20 de septiembre de 2021 | 19:07
Opinión

Medio ambiente y el diablo.

México es el cuarto país del mundo en materia de biodiversidad.
Medio ambiente
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A pesar de que claramente lo electoral es la marca de la actual temporada, no se puede dejar de lado la efeméride de este 5 de junio que está destinada al tema del medio ambiente.

Netzahualcóyotl, el poeta, sabio, filósofo, gobernante del mundo indígena y de su cosmovisión, escribió en una de las estrofas de lo que tituló canto de primavera: … “sobre las flores canta el hermoso faisán, su canto despliega en el interior de las aguas. A él responden varios pájaros rojos, el hermoso pájaro rojo bellamente canta”.

Otros muchos poetas tampoco se resistieron al panorama multicolor del paisaje patrio, de sus elementos naturales, halo de inspiración que moviera su escritura. Ramón López Velarde, a punto de cumplirse un siglo de su fallecimiento (19 de junio), con Suave Patria dejó para la posteridad uno de los poemas más icónicos, y también una referencia paradigmática al petróleo, toda vez que los asoció en un hiato con el diablo, fórmula que sigue concitando interpretaciones y reflexiones.

Los tópicos relacionados a los paisajes, la flora y la fauna, así como a los recursos naturales, están reiteradamente presentes en la obra literaria, poética, plástica de muchos de nuestros grandes creadores artísticos, pero, por si fuera poco, está que, el origen de México se encuentra plasmado en el símbolo del águila devorando a una serpiente sobre un nopal, sincretismo de significados, esencia, destino, interacción de especies, sin lugar a duda, referencia de un alma ambiental.

México es el cuarto país del mundo en materia de biodiversidad

La realidad también ha hecho su aporte, pues México es el cuarto país del mundo en materia de biodiversidad, de manera que quienes escribieron cantaron y se han inspirado en sus recursos y condiciones naturales, lo hicieron no sólo por su gran inspiración. México tiene entre sus rasgos y condiciones el imperativo de ser líder en materia de conocimiento, explotación sustentable y aprovechamiento de los recursos naturales, porque así lo señala su circunstancia, independientemente que lo volitivo también se debiera encaminar por esa dirección.

Incluso, se puede decir que el último siglo, ha sido el petróleo uno de los recursos más señalados en el desarrollo del país y, lamentablemente, no siempre con el mejor destino en cuanto al uso de los ingresos provenientes de él, ni con el mejor efecto en cuanto a su impacto, pues algo de diabólico ha habido en ello, como ya lo profería López Velarde. Ni duda cabe que el petróleo fortaleció la capacidad de desarrollo del país, pero también lo volvió dependiente y altamente vulnerable a los vaivenes de su precio, mientras las finanzas públicas se volvieron adictas a su aportación.

Cierto, el petróleo ha sido, desde la expropiación de 1938, de todos los mexicanos, pero su riqueza se canalizó de tal manera que relenteció la recaudación proveniente de otras fuentes, conduciendo a que un recurso no renovable financiera buena parte del gasto y de la inversión pública. Después del alto precio de la segunda parte de la década de 1970, vino su brutal caída y con ella una de las razones de la crisis al inicio de la década siguiente; más adelante el cuestionable aprovechamiento del bono petrolero que se tuvo entre 2004 y 2009. Ante tales circunstancias, primero el esfuerzo por des petrolizar la economía y después des petrolizar las finanzas públicas.

Ahora se establece el proyecto de ser autosuficientes en la refinación petrolera, y así la construcción de una refinería y la adquisición de otra en el extranjero, ¿sigue estando el diablo ahí?, especialmente por La razón de no haberse verificado una discusión suficiente al respecto, de existir grandes dudas de muchos especialistas y de ir a contracorriente de la tendencia mundial de reducir el consumo de hidrocarburos y de empujar el desarrollo de tecnologías que reduzcan el uso del carbón.

Pero México se asocia al cuerno de la abundancia en cuanto a recursos, y se proyecta con amplias condiciones para el aprovechamiento de la energía solar, y entonces colocarse a la vanguardia del proceso de transformación que ya vive el mundo; sin embargo, la dirección de las políticas públicas no se corresponde con ello, de conformidad con las definiciones inconsultas del gobierno.

¿Acaso el diablo entorpece nuevamente nuestra visión?

La paradoja de tener condiciones propicias para el desarrollo, pero de no saberlo detonar, aparece nuevamente como signo fatal, como lastre, torpeza, enfermedad, maldición o empecinamiento miope.

¿Hay algo de diabólico en ello?, o somos nosotros que no hemos sabido salir de paradigmas obtusos, que estamos atados a dogmas inflexibles que se resisten a ser revisados y debatidos.

Tal vez el diablo no es un espectro o un ser; acaso sea una manera de decidir anhelando el cielo, pero condenándonos al infierno. México es el cuarto país en el mundo en materia de biodiversidad y, sin embargo….