¿Puede explicar Gatell que Europa nos cerrara las puertas porque México no pudo con el virus?

Rockstar López-Gatell
No lo logramos, aceptemos la realidad y cambiemos

Hay tiempo de hacer lo correcto: un cambio en la estrategia y en los estrategas. Un presidente honesto como AMLO debe ser enérgico. 

Las cosas como son. La estrategia que seguimos para combatir al coronavirus no ha dado los resultados esperados. Ha ocurrido así en gran parte porque no se aplicaron ni a tiempo ni con suficiente energía las medias de aislamiento.

Cuando la crisis sanitaria empezó y el presidente AMLO —quien no es epidemiólogo— insistía en seguir de gira por los pueblos de México, tuvo la sana idea de decir en público que él haría lo que aconsejaran los expertos encabezados por Hugo López-Gatell. Este hombre, con buena formación académica en nuestro país y en Estados Unidos, pudo haberle dicho a Andrés Manuel: “Presidente López Obrador, usted se queda en casa, para dar el ejemplo y para evitar riesgos”. En vez de ello expresó una frase que lo condenará cuando la historia de la pandemia del Covid-19 se escriba: “La fuerza de nuestro presidente es moral, no es una fuerza de contagio”.

Ahí empezó el desorden. Es cierto que una importante proporción de la población mexicana respetó durante meses la sana distancia, pero muchas personas —por necesidad económica o por simple necedad— no lo hicieron. Los epidemiólogos debieron haber exigido acciones coercitivas y aun más apoyo económico a los pobres para mantener a la gente en el confinamiento, pero no se atrevieron. Tampoco el estratega recomendó el cubrebocas desde el principio y, con ello, sembró confusión acerca de la utilidad del objeto que tanto ayuda a evitar contagios.

Hoy pagamos el costo en miles de vidas perdidas y, como no lo supimos hacer nosotros, los países que sí hicieron lo correcto contra el virus, nos aíslan. No es consuelo que también tengan en la lista negra a Estados Unidos y a Brasil. Claro que no.

No creo que López-Gatell tenga una explicación razonable —es decir, que no sea puro rollo de declamador profesional—, y la verdad de las cosas ya es lo de menos. Aunque ahora va a resultar más costoso, llegó el momento de empezar a hacer lo correcto. Y ello quizá pasa por un cambio en la estrategia y en los estrategas. Es lo mejor que un presidente honesto, patriota y trabajador puede hacer porque las cosas, tristemente, ya hicieron crisis y pueden empeorar.

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