“Justamente en estos momentos en que la confusión reina terriblemente en la atmósfera, como extraños microbios venidos de otra galaxia, que mandan mensajes telepáticos haciendo ver realidades que no corresponden a las dimensiones adecuadas…”
Rockdrigo González
Actualmente asistimos a un cambio de época sin precedentes; de manera paralela, un sinnúmero de acontecimientos se están desarrollando: la gran potencia estadounidense que pensábamos infranqueable se encuentra en crisis, las guerras y conflictos bélicos derivados de la rearticulación global se intensifican, somos testigos del genocidio en Gaza, el traslado de grandes movimientos de poblaciones migrantes, los estragos del cambio climático derivados del modelo de producción y consumo, el ascenso de la ultraderecha y las posiciones más conservadoras aumentan dejándonos como simples espectadores.
A todo esto se suma la vorágine de información o desinformación; el acceso a la tecnología, las redes sociales, la masificación del uso de dispositivos móviles y la inteligencia artificial prácticamente nos tienen bombardeados con noticias en tiempo real; cualquier acontecimiento se encuentra al alcance de un clic. Imágenes, videos e información nos saturan sin tiempo suficiente para procesar el mensaje, en cuestión de horas aquella noticia que nos sacudió, provocó enojo, malestar o indignación ha caducado para ser sustituida rápidamente por una nueva, sin oportunidad de corroborar su veracidad, entender en su complejidad, analizar más allá de la superficialidad.
No hay espacio para la reflexión, sólo la reacción, y en ese inmenso mar las opiniones y percepciones se hacen pasar por hechos; poco a poco perdemos la capacidad para identificar las fake news, “justamente en estos momentos en que la confusión reina terriblemente en la atmósfera…” (González, 1986), el alcance y la viralidad de las noticias falsas sobrepasa cualquier argumento o esfuerzo por hablar de la verdad, explicar la realidad y analizar la complejidad, basta con elaborar mensajes cortos, simples, regularmente que apelan a la sensibilidad, provocando en su mayoría reacciones negativas para ser difundidos de manera masiva empleando una serie de estrategias que se han ido perfeccionando.
De tal forma, se construye un relato, implementando el uso de plataformas, anunciantes, influencers y granjas de bots, operando de manera orquestada, el riesgo de este fenómeno no es menor, tal como se ha demostrado recientemente con el caso de Fernando Cerimedo, actor clave en la campaña de Javier Milei, consultor político argentino y cofundador del portal digital La Derecha Diario y la agencia de marketing político Numen, quien en 2023 admitió estar al frente de campañas sucias para posicionar el discurso libertario, implementando el uso de trolls y bots en redes sociales con la intención de fabricar conversaciones políticas, el arma perfecta para construir una retórica atractiva.
En días recientes Cerimedo fue detenido en Bolivia tras ser acusado como el autor intelectual de un atentado contra su expareja Nadia Beller, a quien también atribuye negocios ilícitos y actos de corrupción. La detención del gran estratega de las campañas sucias de la derecha en América Latina devela lo que hay detrás de uno de los actores estratégicos en implementar operaciones para posicionar discursos y fortalecer candidaturas de la derecha u orquestar ataques, descalificación y amenazas contra quienes consideran adversarios, sin que alcancemos aún a dimensionar sus implicaciones.
En una época en donde parece que “la verdad es irrelevante”, es fundamental apelar a la mesura y a la responsabilidad que tenemos al informarnos, despertar nuevamente la curiosidad, conocer lo que hay detrás de cada mensaje que recibimos para comprender la intención y el objetivo de apelar a nuestras emociones antes que a la razón, es ingenuo pensar en la existencia de una absoluta imparcialidad cuando se ha demostrado el uso de estos mecanismos coordinados para difundir mensajes, posicionar agendas, crear percepciones y desdibujar realidades.
Ser conscientes de la maquinaria que hay detrás es el primer paso para desmontar el entramado en el que estamos inmersos. Hoy más que nunca se vuelve indispensable para comprender el momento histórico que estamos viviendo, pero también para accionar y hacer frente a las amenazas que ponen en riesgo lo fundamental, la realidad sustentada materialmente en hechos y no en percepciones.


