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AMLO, su enorme popularidad y eficacia… y el Bumerán Gatell

AMLO y López-GatellAndrea Murcia / Cuartoscuro

Algunas cosas ha hecho bien López-Gatell. Pero otras las ha hecho mal. Vale la pena un juicio crítico o autocrítico ordenado por AMLO.

Aprobación

No tengo ganas de polemizar con el presidente López Obrador. Ni ganas ni la influencia que se necesita para una hazaña de ese tamaño. No veo a nadie en México capaz realmente de competir con Andrés Manuel en un debate. En los enfrentamientos públicos de ideas —o de opiniones— es la gente la que decide quién es el ganador. En este sentido, por su popularidad, AMLO es invencible.

Aprovecho para destacar la reciente encuesta de El Norte, de Monterrey. Además de que arrasa Clara Luz Flores, aspirante a la gubernatura de Nuevo León, el otro hecho destacable es la aprobación de Andrés: ¡69% en la entidad más conservadora, o menos de izquierda, de México!

El Norte es el hermano mayor de Reforma. Son dos diarios de la misma empresa, propiedad de la familia Junco. Tiene sentido subrayar este hecho porque la última encuesta difundida por el hermano menor daba un 59% de aprobación de Andrés Manuel, lo que me parece falso. Tan falso que otra encuesta de la misma casa editorial lo refuta.

Y es que —seamos serios, por favor— si en el estado más conservador, donde lógicamente hay más gente contraria al gobierno del presidente AMLO, su aprobación es tan grande, entonces el promedio nacional debería ser todavía mayor.

No a esa fórmula barata

El hecho es que no le hace falta a Andrés Manuel lanzar un bumerán para mantener su aprobación —que en política equivale a reputación y prestigio, elementos fundamentales para la gobernabilidad. Trataré de explicarme.

Antes aclararé que no voy a caer en la fórmula barata de los críticos de mala leche de decir que no deseo que le vaya mal a Andrés Manuel porque ello equivale a desear que le vaya mal a México.

Tales críticos son hipócritas cuando afirman lo anterior. Yo soy sincero cuando expreso mi deseo de que le vaya muy bien al presidente AMLO porque creo en su proyecto, creo en su persona —verdaderamente lo respeto, admiro y aprecio— y estoy convencido de que es el gobernante que nuestra nación necesitaba. Por honesto, austero y trabajador.

Imaginemos la terrible crisis con otros presidentes

Tenemos al mejor presidente para la peor crisis posible. Si la pandemia nos hubiera atacado en los tiempos de los antecesores de Andrés Manuel, estaríamos en una espantosa situación de inestabilidad social, con la crisis económica fuera de control y con muchos más muertos por covid-19. Me aterra el solo hecho de pensar el desastre que habríamos vivido con la frivolidad de Fox, la arrogancia de Calderón o la dejadez de EPN.

Estoy de acuerdo con Andrés Manuel cuando afirma que su gobierno en el combate a la pandemia lo ha hecho mejor que otros países. Añadiría que también lo ha hecho mucho mejor de lo que habría pasado con otros presidentes. Pero...

… analicemos a España e Italia

Creo que no debemos conformarnos con lo anterior. Considero que 51 mil 311 fallecimientos y 469 mil 407 personas contagiadas obligan a hacer una reflexión autocrítica para tratar de disminuir tales cifras.

Desde luego, no es del todo válida la comparación con Italia y España —países en los que la pandemia comenzó antes que en México. En efecto, ahora mismo tales naciones cuentan más muertos por millón de habitantes que la nuestra. Pero, a pesar de los rebrotes del coronavirus, cada día mueren bastante menos españoles e italianos que mexicanos.

Además, allá ante cualquier mínima aparición de contagios, aíslan familias, barrios y aun regiones enteras. Como la gente en ningún lugar del mundo es responsable, en aquellas naciones se le obliga con la fuerza pública. No es autoritarismo, se trata de simple respeto a quienes sí cumplen. Leí que en la provincia de Zaragoza, en España, la policía vigilará que los positivos, asintomáticos o no, se queden en sus casas.

Eso no se ha hecho en México y ha sido un error. Andrés Manuel elogia con frecuencia el sentido de la responsabilidad del pueblo mexicano, pero creo que no ha habido tal. La gente ha salido de más a la calle no solo por necesidad de trabajar o de un mínimo y necesario ocio, sino simplemente porque sí. Aunque una mayoría usa el cubrebocas, nadie castiga a quien se lo quita en el mercado ambulante. Con uno que lo haga el riesgo de contagio, crece. Y son muchos los que, como el doctor Gatell en una gira electoral en Puebla, se puso el cubrebocas en el cuello. Si así actúa el epidemiólogo educado en la Universidad Johns Hopkins, imaginemos a las personas que ni la secundaria terminaron.

Hugo López-Gatell en Puebla@negramacchia imágenes elocu

Hay en España un trabajo, que en México no veo —quizá no sea posible realizarlo ante la inmensidad de nuestro problema— de rastreo de contactos. Hay cientos de rastreadores en Catalunya, por ejemplo, y se han triplicado las pruebas PCR.

El Bumerán Gatell

No quiero ser aguafiestas, pero antes de fin de año duplicaremos las cifras de muertos por covid de España e Italia. Aun así seguiremos con menos fallecimientos por millón de habitantes que la sociedad española, pero ya estaremos por debajo de Italia.

Por lo demás, no entiendo por qué compararnos con países que lo han hecho mal en Europa. Tan fallido ha sido el manejo de la pandemia en España, que numerosos especialistas ya exigen una auditoría —sin politiquería— para corregir lo mucho que evidentemente ha fracasado.

¿Por qué no nos comparamos con Alemania? Con 89 millones de habitantes y solo 9 mil 200 muertos es un ejemplo mundial. Se dirá que es la nación más avanzada, y quizá lo sea. Muy bien, no veamos a los alemanes. Pero en muertos por millón de habitantes superamos a China, Japón, Rusia, Pakistán, India, Egipto.

De acuerdo, no tiene sentido compararnos con tales naciones tan culturalmente distintas a México. Pero ¿es correcto hacerlo con la sociedad peruana? Perú es un país bellísimo y con la mejor cocina del mundo, por mucho. A pesar de sus virtudes, tiene un nivel de desarrollo inferior al nuestro. Si queremos mejorar, las comparaciones deben hacerse hacia arriba, no hacia abajo.

De acuerdo, la comparación que debemos hacer es con España e Italia.

Cuando termine el año, al paso que vamos, fácilmente duplicaremos los muertos de España e Italia. La sociedad española probablemente seguirá con más muertos por millón de habitantes que la nuestra. Pero la italiana no. Este último dato golpeará a la 4T como un bumerán —o búmeran; la tilde es de quien la coloca como se le pega la gana—, esto es, el arma lanzada para justificar el éxito de la estrategia contra el covid regresará y causará daño.

La necesaria autocrítica

Dede luego, a Andrés Manuel le sobra habilidad para esquivar el golpe. Pero no se trata de eso. Si 51 mil muertos son demasiados, más de 100 mil nos van a deprimir como sociedad.

Algunas cosas ha hecho bien el doctor López-Gatell en el manejo de la estrategia contra la pandemia. Pero otras las ha hecho mal. Es la verdad. Nada justifica rechazar que un equipo de expertos nacionales e internacionales, desde luego independientes del gobierno, juzguen su trabajo, no para lincharlo, sino para reforzar lo que vale la pena de la estrategia, que naturalmente existe, pero especialmente para mejorar y cambiar lo que se está haciendo equivocadamente y no ha funcionado.

El propio presidente López Obrador debe pedir tal examen. La autocrítica siempre ayuda cuando las cosas evidentemente no marchan según lo deseado o proyectado. ¿Recuerda AMLO cuando Gatell decía que íbamos a contar nada más 8 mil muertos? No fue un pronóstico irresponsable: se trató simplemente de un pésimo cálculo.

Andrés Manuel tiene popularidad de sobra y su gobierno ha sido tan exitoso en no pocas materias —sobre todo en la heterodoxa, pero eficaz conducción de la economía en la peor crisis económica de la historia—, que nada perderá en términos de reputación y prestigio si acepta someter a un juicio crítico la estrategia contra la pandemia que con tantos muertos reportados a diario no debe de ninguna manera tenernos satisfechos.

Todo debe intentarse en la lucha por evitar más muertes.