September 18, 2019 22:12


Columnistas en vacaciones (o huevones)

Huevones
No se quejen si los despiden en estos tiempos de tijeras afiladas en las empresas periodísticasInternet

Carlos Mota, hoy en El Heraldo de México termina su colaboración con estas palabras: “Por vacaciones de Semana Santa esta columna volverá a aparecer en estas páginas el martes 23 de abril. ¡Se divierten!”.

Carlos Marín, en Milenio, el pasado viernes incluyó al final de su columna el siguiente anuncio: “El asalto... reaparecerá el lunes 22”.

Francisco Garfias, el sábado dijo en Excélsior, antes de poner punto final a su artículo: “Este reportero se les va de vacaciones. Nos leemos en la semana de Pascua”.

Son tres buenos columnistas, pero ninguno de ellos escribe así como que, digamos, para merecer el Premio Nobel de Literatura ni, tampoco, ofrecen información tan sofisticada que vaya a darles el Pulitzer.

Mota, Marín y Garfias escriben poco y si bien da gusto leerles —a veces, solo a veces— no realizan profundísimas investigaciones antes de redactar sus artículos. Son, más que investigadores, comentaristas de hechos ampliamente conocidos. A lo más que llegan es a preguntar por WhatsApp a sus fuentes si algo es verdadero o falso. 

Así que los tres podrían con facilidad en vacaciones continuar haciendo sus comentarios. Tiempo siempre hay, sobre todo si uno decide dárselo.

Antes de cada periodo vacacional sobran los columnistas mexicanos que informan a sus lectores que se tomarán “unos días”. Algunos, los más decentes, agregan al aviso de que se van de hueva la expresión —irrefutable, desde luego— de que se trata de “inmerecidas vacaciones”.

No se quejen luego de que los corran. Como sabemos, ha habido numerosos despidos en los medios de comunicación mexicanos. Esto significa que hay muchísimos periodistas desempleados capaces de elaborar tan buenas columnas —inclusive, mejores— que los tradicionales Marín, Mota, Garfias, etcétera.

Los profesionales del periodismo sin chamba, algunos excelentes en el oficio, seguramente aceptarían honorarios bastante menores a los que reciben los columnistas que sienten tan seguros sus empleos que hasta se dan el lujo de tomarse vacaciones cada vez que se les pega la gana. Por lo demás, los desempleados sin mayor problema se comprometerían a nunca dejar sus espacios, ya que redactar artículos es algo que puede hacerse desde cualquier parte del mundo.

No se quejen luego si los despiden. Porque sin duda son columnistas interesantes, pero no los únicos. Recuerden, entre la raza que ha perdido su chamba hay gente con mucho talento y ganas.

Insisto, no se vayan a quejar ni a considerarse víctimas de la censura si la tijera los alcanza por careros... y flojos (huevones, pues).

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