En la política todo puede ser posible. Así como hay un crecimiento exponencial en las estructuras del partido, puede venir un colapso desde el seno partidista producto de las malas determinaciones o, simplemente, del favoritismo tras una decisión unilateral mejor llamada como dedazo.

Es cierto que muchos siguen el efecto de la clásica cargada, aunque también es verdad que vivimos en una etapa en que la población civil distingue perfectamente las maniobras como tradicionalmente se hacían en el pasado, a donde apuntaba el dedo.

Sería una pena que, desde la cúpula del poder, se tome la decisión de elegir al candidato presidencial de Morena. El caso más sonado son las injusticias que puso en marcha la dirigencia guinda en las llamadas encuestas para medir la popularidad de los aspirantes. Después de casi seis años, hay casos que sirven de ejemplo para saber que los mecanismos de elección son una simulación en el CEN de Morena.

Pero, a pesar de ello, se ha puesto en marcha todo un proceso de campaña de las “corcholatas” preferidas de Palacio Nacional. Habrá eventos masivos, giras y actos de proselitismo. Si es así, entonces hay condiciones para que Mario Delgado tome en cuenta a todos los aspirantes a la presidencia de la República hacia el 2024. Hablo de Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto y Ricardo Monreal.

Recordemos lo que pasó en Toluca donde Mario Delgado preparó un evento sólo con tres aspirantes presidenciales y excluyó a Monreal a sabiendas de que, igual que los demás, tiene el mismo derecho de participar con las bases morenistas porque se supone que, en el movimiento, hay pluralidad.

Por esa razón, se presenta una inmejorable oportunidad para hablar de unidad en presencia de todos los aspirantes presidenciales en Torreón, Coahuila.

Sin ambigüedades, Mario Delgado tiene que invitar personalmente a los cuatro suspirantes sin distinciones ni favoritismo. Eso sí sería un gesto de que hay voluntad para ir juntos en 2024. De otro modo, no veo un proceso de cohesión equitativo porque, una señal más de exclusión, lograría ser un detonante para propiciar fracturas internas, ya que estaría atropellando la democracia.

Y no solo la democracia, estarían pisoteando la esencia del partido en la que confiamos millones de mexicanos cuando salimos a votar por el cambio. Entonces, por un lado el dirigente nacional tiene que llevar a cabo una tarea donde no quede duda que abrirá el compás para todos; en otras palabras, confirmar que la propuesta que encabeza Morena es una auténtica alternativa plural y distinta a las demás- que prometió cambiar todo; y no una política reaccionaria que ofrece las mismas prácticas tradicionales

Le vendría bien para la unidad si el próximo domingo aparecen todos los presidenciables de Morena con invitación directa y personal de Mario Delgado. A bordo de ese vehículo de participación van: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto y Ricardo Monreal. Todos ellos figuran en la baraja de aspirantes que han captado la simpatía de los militantes y simpatizantes del lopezobradorismo.

Por ello, es buen tiempo para corregir el favoritismo que esboza Mario Delgado al seguir la línea presidencial que, para la unidad, resulta dañina porque va generando grietas que pueden ser difíciles de subsanar si persiste la exclusión al tratar, a toda costa, de convertir el proceso con tres jugadores en la cancha, cuando son cuatro los actores reconocidos por la militancia, incluso en las propias encuestas que califican el pulso de la sociedad.

Son, en pocas palabras, los tiempos perfectos del señor como aseguran- para convocar a los cuatro aspirantes a la presidencia que, legítimamente, tienen el derecho de participar en el proceso interno dando acceso parejo a una cancha en la que debe haber democracia para los jugadores sin favoritismos.

Hay que recalcar que, hasta este momento, Mario Delgado no ha hecho un pronunciamiento sobre el llamado personalizado, no general que caiga en la ambigüedad de una narrativa de “qué se hizo la invitación abierta” como lo hizo en Toluca donde sólo invitó al club de “corcholatas” de Palacio Nacional al desayuno y olvidó, con una clara intención, al coordinador de los senadores de Morena al que ni siquiera lo nombró.

Y todavía hablan de unidad, incluso, cuando es más que obvio que es de lo que más carece el partido en este momento. Lo digo luego de realizar una lectura completa de lo que pasó en Toluca. Marcelo Ebrard acudió, pero lo hizo de manera exprés; habló, e hizo un llamado para que los órganos del CEN garanticen piso parejo. Sin embargo, al fondo envió una señal que nos hace pensar que, en el proceso interno, no aceptará chantajes ni favoritismo dentro del partido. Por ello, seguramente le preocupa el método de la encuesta porque es un criterio que sabe perfectamente que puede ser manipulado ya que lo alimenta una serie de irregularidades que han dado un giro a la propia lógica.

Así pues, la única ruta es reunir a todos los presidenciables y dar muestra de voluntad antes de que detone una ruptura interna que deje un saldo negativo y ponga en serios aprietos la continuidad de la 4T.