Sin estilo ni credibilidad 

Qué lamentable la pérdida de estilo y de credibilidad de la mujer que, si dejara de defender lo indefendible, sería la figura más respetada del gabinete del presidente López Obrador.

Al menos dos juristas tan competentes como la señora Olga Sánchez Cordero —Ernesto Villanueva y Jaime Cárdenas— han demostrado que es falsa la afirmación de la próxima secretaria de Gobernación de que la Constitución prohibe reducir el sueldo a los ministros de la Suprema Corte.

Derrotada en el debate, ella debería admitir que estaba equivocada y trabajar para que sus ex colegas del poder judicial hagan lo que harán todos en el gobierno de Andrés Manuel: aceptar que les ajusten sustancialmente, ¡a la baja!, sus sueldos.

Pero la ministra jubilada parece decidida a seguir defendiendo una causa absolutamente perdida en lo jurídico y, sobre todo, en el terreno más importante: el de la ética.

Si los argumentos, correctos y decentes, de los expertos en derecho mencionados (Villanueva y Cárdenas) no han hecho recapacitar a Olga Sánchez Cordero, entonces que vea el cartón que la mañana de este martes le dedicó en La Jornada el monero Hernández: la respetada ministra ha sido retratada como una más entre tantas lacras de la política mexicana. Qué pena.

Como me da realmente tristeza lo que está pasando con la ministra, hablemos mejor de una Olga eminente, legendaria, inolvidable: Olga Moré Jiménez, de Cruces, Cienfuegos, Cuba.

Esta Olga maravillosa comenzó a vender tamales en 1949. En Cuballama.com está la historia:

1. “La calidad de sus tamales la hizo rápidamente muy popular y atrajo a los talentosos músicos Félix Reina y (José) Fajardo quienes compusieron el chachachá ‘Olga la tamalera’ que se mantuvo como un éxito musical durante mucho tiempo en Cuba”.

2. “La Orquesta Aragón en la década de los años 50, incorpora a su repertorio la canción con mucho ritmo, que se populariza rápidamente, y que en su parte melódica decía: ‘Me gustan los tamalitos / los tamalitos que vende Olga / Pican, no pican / los tamalitos que vende Olga, Olga’.

3. “Corría el año 1949, en el número 180, de la calle Figuras, entre Manrique y Tenerife, en el barrio de Los Sitios, se levantaba cada mañana preguntándose qué hacer para ganar el sustento y mantener la casa, había perdido al esposo, tres niños y una madre anciana se le quedaban mirando en tono indagatorio a la hora del nuevo ayuno”. 

4. “Fue de tarde y se olvida de la fecha en la que le vino la idea. ¿Por qué no?, se preguntó al tiempo que buscaba en el armario de la sala una jaba casera construida con recortes de antiguos vestidos, se fue corriendo al mercado, compró unas mazorcas de maíz y se dijo: voy a ser la primera mujer que venda tamales en La Habana”.

5. “… ‘La única negra que vendió tamales en las calles en esa época fui yo’, asegura campechana, Olga Moré Jiménez”.

6. “… ‘La gente se reía de mí, algunos hasta me decían cosas, no era costumbre. En la calle los vendía a 10 centavos y en las fiestas a 25, tenía que buscarme la vida, estaba sola con los niños y tenía que pagar un alquiler por el cuarto donde vivíamos’…”.

7. “Se paraba frente a la gran cazuela, luego de la agotadora tanda de rayar el maíz, a cocinar la harina, en ese momento prefería estar sola, pues la receta era y seguirá siendo un misterio para los cubanos”.

8. “… ‘A Félix Reina y a Fajardo les conocí cerca del Parque de La Normal, en un saloncito de descargas, allí yo hasta rumba bailaba, porque a mí me encanta bailar, y lo hago elegante, también me gusta mucho el bolero, entre mis preferidos está Longina y Dos gardenias. Félix y Fajardo me convirtieron en ‘Olga La Tamalera’ para el mundo, porque hasta fuera de Cuba la gente sabe de mí y no falta quien quiera probar mis tamales, tenían fama porque cada día estaban mejores. Por aquí pasa mucha gente a conocerme, y cuando estuve en Nueva York, todo el mundo sabía de mí por la canción, hasta Oscar de León cuando vino quiso visitarme. Me pongo elegante y hasta bailo si hay que bailar, que le pregunten a la Original de Manzanillo”.

Una receta sustituta para los tamales de Olga

En otro sitio de internet leí lo siguiente:

1. “Como la receta de Olga nunca fue revelada, quiero ofrecerles hoy la receta de tamales de la maestra Nitza Villapol, en especial a mis amigos cubanos residentes en Estados Unidos, España y otros países. A diferencia de los tamales elaborados en el oriente de Cuba —las populares hayacas santiagueras—, a estos se les añade leche condensada. Estos son los ingredientes:

(i) Dos tazas de harina de maíz

(ii) Dos tazas de agua

(iii) Una cucharada de sal

(iv) Seis cucharadas de grasa, aceite o manteca

(v) Una cebolla chica

(vi) Un pimiento

(vii) Cuatro cucharadas de puré de tomate

(viii) Una cucharadita de sal

(ix) Un cuarto de cucharadita de pimienta molida

(x) Dos cucharadas de azúcar o leche condensada

(xi) Una y media tazas de agua, leche o caldo

2. Y se preparan así:

(i) Remoje la harina de maíz en las dos tazas de agua con la cucharada de sal desde la noche anterior.

(ii) Haga un sofrito con grasa, cebolla, pimiento, puré de tomate y la carne que vaya a utilizar —esto es opcional— cortada en trocitos.

(iii) Mezcle este sofrito con el maíz.

(iv) Añada el azúcar o la leche condensada, mezclada con el agua, la leche o el caldo.

(v) Cocine toda la masa durante tres a cinco minutos.

(vi) Revuelva hasta que cuaje.

(vii) Vierta esa mezcla en las hojas de plátano preparadas al efecto.

(viii) Amarre y cocine en agua con sal durante alrededor de una hora.

(ix) Se sirven a temperatura ambiente o fríos.