En las últimas semanas hemos escuchado la misma consigna de parte de las dirigencias del PAN y PRD. Eso significa que, la alianza opositora, se aferra a una coalición más allá de que exista desconfianza, sobre todo del PRI que propuso, pero también acompañó, la iniciativa que será votada el próximo martes en el Senado de la República.

Pese a todo lo anterior, eso no debe ser motivo suficiente para romper definitivamente una coalición, sobre todo porque se necesitan mutuamente para la supervivencia política puesto que -ninguno- puede cargar con la responsabilidad de luchar al tú por tú con Morena en las elecciones del 2023 y 2024. De eso están convencidos los del PAN y PRI, pero especialmente en el PRD que viven, desde hace años, una agonía llena de incertidumbre cuando la mayoría optó por emigrar a las filas del partido lopezobradorista.

Yo no considero que la votación del martes en la Cámara Alta sea una prueba definitiva de sí hay o no alianza en las próximas elecciones. Es muy probable que la minuta encuentre resistencias en la fracción del PAN, sin embargo, tanto PRI como PRD, muestran signos de entendimiento cuando hubo flexibilidad de construir una nueva redacción para llevar a cabo un consenso entre todos. Entonces, lo que pase en los próximos días, abre la posibilidad de modificar el marco constitucional debido a que hay avances en las negociaciones a favor del proyecto.

Todo indica que así será y vendrá, como se espera, un pronunciamiento de los dirigentes nacionales que conforman la alianza Va por México. Y en esa postura veremos sí la alianza continúa o no luego de que fijen su posición. Sería una situación absurda si rompen porque la verdadera razón que los mantiene es lo que pueden ofrecer juntos competitivamente pues no sólo se trata de aliarse, sino de empujar perfiles que sean capaces de conectar con la población civil más allá de los cuestionamientos que reciban.

Es, en política, fundamental que la unión sea el punto principal puesto que es muy diferente que cada uno de los partidos compitan solos. De hecho, ni todos juntos parecen ser suficientes para ganarle a Morena en 2024; los estudios que -hasta ahorita circulan- muestran una diferencia abismal entre dos hipotéticas alianzas. Sinceramente la oposición no tiene ningún perfil que, en este momento, represente una alternativa para imponer y dominar una agenda, es decir, una imagen atractiva.

Sigo insistiendo que, sí la alianza de oposición quiere competir, tendrá que echar mano de un actor ajeno a los tres partidos políticos. Alguien que sea capaz de sumar a todas las estructuras, incluido a Movimiento Ciudadano que, en una de esas, contempla sumarse sí hay alguien que los convenza. De lo contrario, el contrapeso está a merced de sufrir una de sus peores derrotas si consideramos que los últimos estudios demoscópicos dan respuesta inmediata a lo que puede acontecer.

No les queda de otra: tendrán que limar asperezas porque mucho dependerá de los acuerdos políticos que signen para encarar la elección del Estado de México y Coahuila donde, hasta ahora, el favorito es Morena de cara a los dos procesos a futuro. Es posible que cualquiera de los dos escenarios pase. Si consideramos que rompen a primera vista se augura un fracaso rotundo con el solo hecho que no podrán, llegado el momento de elecciones, ni meter las manos ante la maquinaria que constituye Morena.

Caso contrario, sí la alianza permanece quedó demostrado que, al menos, las sumas sí que importan en los procesos porque, en una de esas, lanzan a la cancha un personaje de otra trinchera capaz de amalgamar a toda la oposición, incluyendo MC.