En algunos puntos del país, por la fuerza y liderazgo que están ejerciendo los coordinadores, el panorama está sonriendo para decir que, como tal, estos meses que vendrán en puerta son cruciales para asegurarse de que hay y habrá unidad. Es, en muchos aspectos, algo que se debe al oficio y al profesionalismo que le imprimen los protagonistas de este proceso. Eso, por supuesto, fortalece la competitividad y, de paso, allana el camino para que Morena, en esta carrera intensa, imponga condiciones y triunfe en las elecciones que se avecinan. Sin embargo, no podemos generalizar ese panorama cuando existen enclaves en los que hay turbulencia. A medida que los días y semanas avanzan, por ejemplo, vemos muchísima tensión en entidades como Zacatecas, Michoacán, Sonora, Baja California y Colima. Lo que nos ha revelado todo eso, efectivamente, son las resistencias que están plenamente regeneradas para dar la batalla intensa en el seno lopezobradorista.

Al comenzar este mes, en los puntos que citamos con anterioridad, hemos visto que Morena no ha logrado la unidad. Manteniéndose en la misma posición, en tanto que hay mucho camino por recorrer, los perfiles que han mostrado su inconformidad por los resultados no son voces aisladas ni mucho menos respuestas que pasen desapercibidas. Al igual que ello, por la magnitud, no son maneras de presionar o, de plano, atajos para sentar a las dirigencias a negociar. Desde luego que la negociación será crucial, pero tiene que ser un equilibrio entre todas las contrapartes. Siendo así, estamos diciendo que las inconformidades podrían ser un punto de quiebre que se extenderá, mayormente porque es una sacudida de la que el CEN debe tomar nota.

Muchos de los perfiles que están alzando la voz —lo vemos en asambleas— atraen a la población civil en grandes cantidades. En mayores proporciones —las imágenes son claras—, Nuevo León es el mejor ejemplo de cómo las estructuras se están partiendo en dos. Ese enclave, de hecho, está mostrando que la disidencia es real y palpable. Hemos encontrado muchas voces que, a la brevedad, piden que se repita la encuesta, dado que el resultado final, de momento, no está legitimado. Siendo así, el armazón de la coalición Seguimos Haciendo Historia no tiene solidez en su columna vertebral, específicamente en Michoacán, Colima, Zacatecas y Baja California. Justo en esos territorios, lo que está agravando la situación es que no hay un acuerdo total con los partidos que integran la alianza de la izquierda. Dándonos cuenta de todo eso, sobra decir que la resistencia del Partido del Trabajo es, por donde lo veamos, una bola de nieve que, con el paso de los días, va creciendo. Lo que ha dado pie a eso, en definitiva, es que aún no se concreta la fecha para que el CEN pueda operar una segunda encuesta que, de común acuerdo, se pactó para elegir al perfil que figurará en las boletas oficiales del próximo año.

Sabemos que hay una mesa técnica de trabajo que se ha mantenido a lo largo de estas semanas; sin embargo, camina, pero no parece concretarse nada a fin de que todos los partidos que integran la coalición queden satisfechos con las decisiones. Al absorber mucho tiempo, que puede ser aprovechado para hacer trabajo territorial, esto está entrando en un periodo que, de no dar ese paso de flexibilidad, el voto de la izquierda puede fragmentarse ahora que se pondrá a prueba esta dinámica en la que se miden fuerzas y poder de convocatoria. En Michoacán, por ejemplo, Raúl Morón está jalando a las estructuras de la Cuarta Transformación. De hecho, creemos que el CEN tiene que estar convencido de lo que puede lograr el senador de la República ahora que está recorriendo localidades y municipios.

Se tienen que mover los hilos en Michoacán antes de que esto pueda fracturarse y, por ende, dividirse. Hay, a nuestro juicio, dos alternativas que lograrían abrir la brecha para alcanzar la unidad. Una de ellas, que empuja el PT con vehemencia, es la encuesta espejo que convoque al ganador de Morena con el del Partido del Trabajo. Eso, además de dejar constancia de que hay voluntad, es un mecanismo que terminaría de legitimar un resultado. La otra, que también tiene mucho sentido, es que exista una negociación frontal entre el CEN de Morena y el legislador. Eso mismo puede aplicarse en la entidad de Zacatecas, donde Movimiento Ciudadano crece. De manera precisa, efectivamente, se está cuestionando el resultado de la encuesta. De hecho, el CEN del partido guinda debe estar considerando una salida en la que todos queden satisfechos. Incluso, podemos decir que la resistencia de quienes no salieron favorecidos de la encuesta ha hecho que el reclamo encuentre más eco entre la población civil.

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Por eso y por muchas cosas debe reinar la capacidad para cohesionar a todos los liderazgos. Para que eso suceda —no como una condicionante, sino como un derecho legítimo a disentir—, quienes aspiran están en todo el derecho de pedir que se transparente el proceso. Hacerse cargo de ello, evidentemente, está en manos de la dirigencia nacional de Morena, mayormente ahora que la oposición está haciendo campaña bajo la misma connotación de coordinadores. Siendo así, no debe haber margen para que la izquierda conceda un centímetro. Hagamos memoria y veamos lo que sucedió en Coahuila por postular a candidatos por partido y no por coalición.

Es un buen momento para sanar las discrepancias y subsanar las diferencias, sobre todo por el bien del proyecto de la Cuarta Transformación.