24 de octubre de 2021 | 06:41
Opinión

El Paseo de la Independencia

¿Por qué el gobierno de la CDMX decidió sustituir la estatua de Cristóbal Colón en Paseo de la Reforma por la de una mujer indígena?
Glorieta de Colón en CDMX
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Antes de responder, díganse dos cosas: Cristóbal Colón fue un explorador, no un conquistador. El hecho de que existan grupos en México y en otros países que pretendan derribar o dañar monumentos en su honor, no le quitan al navegante genovés su relevancia universal. Las estatuas pueden reubicarse, recuérdese el periplo de El Caballito por diversos sitios de la capital; lo que rechazaría es que la estatua de Colón y de los frailes que lo acompañan fueran almacenados y destruidos.

Respeto absoluto a las mujeres y en particular, a las mujeres indígenas. Más que una estatua, ellas necesitan que sus derechos y libertades se respeten y cumplan; eso no se logra con un monumento en la calle más importante de la capital, sino con leyes, políticas públicas y recursos. La decisión de sustituir la estatua de Colón por la de una mujer indígena es una decisión política coyuntural, un desplante sin densidad o sentido histórico.

No hay mal que por bien no venga.

Ante esta polémica y en el contexto de la conmemoración de los 200 años de la consumación de la Independencia, propongo que el Paseo de la Reforma también sea el Paseo de la Independencia, mediante la sustitución, reubicación y la colocación de monumentos y estatuas. Un paseo histórico de bronce, mármol, cemento y acero, de mujeres y hombres, no de héroes y heroínas impolutos. Un recorrido que recupere personajes y hechos de 1808, cuando Napoleón invadió España a 1824, cuando México se convirtió en una República.

En las Lomas de Chapultepec, en el cruce de Reforma y Montañas Rocallosas se instalaría un monumento a Fray Melchor de Talamantes, Francisco Primo de Verdad y Francisco Azcárate y Lezama, precursores de la lucha por la Independencia. En el cruce de Reforma y Explanada, se colocarían las estatuas de José María Izazaga, Manuel Villalongín y José Mariano de Michelena, artífices de la sublevación de Valladolid.

La Fuente de Petróleos sería sustituida por un monumento al Grito de Dolores, encabezado por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

La Diana Cazadora cedería su lugar al monumento a Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra, Rita Pérez de Moreno y María Ignacia Rodríguez de Velasco, mujeres clave en la lucha por la Independencia.

En el Ángel permanecerían los restos de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero, Leona Vicario, Mariano Matamoros, Guadalupe Victoria, Andrés Quintana Roo, Nicolás Bravo, Javier Mina, Víctor Rosales y Pedro Moreno.

En la Glorieta de la Palma, el monumento a Ignacio López Rayón, José María González Hermosillo y Mariano Abasolo, fundamentales en la primera etapa de la lucha.

El Monumento a Cuauhtémoc cedería su lugar a las estatuas de Hermenegildo Galeana, Mariano Matamoros y Narciso Mendoza, el Niño Artillero, que junto con Morelos continuaron la lucha independentista en el Sur.

En lugar del monumento a Colón estarían las estatuas de Pedro Moreno, Javier Mina y Fray Servando Teresa de Mier, que mantuvieron viva la lucha después del asesinato de Morelos.

En la Fuente de la República se colocaría el monumento a Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, consumadores de la Independencia. Así es, liberales y conservadores juntos bajo la bandera de las tres garantías.

Finalmente, en lugar del monumento a Simón Bolívar estarían las estatuas de Guadalupe Victoria y Antonio López de Santa Anna, que terminaron con el imperio de Iturbide y México se convirtió en una república como permanece hasta la fecha.

En el centro de la avenida más bella de la Ciudad estaría narrada la lucha de 16 años de independencia y en las laterales las estatuas de los personajes de la Reforma. Todo el Paseo sería una inmensa galería de dos etapas fundamentales de la historia de México. Eso pienso yo, ¿usted que opina?