, entre ellos un agente de la policía.

Producto de su infantil berrinche el aceptar su derrota, Trump se encuentra entre la espada y la pared quedando solo por ver quién será el encargado de empuñar el arma; pues pareciere que no tiene escapatoria a menos que saque de la chistera un autoperdón, o incluso una amenaza nuclear e intente apretar algún botón.

Invocar la Enmienda 25 requeriría que el vicepresidente Mike Pence y la mayoría del gabinete votaran para destituir a Trump, debido a su incapacidad para “cumplir con los poderes y deberes de su cargo”. Destituirlo requeriría un voto de dos tercios del Senado, que actualmente está en receso hasta después de la toma de posesión de Biden el 20 de enero.

En el caso de juicio político, este proceso podría continuar después de que Trump deje el cargo y, potencialmente es incluso más valioso que destituirlo mediante una enmienda porque le impediría ocupar un cargo público en el futuro.

Este lunes, ya “los demócratas de la Cámara de Representantes presentaron formalmente su resolución para acusar al presidente Donald Trump de “incitación a la insurrección” por su papel en los disturbios en el Capitolio.

«En todo esto, el presidente Donald Trump puso en grave peligro la seguridad de Estados Unidos y sus instituciones de gobierno», dice la resolución. «Amenazó la integridad del sistema democrático, interfirió con la transición pacífica del poder y puso en peligro a una rama del gobierno equivalente. De ese modo, traicionó su confianza como presidente, para agravio manifiesto del pueblo de Estados Unidos».

La resolución también citó la 14ª Enmienda de la Constitución, señalando que «prohíbe a cualquier persona que se haya ‘involucrado en una insurrección o rebelión contra’ Estados Unidos» de ocupar un cargo.

Cualquiera de las dos vías se trata de un paso sin precedentes, de hecho, ya hubo quienes, como la junta editorial de The Wall Street Journal, le han pedido a Trump que le evite al país otra pelea de juicio político y, en cambio, “se vaya en silencio”, argumentando que debe seguir el ejemplo de Richard Nixon.

Sin embargo, ya hablábamos de sacar algo de la chistera, y esto podría ser un perdón que se auto otorgue el mandatario, quien según algunas versiones podría echar mano de dicho recurso como última alternativa de escape.

“Ningún presidente estadounidense se ha otorgado a sí mismo un perdón por lo cual la legitimidad de un posible acto de autoclemencia jamás ha sido puesta a prueba en el sistema legal. Los expertos legales no están de acuerdo en si las cortes lo reconocerían. Pero sí concuerdan en que un autoperdón presidencial crearía un peligroso nuevo precedente para que los presidentes declaren unilateralmente que se encuentran por encima de la ley y se protejan de tener que responder por los crímenes que hayan cometido en el cargo”.(The New York Times07/01/21).

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien se ha constituido en la principal impulsora del juicio a Trump, dijo en una entrevista en «60 Minutes» de CBS que le gustaba la idea de invocar la Enmienda 25 «porque se deshace de él», pero explicó que «una de las motivaciones que tiene la gente para abogar por un juicio político» es evitar que Trump ocupe el cargo nuevamente. «Hay un fuerte apoyo en el Congreso para acusar al presidente por segunda vez», señaló.

Los demócratas están pidiendo a Mike Pence que responda dentro de las 24 horas. En tanto, Pelosi ha dicho que los demócratas se moverán para llevar la resolución de juicio político a votación el martes, aunque podría ocurrir cualquier día antes de que finalice la presente semana.

Pero no hay que olvidar que la Cámara de Representantes liderada por los demócratas ya llevó a Trump a juicio político en 2019, y en aquella ocasión el Senado, -liderado por el Partido Republicano-, lo salvó al declararlo no culpable. De manera que también en ese sentido habría incertidumbre en torno a lo que ocurrirá con el polémico mandatario.

En este contexto, el futuro de Trump se reduce a pasar a la historia como el primer presidente de los Estados Unidos de América en ser removido del cargo, -si se invoca la Vigésimo Quinta Enmienda-; ser el primero en ser sometido a dos juicios políticos estando aún en funciones, o ser el primero en otorgarse el autoperdón. No sabemos cuál de las tres procederá, pero cualquier de ellas ya le garantiza un lugar entre los presidentes más execrables de la historia en el país vecino del norte.