22 de septiembre de 2021 | 07:02
Opinión

Los chairolastras

Diego Luna y Gael García, acusados de recibir 160MDP en sexenios de EPN y Calderón.
Diego Luna y Gael García
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Hay partidarios que harían gustosos lo mismo que combaten.

Ignacio Manuel Altamirano

Bajo el hipócrita candor, se esconde una aritmética parda que supera en agudeza y perspicacia a cuanto idearon los matemáticos más expertos.

Benito Pérez Galdós

Lo que hubiera sido una buena trama para película es en la vida real una pésima noticia para Gael García Bernal y Diego Luna. Pasaron de ser las nuevas estrellas del cine nacional, a figurar —solo describo, desconozco si hay sustento para justificar todo lo que se dice— como las veletas de la política nacional.

Primera escena. Toma uno.

De los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, los actores y productores recibieron un total de 160 millones de pesos para financiar un proyecto que busca llevar las películas nacionales con poca visibilidad a lugares… igual de invisibles. Loable labor sin duda.

Queda.

Segunda escena. Toma uno.

Mismo recibiendo un apoyo de los detestables gobiernos neoliberales, impulsaron con su fama y palabra a Andrés Manuel López Obrador para la presidencia en el 2018. La película hace un retroceso en el tiempo y se ve a Gael bebé encima de los hombros de su padre en el Zócalo en el 1988. Su progenitor exigía, entre muchísimos otros mexicanos, que se respetara el supuesto triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas. Esa es la razón que el niño, ya mayor, esgrimió para votar y pedir el voto para Juntos Haremos Historia.

Tercera escena. Toma uno.

López Obrador ya es presidente y los famosos chairolastras festejan en redes y entrevistas el triunfo de su ídolo. Al mismo tiempo, contrario a lo que pensaban, el estipendio recibido por el gobierno federal —como el de todo el ámbito de la cultura en México— decrece a la velocidad del rayo.

Corte y queda.

Tercera escena. Toma dos.

No sé si por esa o por alguna otra razón (de que las hay, las hay), los charolastras señalan en redes y entrevistas los yerros y el tufillo a desastre, incongruencia y deshonestidad que emana de la 4T.

El cambio tan drástico en una sola escena era fácil de adivinar para los observadores. Se basa en dos realidades: el gobierno soñado se tornó en pesadilla y la subvención por parte de la 4T se convirtió en un apoyo minúsculo; sí, menos del 1% en comparación al total de los dos sexenios pasados.

Se repite toma (muchas veces durante tres años).

Cuarta escena.

Uno de los periódicos adictos al régimen (surge del lopezobradorismo) saca “el reportaje” de que Gael y Diego recibieron aquellos buenos millones de pesos de 2006-2018. Los amlovers enfurecen; esos que antes los querían por jóvenes inteligentes, honorables y emprendedores, ahora los señalan y les lanzan adjetivos maldicientes.

Realidad virtual (y aumentada).

Las redes, sean pro o anti AMLO (¿acaso hay de otra?), se enzarzan en discutir el asunto. En ningún caso es para señalar los aciertos del trabajo fílmico del ilustre par, como tampoco para apoyar las razones detrás de la (no)política de fomento a la cultura del régimen actual.

Los jóvenes talentos quedan —literal— como el perro de las dos tortas. Ni con dios ni con el diablo (usted escoja cuál es cuál). Y no es para menos, los cínicos convenencieros recibieron millones de los gobiernos anteriores para apoyar su proyecto y pidieron votar por Morena. Suponemos pensaron López Obrador sería más liberal, más progresista, más justo y les daría más apoyo. El contexto les demuestra que solo les recortó el presupuesto, y ellos —ya sea por esto o por una realidad apabullante que solo los que están muy ciegos se resisten ver— critican los yerros de la administración pública. Pasó lo que tenía que pasar (o, como diría, Hugo López-Gatell: la Cuarta Transformación sirve para lo que sirve y no sirve para lo que no sirve), y de manera inmediata pasaron a ser ventaneados por los fanáticos del sistema.

Historia cómica-trágica-irónica que sería justicia poética por completo si no fuera porque no puede ser comparada con el trato y devenir del guionista y cineasta consentido de la 4T. Ese señor, llamado Epigmenio Ibarra, no solo recibió del gobierno federal 150 millones de pesos en menos de tres años, también resulta que no paga las cuotas del Seguro Social de sus trabajadores. Este guión es ya por todos conocido pero como hasta ahora el individuo no ha señalado las pifias cuatroteístas, ningún medio adicto al régimen le apunta con el dedo. Y lo que es más importante todavía, no tiene a la UIF, al SAT y/o a la FGR encima.

En esta trama es imposible suponer que el Movimiento hasta ahora se dio cuenta de los apoyos recibidos por los exchairolastras de parte de los nefastos gobiernos neoliberales. No. En realidad, la información se ventila como todo lo que hace la oficina de Comunicación Política de la Presidencia: siempre de acuerdo a los intereses políticos del lopezobradorismo y las circunstancias político-electorales del momento. ¿Se requiere un distractor para desviar las miradas del desastre gubernamental de la semana? ¿Se requiere un ajuste de cuentas o provocar un reacomodo en los balances entre grupos ya sea de allegados o de críticos al poder? ¿Es necesario apagar el clímax creado por unos artistas y señalar que son unos cínicos (como si no lo supiéramos desde antes)? Igual de hipócritas que el gobierno federal, que los aceptó porque en algún momento lo apoyaba. Y ahora que no los necesita, les da una patada en su orgullo.

Tal vez si esto fuera llevado al cine podría llamarse “la dignidad brilla por su ausencia”; en todas partes sin excepción.

Nuevas audiencias.

Buscando propuestas, los charolastras podrían llevar esta historia a Netflix (y hacerle competencia a Epigmenio). Retratar la doble moral de este gobierno y su nulo compromiso con el país. Podrían también contar las vicisitudes enfrentadas por los dos y entender que parte de su problema fue el actuar por conveniencia y no por convicción.

Tal vez esa peli (o serie) podría llamarse “estábamos mejor cuando estábamos peor”, por cómo le ha ido a ellos y al país en su conjunto. Y por supuesto, podría rematarse con la serie que actualmente dirige Diego Luna: “todo va a estar bien”.

Y sí, todo va a estar bien cuando los líderes de opinión como son Diego y Gael razonen un poco más sus decisiones, sus apoyos y sus preferencias. Cuando los gobiernos no hagan de la amenaza, del amedentramiento, de la hipocresía, de la información privilegiada herramientas no solo para no hacer justicia (ya no se diga aplicar la ley), sino únicamente llevar a cabo sus vendettas políticas.

“Todo va a estar bien” cuando los charolastras dejan de ser chairolastras para volver a filmar buenas historias y brinden con el whisky que anuncia Diego Luna. Mientras tanto, el recordatorio de “tu mamá también” retumba en los oídos de algunos cineastas y demasiadas audiencias.

Corte y queda (si bien faltó la claqueta).