Lo ocurrido esta semana tiene que ver con la vorágine de comentarios que se formaron por el tema del proyecto electoral. No fue, de hecho, una hecatombe como asegura la propia oposición que amaga con votar en contra. Es verdad, Morena y los aliados buscan acuerdos con el PRIAN; sin embargo, todo parece indicar que se mantendrán en la posición de votar en contra. La cuestión es que, como tal, ellos no han significado algo, al menos en esta legislatura. Me refiero a que la izquierda tiene los votos suficientes para sacar la aplanadora y decretar el asunto. Cualquier esfuerzo, viéndolo desde ese ángulo, será insuficiente. De hecho, si entendemos un poco la historia contemporánea podremos darnos cuenta de que se trata de un tópico similar. Tiempo atrás, en efecto, el PRIAN aplastaba a las voces espontáneas que, pese a ser minoría, no claudicaron y daban la pelea. Hoy, en cambio, la derecha busca frenar los cambios profundos del proceso de transformación. El único problema que existe es que el destino está escrito: el oficialismo tiene los números necesarios para modificar el marco constitucional.

Tampoco se trata de votar por votar. Como sabemos, el proyecto de reforma electoral tendrá que abrir el compás al diálogo, la flexibilidad y la negociación con los partidos aliados que, en efecto, pueden presumir que tienen interlocución directa con la secretaria de Gobernación, de Rosa Icela Rodríguez. De concretarse el asunto de suma prioridad para la jefa de Estado, podemos hablar de una operación estratégica en donde el factor crucial fue el diálogo y la apertura. Hoy en día, a propósito de ello, continúan las mesas de trabajo para revisar, de plano, los espacios de representación proporcional, que es, por mucho, el tópico donde se dividen opiniones y en los que se sellarán los pactos de unidad en días posteriores. Ver la manera en que se llevan a cabo, en sí, nos dice la voluntad de la presidenta por conservar una alianza que, hace poco, unió sus estructuras para encarar las elecciones intermedias. Sus miembros, los representantes más visibles, posaron en una fotografía con Luisa María Alcalde.

Unos días después, claro está, se notó la unidad que hay en torno al llamado que hizo la presidenta de actuar con la cabeza fría. Recordemos que, como tal, vendrán retos que hay que saber encarar con organización y trabajo territorial ante el viraje. Lo que se vive hoy, de camaradería y entendimiento, es una sinergia que se vio reflejada en la plenaria que organizó la fracción parlamentaria de Morena en San Lázaro. Ricardo Monreal invitó a los personajes de mayor peso y, uno a uno, fueron desfilando en el patio del congreso federal. Hay mucho de razón en decir que las palabras de Claudia, en momentos claves como este, es la narrativa del protagonismo; es decir, poner en práctica la entrega y el amor por un país más justo y próspero. Empezando por la intervención de Luisa María Alcalde, y cerrando con la vocería de la fracción en la imagen de Arturo Ávila, fue un marco perfecto para presumir que la alianza no se rompió, sino que está más fuerte que nunca. Sé que también, por consigna de Sheinbaum, era proyectar fuerza ahora que vendrá en disputa el ejercicio democrático por la gubernatura de Durango.

Otra de las prioridades de la plenaria, que a muchos nos llama poderosamente la atención, es el tema del tratado comercial que muy pronto se firmará entre México, Estados Unidos y Canadá. El T-MEC, en sí, encierra una constelación de enigmas que poco a poco han sido disipados por los encargados de la economía en nuestro territorio. Desde el patio del congreso, en efecto, se afirmó que el T-MEC se mantiene sí o sí porque, pese a esa atmósfera de incertidumbre que a veces predomina por la posición de la Casa Blanca, existe una coordinación no de ahora, sino desde que inició la gestión de Donald Trump. Pese a ello, se mantuvo, ya que hubo capacidad de sostener los puentes de interlocución de parte de la autoridad de México.

Por eso, el T-MEC, que se sostendrá pese a las enormes tensiones que han surgido, seguirá vigente con Estados Unidos y Canadá. Este último país, naturalmente, acudirá con la representación de algunos funcionarios de primer nivel y, lo mejor de todo, traerá consigo más de 200 empresas que, en retrospectiva, pueden sumarse a la cadena de inversiones extranjeras que estos últimos días han decidido apostar con más de 4500 millones de dólares. Desde luego, nacerán más propuestas que alimentarán el esquema del tratado comercial que, por cierto, lleva un avance sustancial del 85 por ciento. Tan solo hace una semana, desde Washington, se anunció una reunión al más alto nivel con el embajador Greer. Eso explica que la semilla siempre quedó sembrada.

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Hay que recordar que el principal exportador a Estados Unidos es México. Eso habla de la calidad de los productos que se elaboran aquí. Por eso, ambos países están interesados en firmar un tratado comercial que beneficie a uno y al otro. Una de las premisas más importantes, en definitiva, es la colaboración y cooperación que ha puesto en marcha México, especialmente en los cruces fronterizos a fin de garantizar la seguridad. Eso, como tal, ha permitido un control minucioso al abrir las fronteras para el paso de insumos, alimentos y mercancías de consumo. De hecho, más del 85% de los productos están fuera del esquema arancelario. Eso lo aprovechamos para tener mayores ganancias y sostener una cantidad importante de empleos que, al final de cuentas, ofrecen una mayor calidad de vida a sus familias.

Todo eso hay que aplaudirle a la presidenta, básicamente cuando la relación se veía fracturada con el vecino país. Cualquier otro jefe de Estado hubiera tirado la toalla, literalmente; sin embargo, Sheinbaum, con determinación, demostró que la honestidad y los principios, pero sobre todo la preparación y el temple para negociar asumiendo el compromiso, son siempre la clave para salir adelante. Siendo así, el T-MEC va sí o sí. Hay, en efecto, medidas que son tomadas a través de estándares de calidad; hay también mucha política de competencia, lo mismo que transparencia.

En concreto, todo esto se ha mantenido, además de los buenos oficios, por las acciones que ha puesto en marcha la presidenta en el tema de seguridad. De acuerdo con el top ten de alcaldes fronterizos, Ciudad Juárez es el punto crucial que más ha reforzado esas políticas públicas. Se nota que el ayuntamiento hace a la perfección su trabajo, eso sí, coordinando tareas con la administración de Sheinbaum. De hecho, en ese orden le sigue Nuevo Laredo, Agua Prieta y Tijuana, que tiene una percepción positiva del 58 por ciento.

Notas finales

Termina la era de Adán Augusto López Hernández, el otrora todopoderoso secretario de Gobernación en la época de Andrés Manuel. Con ello, evidentemente, también se esfuman las esperanzas de una revancha presidencial que, de plano, está fuera del radar de la presidenta. Para la mandataria solo hay dos perfiles que la pueden suceder en 2030. Uno de ellos no es Noroña.