Una semana de noticias consecutivas buenas para la economía mexicana. Con filias y con fobias, todos parecen reconocerlo. Vale la pena, sin importar el orden cronológico, hacer una síntesis y abundar, en lo posible, en ello:

I.- El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó que los resultados de la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto Trimestral (EOPIBT) mostraron un incremento con respecto al mismo trimestre del año anterior de 3.8% y con respecto al trimestre precedente de 1.1%; esto es, la economía mexicana mantiene un ritmo de crecimiento adecuado; lo que contradice, hasta ahora, a otros pronósticos más sombríos. Con anterioridad, en esta misma semana, el INEGI reportó que el Indicador Global de Actividad Económica creció en forma anual en 4.2% durante el primer bimestre del año, el mayor incremento bimestral observado desde 2012; atribuyéndose estos resultados al comportamiento positivo de la demanda interna, dado por la generación de empleos y el alza salarial.

Previamente, el Titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Rogelio Ramírez de la O, al inaugurar la cátedra SHCP 2023 en la UNAM, había señalado que hay un cambio en el diseño de la política económica al sustentarse más en la demanda interna; contribuyendo el consumo con el 70% de la recuperación; en tanto que la inversión lo hace con 18%. Coincidiendo, en diferentes columnas hemos señalado y reiterado que el motor natural de toda economía es el mercado interno y que su deterioro sólo puede llevar a crecimientos mediocres y a mantener en niveles depreciables los niveles de productividad.

Consolidar la economía a partir de la mejora salarial significó un reto; para algunos llevaba a presionar la tasa de inflación, sin importar que los salarios mínimos reales presentaran un rezago de 70% con respecto a los observados en los años setenta. Se aducía que estos salarios respondían a la baja productividad del trabajo, como si después de 50 años no se hubiera asimilado un ápice de los trascendentales cambios tecnológicos que se habían suscitado en el mundo. Si se quisiera hacer una simple proporción, la interrogante sería ¿de verdad, la productividad en 2018 era menor en 70% con respecto a la observada en 1970?

Aun así, sin importar que es primero, la tendencia mundial indica que hay una relación directa entre la mejora salarial y la productividad; por lo que contener salarios y mantenerlos deprimidos de manera artificiosa se convierte en un obstáculo que atenta contra la productividad. ¿Cómo pensar en la formación de cuadros técnicos (en la educación y en la tecnología) cuando nuestros trabajadores apenas si ganaban lo suficiente para su sustento y el de sus familias?

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Con respecto a 2018, el salario mínimo real se ha incrementado en 91.5%, trayendo consigo una evolución positiva del consumo interno; convirtiéndose en una palanca básica para recuperar lo que se había perdido por la crisis pandémica. No sólo eso, el incremento salarial y de la masa salarial en el PIB también ha ampliado la capacidad recaudatoria del Gobierno. Durante 2022, el Impuesto sobre la Renta (ISR) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA) alcanzaron niveles históricos al representar el 8% y el 4.3% del PIB, respectivamente. Esto lleva a fortalecer la rectoría económica del Estado, sin perder el equilibrio fiscal y desde luego, a dirigir recursos a actividades básicas, como la educación y la salud y al combate a la pobreza.

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II.- INEGI informó que, en la primera quincena de abril de 2023, la inflación general anual se situó en 6.24%; la menor observada desde octubre de 2021, cuando el Índice Nacional de Precios al Consumidor promedió un incremento anual de 6.12%. Con respecto al pico más alto del año anterior, registrado en la primera quincena de septiembre de 2022, de 8.76%, se observó una disminución de 2.52 puntos porcentuales. Lejos estamos, entonces, del evento suscitado en los primeros 9 meses del año anterior, cuando la inflación se disparó y parecía no ceder.

Lo importante es que esta tendencia a la baja se ha presentado durante seis quincenas consecutivas, acercando a la inflación a la tasa anual prevista por la SHCP al cierre de 2023, de 5%. Incluso, hay quien piensa que la tasa proyectada por Hacienda en los Pre – Criterios Generales de Política Económica 2024 fue pesimista, por lo que creen la tasa pudiera ubicarse todavía en un rango menor.

Muchos economistas aun piensan en el falso dilema de optar por el crecimiento económico o por la estabilidad de precios; cuando en realidad se debe crecer con un nivel inflacionario razonable; ello para estimular el apetitito de las ganancias de quienes desean invertir. Este nivel racional, teóricamente, se ha situado en 3%; de modo que el descenso registrado es un buen signo y entre más pronto se llegue a esta tasa de 3%, mejor.

¿Por qué es importante contener la inflación y llevarla a un nivel racional? El tema es amplísimo y contempla varios factores, por lo que sólo voy a tocar algunos de ellos que me parecen trascendentes:

  • La inflación deteriora los ingresos reales y en forma regresiva; es decir, daña más conforme va a disminuyendo el nivel de ingreso de las personas. Tiene razón Isaac Katz al concebir a la inflación como una especie de impuesto, siendo el más regresivo que existe. Lástima más a las familias de menores ingresos que no tienen forma alguna de protegerse y en esa trayectoria regresiva se hace más inequitativa la distribución del ingreso.

La inflación de los dos últimos años ha sido particularmente perniciosa debido al incremento en los precios de los alimentos, que se han encarecido por arriba del nivel inflacionario general. Ese encarecimiento, por sí mismo, negativo; lo es más, porque reduce la capacidad de compra de la población que percibe ingresos fijos para adquirir bienes duraderos, que tienen un gran impacto en la expansión del mercado interno. El incremento salarial ha sobrepasado el aumento general de precios, pero hubiera tenido todavía un mayor impacto en el consumo privado o en la demanda interna, si la inflación hubiese sido menor.

  • La inestabilidad de precios aumenta la incertidumbre sobre las tasas de retorno y la rentabilidad de los proyectos productivos, que requieren siempre de un periodo de maduración; en cambio, alienta la preferencia por activos financieros que generan rendimientos en el corto plazo, o, de activos que se consideran seguros, que por revaluarse ayudan a las finanzas personales, pero que poco contribuyen en la generación de valor agregado.
  • La inflación, por lo general, lleva a incrementar las tasas de interés. Si bien esto contrarresta los efectos nocivos de la inflación, generalmente no detiene la incertidumbre sobre las tasas reales de interés; lo que conlleva a que el ahorro financiero tienda a caer y a que los plazos de ahorro se acorten. Lo más grave es que el incremento de las tasas de interés provoca un endeudamiento generalizado; no debe olvidarse que casi todos somos deudores: consumidores, empresarios y gobierno. Sólo hay que pensar en las elevadas tasas de los créditos al consumo (plásticos), que van más allá de toda proporción razonable.
  • La inflación tiene un efecto negativo sobre la preferencia de los bienes y servicios que se producen en el país. Esta es la razón por la que se debe tener especial cuidado en evitar que la brecha inflacionaria entre nuestro principal socio comercial (Estados Unidos) y México se amplíe. La mejor opción para los consumidores y para los inversionistas siempre será adquirir los bienes de consumo, materias primas, intermedios, maquinaria o equipos en donde resulten más baratos; de modo que el encarecimiento interno es un factor de presión para nuestra balanza comercial.

Tradicionalmente, se pensaba que la estrategia devaluatoria era la mejor opción para reducir importaciones y aumentar exportaciones, teniendo resultados siempre desastrosos; dado nuestro desequilibrio comercial. Afortunadamente, desde 1994, en nuestro país se adoptó el régimen cambiario de libre flotación, determinándose el tipo de cambio por el libre mercado; lo que nos ha alejado de determinaciones arbitrarias, por no decir absurdas.

  • Bajo el régimen de libre flotación, una creciente inflación disminuye el valor real de nuestra moneda y alienta la preferencia por los dólares. Para despresurizar la inestabilidad cambiaria, se requiere, entonces, de revalorar nuestra moneda, manteniendo una ratio razonable de precios entre Estados Unidos y México. De tenerse un deterioro continuo en el tipo de cambio real, nada saciaría el apetito por los dólares; de poca utilidad sería, incluso, el incremento en las tasas de interés.

Pudiera ser que por hechos especulativos - como lo han originado las quiebras de algunos bancos de Estados Unidos y Suiza - el tipo de cambio resienta variaciones abruptas, pero ha retornado a los niveles previos porque no se abandonan los objetivos de contar con una adecuada estabilidad macroeconómica y de tener una correcta correlación de precios con Estados Unidos.

Quien especula contra el peso, además debe tomar en cuenta que se tiene un blindaje de 262 mil millones de dólares para hacer frente a choques tanto internos como externos. Este blindaje, conforme al informe de las finanzas públicas de la SHCP del cuarto trimestre de 2022, incluye a las reservas internacionales, la Línea de Crédito flexible con el FMI, la Línea “Swap” con la Reserva Federal de los Estados Unidos y los fondos de estabilización.

III.- La tercera buena noticia lo han dado los funcionarios del Banco de México que consideran muy probable el término del incremento de la tasa de interés de referencia; ello derivado de la tendencia inflacionaria a la baja que parece sostenida y por haberse alcanzado una postura financiera suficientemente restrictiva. Esto último se hace evidente cuando se compara la tasa de interés real anual (esto es, la tasa de interés nominal anual descontando la inflación) de México, de 4.1%, contra la de Estados Unidos, de -1.9%.

Desde luego si esta determinación respecto a la tasa de interés se da - como se dijo - se dejará de erosionar las finanzas de las personas, de las empresas y del gobierno; pero también flexibilizará las condiciones financieras y monetarias para ampliar el esfuerzo productivo; lo que puede redundar en un mayor crecimiento económico. Conforme a las estimaciones de la SHCP, la tasa de crecimiento real de la economía al finalizar 2023 será de 3%, dato que parecía imposible hasta hace poco tiempo para organismos e instituciones internacionales y nacionales. Casi todos han mejorado sus pronósticos y ahora algunos advierten que el incremento podría ser entre 2 y 2.8%, más cercano al pronóstico oficial.

Una semana, sí, de buenas noticias.